La cafetería llena de opositores junto a sus familiares.


12 may. 2019 12:30H
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Son las ocho de la mañana, y en el campus de Somosaguas, perteneciente a  la Universidad Complutense de Madrid, ya se nota un 'run run' especial. No es lo habitual en domingo, pero el hecho de que varias de sus facultades acojan el examen de la OPE de Enfermería ha llenado de vida al centro. Cientos de candidatas, cada una de ellas con su propia historia de vocación y trabajo, se dan cita con un mismo objetivo: conseguir una plaza fija y alcanzar el ansiado sueño de la estabilidad laboral.

Mientras el goteo de gente llegando se incrementa, la cuenta atrás hacia el inicio del examen se agota. Son momentos de nervios, que cada una lleva como buenamente puede. Hay quien, pese a estar desaconsejado por la mayoría de especialistas, aprovecha para hacer un último repaso. Son las menos, eso sí. Y es que después de tantos meses de estudio y sacrificio, el trabajo ya está hecho. Compañeras, amigos y familia son la opción más común para hacer más llevaderos los últimos instantes. Y en todas las conversaciones aparece la misma palabra: "¡Suerte!".

Las más optimistas se atreven a pensar que este es su momento y que una plaza lleva su nombre



La buena organización en el campus y la labor de los voluntarios del sindicato Satse para indicar a los asistentes dónde estaba su aula permite que la multitud no se convierta en un caos. Así, pasados pocos minutos de las nueve de la mañana, la mayoría espera a la puerta del lugar donde se jugará su futuro profesional. Es momento de una visita al baño, concrentarse y, por qué no, hacer balance. Las más optimistas se atreven a pensar que sí, que este es su momento y que una plaza lleva su nombre. Otras, más allá de lo que ocurra en la prueba ya encuentran un motivo para la satisfacción: las horas de estudio han terminado. Y es que "de opositar también se sale", recalcan.

Sobre las nueve y media la puerta de las aulas se abre para dar paso al momento de la verdad. Uno a uno, candidatas y candidatos enfilan el camino hacia dos horas de prueba. Fuera, el campus baja sus decibelios para convertirse en una gran 'sala de espera' donde los más allegados, muchos de ellos niños, dejan pasar el tiempo hasta la finalización de la prueba. Teléfonos, libros, tablets o un pincho de tortilla pasan a ser artículos de primera necesidad.

La tranquilidad se acaba en torno a las doce y media de la mañana. El goteo de opositores que han finalizado el examen ha empezado antes, pero es ahora cuando lo hace el grueso de candidatas. Es en este momento cuando las emociones afloran. Hay alegría, lágrimas, algún disgusto y muchos abrazos. Las que vinieron a hacer "turismo de oposición" salen tan tranquilas como llegaron y las que no, ya tienen la vista puesta en qué nota sacaran y si será suficiente para obtener plaza. Para todas, en todo caso, la suerte ya está echada.

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