Meriam, estudiante de quinto curso en la Universidad de Zaragoza.
Compaginar la carrera de Medicina con cualquier proyecto siempre supone un gran reto, pero
arrancar un negocio propio desde cero eleva la dificultad a otro nivel. Es el caso de Meriam, estudiante de quinto curso en la Universidad de Zaragoza, que tras superar uno de los años más duros del grado decidió dar el paso y abrir su propio restaurante. Según traslada a
Redacción Médica, esta idea no surgió de un impulso y es que llevaba años rondándole la cabeza. "Cuando acabé los exámenes de cuarto, que son de los más difíciles, pensé que ya había pasado el bache más grande y que era el momento de empezar el proyecto", explica.
Según detalla esta futura médica, ahora se encuentra en un momento lectivo con más práctica y menos carga teórica que en los anteriores y, desde que dio el paso, divide su rutina en dos sectores muy claros. Por la mañana,
prácticas en el hospital; por la tarde y noche, el
restaurante. "Básicamente es por la mañana una cosa y por la tarde y noche otra", resume, asegurando que no suele pasar mucho por casa. Y a esta organización, se se suma el peso de los fines de semana, cuando el negocio requiere más dedicación: "Prácticamente los dedico enteros al local".
Trabajar siendo estudiante de Medicina
Aun así, asegura que
no ha tenido que renunciar a la carrera ni a otros aspectos de su vida: "
He intentado compaginar todo a la vez". "Siempre he sido una chica trabajadora, en mi entorno lo saben muchísimo, he trabajado un montón; he estado dando clases a chicos de la ESO y Bachillerato durante toda la carrera, haciendo horas extra y trabajando en muchas cosas, no es algo de un día, es de toda la vida", explica sobre cómo ha conseguido la financiación para arrancar su proyecto.
De hecho, su perfil no es habitual entre sus compañeros. Ella misma reconoce que
compaginar Medicina con un trabajo implica un nivel de exigencia alto. "
Es un sacrificio. La Medicina es muy exigente y echamos muchísimas horas", explica. Sin embargo, también defiende que cada estudiante gestiona su tiempo de forma diferente: "
Hay gente que prefiere ir más tranquila y otros que necesitamos
llenar el tiempo trabajando y haciendo cosas". "Aunque en el primer cuatrimestre
he tenido que faltar a bastantes clases, tengo amigos que me ayudan con los apuntes y al final es cuestión de llevarlo todo al día", añade.
Futuro en el MIR
A pesar de haber emprendido, esta maña reconoce que su
vocación por la Medicina sigue intacta y su visión de futuro no ha cambiado desde que empezó la carrera. "Mis pensamientos respecto a la Medicina son los mismos que en primero", asegura. "Sé que
el MIR es la principal vía pero no es la única y todavía no sé qué haré".
En caso de que finalmente se decida por esta opción, tampoco tiene clara la especialidad por la que podría optar. Prefiere avanzar paso a paso, aprovechando las prácticas para descubrir qué le gusta y qué no. "Estoy disfrutando de las prácticas y conociendo las
especialidades", explica. Entre ellas, hay una que le ha marcado especialmente:
Oncología. "Es verdad que es una especialidad muy dura, pero
me gustó muchísimo la cercanía que había con el paciente y cómo se abordaba.
Además, tuve a
Rodrigo Lastra como tutor y fue él el que influyó mucho en que me gustara tanto". Así, de cara al futuro, no descarta seguir vinculando ambos mundos. Aunque reconoce que el trabajo hospitalario puede limitar otras actividades, no ve imposible compatibilizar ambas facetas. "No lo veo imposible, creo que se pueden hacer las dos cosas a la vez", afirma.
Aunque en un principio gestionar un restaurante y ser médico parezca que no tienen "literalmente" nada que ver, Meriam sí destaca un punto en común. "Probablemente es el contacto con las personas. Según cómo se lleve la experiencia, así se van a quedar con la imagen de ti", concluye.
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