23 de julio de 2017 | Actualizado: Domingo a las 10:30
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Inés Martín, la número 1 del PIR, escogerá plaza en Barcelona

La mejor de la convocatoria admite que el error en la pregunta de la "fornicación" le sacó una sonrisa en el examen

Inés Martín, la número uno del PIR 2017.
Inés Martín, la número 1 del PIR, escogerá plaza en Barcelona
José A. Puglisi
Jueves, 09 de marzo de 2017, a las 09:30
El Hospital Clínic o Hospital de Sant Pau. Esa es la decisión que tendrá que tomar Inés Martín, la número 1 del PIR, durante las próximas semanas. Sin embargo, la estudiante nacida en Sabadell tiene claro que su destino en la formación sanitaria especializada no se alejará de Barcelona, lo que facilitará su elección de cara al acto de asignación de plazas que comenzará a partir del próximo 10 de abril.

La estudiante de la Universidad Autónoma de Barcelona tiene toda la oferta académica a su disposición, ya que obtuvo la nota más alta en el examen de acceso a la residencia con un total de 624 puntos. Una calificación que logró después de “destinar entre siete y ocho horas en la primera etapa de estudio, mientras que entre septiembre y octubre llegué a un total de nueve9 o 10 horas diarias”, indica Martín a Redacción Médica.

Si bien le preocupaban temas como la Psicopatología o la Terapia, admite que “lo más sorpresivo del examen ha sido el incremento en las preguntas de estadística. Me alegra que, aunque tuve algún fallo, lograse adaptarme bien a las preguntas”. Algo para lo que no estaba preparada era la errata que confundiría ‘Formicación’ con ‘Fornicación’. “Se veía que había un error y que evidentemente anularían la pregunta, pero al menos fue un motivo para reír y echar un poco de tensión”, reconoce.

Consciente de que las plazas del PIR son las que tienen el ratio más alto de aspirantes por vacantes, Martín apunta que la clave del éxito está “en la organización, en respetar un horario de estudio establecido y en seguir motivado durante todo el tiempo”. Una hoja de ruta que recomienda a quienes se presenten en próximas convocatorias, pero suma un aspecto fundamental: “hay que saber escuchar el cuerpo. A veces, cuando ya no se puede más, hay que parar o emplear otras formas de estudio distintas. En mi caso, solía hacer simulacros cuando las fuerzas flaqueaban”, puntualiza.