18 nov 2018 | Actualizado: 19:00

El seguimiento enfermero es "fundamental" en casos de incontinencia fecal

Una jornada de Coloplast y el Consejo General de Enfermería pone de relieve la necesidad de acabar con este estigma

Pedro López Pereira, Ana Alcocer, Juan Pedro Hernández Bermejo, Bruno Gallo y Eva García.
El seguimiento enfermero es "fundamental" en casos de incontinencia fecal
lun 27 marzo 2017. 16.30H
Redacción
Aproximadamente un ocho por ciento de la población padece algún tipo de disfunción intestinal, un trastorno originado por múltiples causas y generalmente estigmatizado en la sociedad. Así se ha puesto de manifiesto en la jornada científica celebrada hoy en Madrid, organizada por Coloplast con la colaboración del Consejo General de Enfermería, en la que más de 200 médicos y enfermeras han profundizado en las causas y consecuencias de la disfunción intestinal, además de unificar protocolos de actuación y revisar los mejores tratamientos.

La disfunción intestinal y más concretamente, la incontinencia fecal, se da tanto en niños como en adultos, generalmente entre los cuatro y los 11 años, en el primer caso, y a partir de los 65 años, en el segundo. Las causas son múltiples, entre las que destacan las lesiones medulares o neurológicas; causas de origen funcional –estreñimiento crónico o mal funcionamiento del colon- o las originadas por secuelas quirúrgicas. En el caso de los niños, además, se debe muchas veces a ciertas malformaciones congénitas.

Según ha explicado en un desayuno informativo Pedro López Pereira, jefe del Servicio de Urología Infantil del Hospital Universitario La Paz  y coordinador de la jornada, la reunión científica ha dado respuesta a los problemas que entraña el abordaje de una patología en la que participan varios actores –cirujanos, urólogos, digestivos, rehabilitadores y enfermeras- "para los que hay que revisar y unificar protocolos de actuación porque muchas veces el problema queda en tierra de nadie".

"La medicación y los irrigadores anales son, hoy por hoy, las grandes soluciones al problema", ha afirmado el especialista del Hospital la Paz, que ha añadido: "Muchas veces el paciente no reconoce el problema, por tanto no se le puede tratar y las consecuencias son cada vez más graves".

López Pereira ha destacado igualmente la participación de los pacientes en la jornada y ha solicitado a los diferentes especialistas "trabajar todos juntos por la calidad de vida de todas estas personas que muchas veces padecen depresión y baja autoestima por un trastorno siempre estigmatizado por la sociedad".

Estigmatizados

Este estigma es rechazado por Eva García Peña, enfermera de la Unidad de Incontinencia Fecal del Hospital Infantil La Fe de Valencia y enfermera de la Asociación de Parapléjicos y Personas con Gran Discapacidad Física (Aspaym) y licenciada en Psicología. "Si un niño necesita gafas para leer ¿por qué no tomar con naturalidad que otro niño necesite un pequeño dispositivo para evitar la incontinencia fecal?", ha indicado la enfermera que estaba acompañada por una niña con incontinencia fecal y su madre. Eva García ha matizado que "el gran impacto que causa la incontinencia fecal en los niños –generalmente entre los 4 y 11 años- y sus familias se debe a que puede limitar gran parte de sus actividades escolares o de ocio. La preocupación de los padres y el sufrimiento de los menores condiciona su día a día en casa y en los colegios". Por ello "la formación y seguimiento del paciente por parte del profesional enfermero es fundamental para evitar traumas desde la infancia".

La enfermera de La Fe ha explicado cómo trabaja estrechamente con los cirujanos pediátricos de su Unidad, estudiando conjuntamente cada caso de incontinencia fecal en niños para aprobar a continuación planes individualizados. Y presentó resultados espectaculares: "Cuando empezamos a trabajar juntos cirujanos y enfermería, el 80 por ciento de los pacientes eran incontinentes y hoy, gracias fundamentalmente a los irrigadores transanales, el 70 por ciento son continentes. En definitiva: hemos revertido la situación".

"Mi hija Ana nació con espina bífida debido a un mielomeningocele. Desde que nació sufre incontinencia urinaria y fecal. En estos años se ha sometido a una veintena de intervenciones quirúrgicas y nuestra vida era horrorosa hasta la llegada de los nuevos tratamientos. En el colegio lo pasaba muy mal, iba con pañal, tenía escapes, era muy desagradable… Empezamos la batalla con fibra, infusiones, sobres, etc, pero se los daba durante toda la semana y luego, cuando llegaba el momento en que le hacían efecto, teníamos que estar todo el día en casa sin poder salir. Ahora, con el irrigador puede defecar cuando le apetece en apenas tres cuartos de hora y por supuesto no lleva pañal. La ayuda de nuestra enfermera es inestimable, ha sido nuestras manos, nuestros ojos, el apoyo psicológico. Ana ha estudiado un módulo de auxiliar de enfermería porque quería ser como ella", afirma María Ángeles Prosper Sierra.

En el caso de los adultos, como le sucede a María Jesús Navarro, el problema se deriva de “una lesión medular que provoca que no tenga control a nivel fecal, necesito ayuda terapéutica para poder liberar el cuerpo", explica, y añade: "Me ofrecían pastillas y supositorios, pero tenían efectos secundarios y su acción duraba horas, lo que me tenía atrapada en casa porque de repente en cualquier momento tenías que ir al baño".
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