El Editorial de Redacción Médica

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Montaje fotográfico: Lucía Sancho.


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Este miércoles ha concluido la elección de plaza MIR, con el cartel de 'Todas las plazas asignadas' colgando figuradamente en la sala Ernest Lluch del Ministerio de Sanidad. Luego vendrá seguramente la realidad de las plazas que quedarán vacantes por renuncias y otras circunstancias del día a día, pero hoy es buen momento para celebrar, que no siempre es posible hacerlo en un Sistema Nacional de Salud que lamentablemente va cuesta abajo por otros asuntos y que necesita reformas urgentes.

¿Por qué celebrar la adjudicación de plazas MIR, o las de la Formación Sanitaria Especializada en general? Pues por varios motivos que dan lustre al sistema sanitario español.

En primer lugar porque la elección presencial, que se pudo recuperar tras el parón de la pandemia covid, es la puesta en escena de la recompensa al esfuerzo. Después de meses de estudio, de sacrificio personal y en muchos casos económico, atravesar la puerta de la sede ministerial como médico, enfermero o farmacéutico general, y salir de nuevo a la calle ya con tu plaza de especialista asignada es un momento histórico para las vidas de unas personas que han elegido una profesión especial: la de curar, cuidar y ayudar al resto de la sociedad.

La elección FSE también hace felices a amigos, familiares, parejas, que viven con emoción cómo su ser querido es protagonista de un evento incluso mediático después de todas esas horas dedicadas a perseguir muchas veces un sueño, una vocación. Es para todos un punto de inflexión vital que no olvidarán; por eso la puerta ministerial se llena de carteles de felicitaciones, ramos de flores, globos y demás manifestaciones de alegría y de apoyo, para decir a un hermano, una hija, o una novia, "ha merecido la pena el esfuerzo, lo has conseguido; lo hemos conseguido". Eso de forma telemática es algo frío, sin sentimiento.

Y no hay que olvidar otro punto a favor de esta elección presencial. Es un evento que hace país. Lo mismo se pone de relieve la importancia de los hospitales de Catalunya, como el tirón de los servicios punteros de la Comunidad de Madrid, o el atractivo sanitario de Andalucía, Galicia o Euskadi. No hay fronteras para la elección. Es una fiesta en la que todos las comunidades autónomas participan junto al propio Ministerio, y eso es una noticia buena también, alejada de la confrontación política habitual.

El sistema MIR es una de esas 'marcas' de las que la sociedad española se puede sentir orgullosa. Es de diseño patrio y va hacia los 50 años de implantación, aguantando el paso del tiempo con espíritu joven. A esto hay que añadir también que no solo pone de relieve la excelencia formadora de los hospitales y centros públicos, sino que también la sanidad privada participa de la fiesta, lo que habla de un sistema formativo sin prejuicios, abierto a la competitividad en su más positiva manifestación.

En los próximos días volveremos a la realidad de las mencionadas plazas vacantes y otras cuitas. Pero hasta entonces, pongamos en valor la elección de plaza de formación de especialista sanitario, porque merece la pena disfrutar los momentos de felicidad. Quedan siempre en la memoria y el corazón, y dan sentido a los menos buenos.
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