No cura, sino que prepara la piel para que cicatrice

La piña, nueva clave para evitar cirugía a pacientes con quemaduras graves
El coordinador médico de la Unidad de Grandes Quemados del Hospital Miguel Servet de Zaragoza, Enrique Monclús.


16 ene. 2017 14:20H
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POR REDACCIÓN
Los injertos de piel por quemaduras de tercer grado tienen los días contados. Una sustancia derivada del tallo de la piña, la bromelaína, prepara el tejido cutáneo para que cicatrice y consigue que un 80 por ciento de los pacientes con esas lesiones evite el quirófano.

Así lo asegura el coordinador médico de la Unidad de Grandes Quemados del Hospital Miguel Servet de Zaragoza, Enrique Monclús que, desde mayo de 2015, ha utilizado este tratamiento basado en la bromelaína para el desbridamiento de las quemaduras, proceso que consiste en retirar la piel afectada que no podrá regenerarse.

La bromelaína permite retirar la piel quemada de los pacientes de forma selectiva, lo que favorece la posterior regeneración y marca “un antes y un después” en el tratamiento de pacientes quemados.

“Es una mejoría y beneficio espectacular para el paciente quemado, tanto a nivel estético como de tiempo de hospitalización, calidad cutánea, menor pérdida de sangre y descenso de cirugías para las secuelas”, ha explicado este cirujano plástico, precursor de este tratamiento junto con sus colegas del resto de unidades de grandes quemados españolas, que se han sumado a la nueva técnica desde su aprobación en España en 2015.

Las enfermeras, verdaderas protagonistas

En el proceso de aplicación, las enfermeras se revelan como las verdaderas protagonistas, que se encargan de administrar la sustancia en forma de crema sobre las quemaduras y que la retiran cuatro horas después para someter al paciente a una cura húmeda y retirar los restos de piel afectada.

La Unidad del Miguel Servet de Zaragoza fue la tercera en España en utilizar esta sustancia y desde entonces ha tratado a 30 pacientes con este procedimiento que ya se ha convertido en el habitual en quemaduras térmicas graves, frente al tradicional desbridamiento en quemados que se realizaba con el dermatomo, un instrumento quirúrgico provisto de una cuchilla para retirar la piel quemada.

Para Monclús, este procedimiento clásico que lleva utilizándose desde los años 70, tiene una clara desventaja: para llevarte la piel quemada tienes que llevarte la sana, es decir, se hace una especie de tabla rasa.
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