Hay cuidados que no siempre se ven, pero lo cambian todo. La atención enfermera es uno de ellos. Presente en cada etapa del proceso asistencial, su impacto se hace especialmente relevante en los colectivos más vulnerables y los momentos de mayor fragilidad, cuando acompañar, observar y anticiparse resulta tan importante como cualquier intervención clínica.
Con motivo del Día Internacional de la Enfermera, 12 de mayo, los centros de San Juan de Dios en Madrid destacan el valor de estas profesionales en situaciones de especial vulnerabilidad, integrando la atención clínica con el acompañamiento humano, la escucha y el respeto a la dignidad de cada persona.
“Enfermeras y enfermeros somos, muchas veces, el primer sostén emocional y clínico del paciente y su entorno. Nuestro trabajo es estar, comprender y actuar con rigor y humanidad”, explica Pablo Plaza, director de Enfermería en el Centro San Juan de Dios de Ciempozuelos y en la Clínica Nuestra Señora de la Paz, especializados en Salud Mental, Discapacidad Intelectual y Psicogeriatría.
Acompañar cuando más importa
En el ámbito de los cuidados paliativos, este papel cobra una especial relevancia. La labor enfermera no se limita al control de síntomas, sino que acompaña a pacientes y familias en un momento vital especialmente delicado, procurando confort, respeto y dignidad.
“Cuidar es estar, observar y anticiparse. A veces, significa prevenir una herida; otras, simplemente acompañar. Pero siempre implica poner a la persona en el centro”, señala María Arroyo, responsable de enfermería del Hospital Fundación Instituto San José, centro especializado en rehabilitación y cuidados paliativos.
Ese cuidado también se expresa en la prevención. “Prevenir una úlcera por presión es evitar dolor, complicaciones y pérdida de calidad de vida, pero también es un claro indicador de calidad asistencial y de que se cuenta con personal altamente cualificado”, destaca Carmen Moreno, directora de enfermería del centro.
El aumento de la cronicidad, el envejecimiento de la población y la complejidad de los casos están transformando las necesidades asistenciales. En este contexto, la especialización de la enfermería se ha convertido en un elemento clave para garantizar una atención integral de calidad.
“La atención a la cronicidad y los cuidados paliativos requieren profesionales con una sólida base científica, pero también con una profunda capacitación ética, comunicativa y humana. Por eso, es imprescindible apostar por una formación universitaria especializada que prepare a las enfermeras para cuidar cuando más importa. La forma en la que acompañamos al final de la vida habla de qué tipo de sistema sanitario y de sociedad queremos ser”, explica Antonio Ramos, director del Máster en Cuidados Paliativos de la Escuela Universitaria de Enfermería y Fisioterapia San Juan de Dios- Comillas.
Especializada, ágil y cercana
En contextos de atención aguda, como la que ofrece el Hospital Universitario San Rafael, la enfermería resulta clave para ofrecer una respuesta ágil y coordinada, orientada a la recuperación del paciente y a su vuelta segura al entorno familiar. Así lo confirma su director de Enfermería, Emilio Borja Escribano: “La enfermería no solo interviene desde el conocimiento clínico, sino que garantiza una atención continua en la que el paciente y su entorno se sienten acompañados en todo momento”.
Por su parte, en la Clínica Nuestra Señora de la Paz, referente en salud mental infanto-juvenil y en adicciones, la enfermería se enfrenta a retos asistenciales que requieren una preparación técnica y emocional muy específica. Allí, la incorporación de profesionales con competencias avanzadas en intervención con menores, prevención de crisis, manejo de patología dual y acompañamiento familiar ha permitido mejorar la detección temprana, la continuidad terapéutica y la seguridad del paciente.
Este acompañamiento continuo también resulta especialmente relevante en la atención a personas con discapacidad, donde la personalización de los cuidados y la implicación familiar son fundamentales, ya que los pacientes suelen presentar una mayor complejidad clínica, conductual y social.
Cuando la vulnerabilidad es mayor, el cuidado adquiere un valor que va más allá de lo visible, por eso, desde los centros de San Juan de Dios en Madrid se apuesta por una vocación profesional que garantice un modelo asistencial centrado en la dignidad, la humanización y la excelencia.
Es el caso también de la atención a personas sin hogar donde los cuidados son también esenciales. Así, desde el Albergue de San Juan de Dios y el Centro de Acogida de Santa María de la Paz se pone de relieve la importancia de intervenciones dirigidas, por ejemplo, a la educación en salud y la prevención, el control de enfermedades crónicas como la diabetes o la inmunización frente a enfermedades como la gripe, el tétanos o la hepatitis A, siguiendo las recomendaciones y el calendario vacunal correspondiente.
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