Lorenzo Armenteros, portavoz de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG).
La
huelga médica por el Estatuto Marco convocada esta semana no termina cuando se baja la persiana de la consulta. Empieza, en muchos casos, los días siguientes.
Las citas canceladas no desaparecen, se desplazan. Y es que esta reprogramación de las consultas tras el parón de los facultativos conlleva una situación que tiene un nombre que ya circula con naturalidad entre los profesionales de Atención Primaria: "
las agendas chicle", ya que "se estiran" todo lo posible para que la población no se vea perjudicada, de forma que se llega a duplicar la carga de trabajo habitual de los facultativos en una sola jornada.
Así lo expresa Lorenzo Armenteros, portavoz de la Sociedad Española de Medicina de Familia (SEMG), en
Redacción Médica. Este desplazamiento "
es una estrategia que habitualmente utiliza la administración en este nivel asistencial y en los hospitales a través de
prolongaciones de jornada, como las
consultas forzadas incluidas en la cita habitual". El objetivo es claro: reducir el impacto en los pacientes "en un intento de minimizar el trastorno que puede generar una huelga".
Efecto colateral: más pacientes en el mismo tiempo
Pero, ¿cuál es el problema? "Es sumar
más citas a unas agendas ya de por sí saturadas y desbordadas", dice Armenteros, que señala que los facultativos ya no conocen "el límite" que puede tener esta reprogramación. En definitiva, no se anulan citas, se acumulan porque la intención de la administración es
ofrecer alternativas cercanas en el calendario.
"Se pretende
minimizar la molestia y entonces se dan una cita cercana en los días que no haya huelga". Sin embargo, el resultado es el estiramiento de unas agendas que, según describe, ya están al límite. "La palabra chicle en este caso es correcta porque son unas agendas desprotegidas y
se estiran como si fuera un chicle".
La magnitud de la sobrecarga puede ser considerable y, aunque
depende de cada comunidad autónoma, Armenteros ofrece un ejemplo de Galicia que ilustra muy bien la situación: "Tenemos 35 citas más 5 forzadas y pueden llegar a ser hasta 10 o 12 más. O sea,
podemos llegar entre los 55 o los 60 pacientes al día".
Capacidad real de los centros de salud
La saturación se percibe especialmente
en la consulta presencial, ya que "las citas telefónicas van cada vez quedando más residuales", explica. Las llamadas se suelen reservar para
cuestiones más "urgentes que vienen derivadas de un problema de medicación", algo que se se considera "una cita preferente". Aun así,
ambas modalidades acaban reasignándose.
La respuesta del médico de Familia cuando se le pregunta si en este contexto se considera
la capacidad real del equipo médico de cada centro de salud antes de alargar las agendas es contundente: "
No se tiene en cuenta generalmente". "Las citas se incluyen y lo que tienes que hacer es dar lo único que no tenemos, el tiempo". Algo que es "imposible de controlar o de gestionar con tanta demanda". "Muchas veces
tenemos que explicar al paciente el escaso tiempo que tenemos para dar cabida a todos aquellos que nos han citado en el día", asegura.
Autogestión frente a agendas impuestas
Para el facultativo, uno de los puntos de fricción es la
falta de margen para organizar la propia consulta, que al final se rige por las normas administrativas. De hecho, señala que "uno de los argumentos de los que nos quejamos en la huelga es que tuviéramos la capacidad de
autogestión de nuestras consultas", ya que las agendas, insiste, "
son impuestas aunque sirven para compensar aquellas citas perdidas durante el periodo de huelga".
En la práctica, eso significa que el peso de l
a recuperación recae sobre el profesional. "Al final, lo que no hayas hecho un día por la huelga lo tienes que recuperar en los siguientes a través de una sobrecarga y
más esfuerzo personal". Se trata, resume, de "
compensar con esfuerzo aquello que haya ocurrido, ese trastorno o demora que pueda haber generado".
Aunque, ante este escenario, el facultativo mariza que "la huelga tiene el sentido de
dar un toque de atención de la gravedad y la situación que estamos viviendo los médicos". Después, la administración intenta "paliar esto de la manera que pueda ser menos negativa para ellos o que les repercuta menos, aunque sea
a costa de los propios médicos".
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