El diseño de espacios con naturaleza, o una gama cromática concreta, ayuda a la mejor experiencia de médicos y pacientes

Cómo construir un hospital desde la neuroarquitectura
Los colores relacionados con la naturaleza mejoran la experiencia sensorial de pacientes y sanitarios.


25 may. 2023 8:00H
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Ya sabemos que el “hospital del futuro” será eficiente energéticamente y se diseñará, desde el primer momento, teniendo en cuenta necesidades que, hasta ahora, no se contemplaban, como la mejora del flujo de personas o la privacidad de los espacios. Pero también hay que mirar al hospital del “presente” y como los centros sanitarios actuales pueden adaptarse a ese abordaje desde la humanización que impera en el campo de la salud.

Una de las maneras de empezar a mofidicar los hospitales es a través de la neuroarquitectura. Ana Mombiedro, arquitecta e investigadora centrada en neuroarquitectura y percepción explica a Redacción Médica que esta “no es una disciplina diferente a la arquitectura, sino una disciplina desde la que mirar la praxis”. Consiste en mirar los entornos que “habitan las personas”, en este caso hablamos de hospitales, para poder hacer diseños que tengan en cuenta el sistema nervioso y la percepción del entorno de cada una de ellas.

De esta manera, la inclusión de la naturaleza, la gama cromática o la distribución de espacios se vuelven elementos clave para organizar los centros hospitalarios y hacer que pacientes y sanitarios, así como otros trabajadores y familiares que transitan estos puedan tener la mejor experiencia posible mientras habitan el espacio.

Mombiedro comenta que la ‘clave’ principal a la hora de aplicar esta manera de ver la arquitectura es ‘conocer muy bien a las personas que va a utilizar el espacio’. Además, pone en valor la importancia del entorno natural y su inclusión en los espacios. “Todo lo que nos lleve a sensaciones de calma y confort sensorial va a ayudar a que nos encontremos mejor”, comenta. 


Parámentros estandar para 'aplicar' naturaleza


Aunque recuerda es importante que estas sensaciones “varían según cada persona” y hay que tener eso en cuenta, también explica que hay unos parámetros estándar “que definen los espacios verdes. Así, todo lo que recuerde a un bosque, una playa, o una orilla de un rio, por ejemplo, va a ayudar. Añade que, si el entorno exterior del centro es natural, que el paciente “vea naturaleza por la ventana es lo mejor que puede pasar”. 

Por otro lado, hace hincapié en lo importante de conseguir “diferentes niveles de privacidad” dentro de los hospitales. “Hay personas que van a querer estar solas, personas acompañadas, algunas con mucha gente y otras con poca, personas que van a necesitar que no las vea nadie…”, argumenta. 

Para terminar, menciona otros dos elementos importantes a la hora del diseño de los hospitales. Por un lado conseguir que los pacientes “se puedan mover”. “Y si no puede ser así, que tengan la sensación de que sí, de que pueden salir”, comenta la profesional. Por otro lado, menciona la importancia de las gamas cromáticas. “Lo mejor es colores que sean parecidos a la naturaleza, pero esto hay que verlo según la situación y no caer en simplicidades; puede ser particular de cada contexto”, detalla.


Beneficios para el sanitario de la neuroarquitectura


La aplicación de la neuroarquitectura en los hospitales no solo tiene beneficios para los pacientes sino para los trabajadores de los centros: sanitarios, personal de limpieza o administrativos. “Los trabajadores tienen que poder relacionarse con sus compañeras, descansar, tener momentos de intimidad, acceso a luz natural… todos somos humanos”, explica.

De esta manera, la aplicación de naturaleza, espacios pensados exclusivamente para los profesionales y el cuidado de las gamas cromáticas ayudarán a que los sanitarios realicen su jornada de trabajo de manera más cómoda y eficiente.

Por último, Ana Mombiedro habla sombre la importancia de configurar los hospitales y los centros de salud teniendo en cuenta que la circulación por los edificios debe ser fluida. “La neuroarquitectura no se enfrenta al proyecto solo teniendo en cuenta la normativa, los metros y materiales de los que se disponen, sino que se estudia dónde esta el edificio, qué tipo de usuario lo utiliza, qué uso hace de ese espacio, cuánto tiempo pasa allí, cómo va a llegar, incluso cuáles son las enfermedades que se tratan de manera más frecuente”, explica la arquitecta. De esta manera, la configuración de los centros tiene en cuenta todas las peculiaridades a su alrededor para mejorar su eficiencia.
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