Cáncer de hígado / Imagen de Envato
De síntomas tardíos a "falta de consenso" en el cribado: las barreras de la detección precoz del cáncer de hígado
Jaime Feliu, jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario de La Paz, y Josep María Martínez Rodríguez, vicepresidente de la FEH, analizan el impacto de esta enfermedad en España
Y además: La alarma que 'delata' al cáncer de hígado y genera respuesta inmune
El hígado graso se está convirtiendo en uno de los principales factores detrás del aumento de los casos de cáncer hepático. La acumulación de grasa en el hígado, especialmente cuando se acompaña de inflamación y fibrosis, puede aumentar el riesgo de desarrollar un tumor. Esta enfermedad es "la causa de cáncer de hígado que está aumentando más rápidamente en los países desarrollados", explica en declaraciones a Redacción Médica Jaime Feliu, jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario de La Paz, en el marco del Día Mundial del Cáncer de Hígado.
"Este cambio en los factores etiológicos del hepatocarcinoma ya se está notando en la consulta", señala el especialista. En sus declaraciones apunta a un estudio epidemiológico publicado en 2025 que mostró que, en España, "la enfermedad hepática asociada al síndrome metabólico representaba la segunda causa de cáncer de hígado, solo por detrás del alcohol y por delante de las hepatitis B y C".
El factor hereditario importa
Aunque el hígado graso es frecuente entre la población general, no todas las personas que lo presentan tienen el mismo riesgo de desarrollar cáncer. Según Feliu, "solo representa un factor de riesgo cuando se asocia a daño hepático e inflamación persistente que conduce al desarrollo de fibrosis y cirrosis". A ello se suman la diabetes tipo 2, la dislipemia, la obesidad abdominal y el consumo de alcohol.
En este contexto, el especialista subraya que "la diabetes tipo II y la obesidad son los factores metabólicos con mayor impacto en la progresión del hígado graso a fibrosis y cirrosis, que son el paso previo al desarrollo del hepatocarcinoma". La hipertensión arterial y la dislipemia también favorecen esta evolución.
La genética es otro elemento que puede influir en el riesgo, especialmente en personas que ya tienen hígado graso. Sin embargo, Feliu establece una distinción importante: "Conviene distinguir entre heredar una predisposición y heredar directamente el cáncer", pues en la mayoría de los casos, "el cáncer hepático no es una enfermedad hereditaria en sentido estricto". En cualquier caso, asegura que algunas variantes genéticas pueden favorecer la acumulación de grasa, la inflamación y la progresión hacia la fibrosis o la cirrosis, pero "por sí solos, no determinan que una persona vaya a desarrollar cáncer".
Un tumor difícil de detectar en fases iniciales
"Es la epidemia silenciosa del siglo XXI", asegura a este medio el vicepresidente de la Federación Española del Hígado (FEH), Josep María Martínez Rodríguez. "El reto es identificar a tiempo a quienes tienen fibrosis avanzada o un riesgo mayor de progresión". Lo cierto es que una de las principales barreras del cáncer de hígado en España es la dificultad para detectarlo en las primeras etapas. "El hepatocarcinoma en sus fases iniciales no suele dar síntomas", advierte Feliu. Cuando aparecen manifestaciones como "pérdida de peso, dolor abdominal, ictericia", señala, "suele tratarse de un tumor en fases avanzadas".
Los análisis tampoco siempre permiten identificar el problema a tiempo. "Las enzimas hepáticas pueden permanecer normales, incluso en presencia de esteatosis y fibrosis", explica el oncólogo, lo que dificulta la detección del daño hepático. A ello se suma que "en pacientes obesos y con hígado graso baja el rendimiento de la ecografía hepática para detectar tumores en fases iniciales".
Además, Feliu advierte de que "no existe consenso sobre qué pacientes con hígado graso deberían someterse a un programa de cribado más allá de quienes tienen cirrosis establecida y, posiblemente, aquellos con fibrosis avanzada".
La inmunoterapia mejora la supervivencia
Preguntado sobre los avances que mayor impacto han tenido en el tratamiento del cáncer de hígado durante los últimos años, Feliu señala a la inmunoterapia como una de las incorporaciones terapéuticas más importantes: "Quizás el más importante haya sido la incorporación al arsenal terapéutico de la inmunoterapia y las terapias dirigidas".
Según el especialista, estos tratamientos han permitido "aumentar significativamente la supervivencia de los pacientes con hepatocarcinoma avanzado e, incluso, conseguir largos supervivientes".
Prevención para una mayor esperanza de vida
La prevención de las enfermedades hepáticas es otro de los grandes retos. Feliu recuerda que tanto la vacunación contra la hepatitis B como los tratamientos para erradicar las hepatitis virales han evitado que muchos pacientes desarrollen cirrosis y, posteriormente, cáncer de hígado.
Sin embargo, España se enfrenta al aumento de los problemas hepáticos relacionados con el alcohol, la obesidad, la diabetes y el hígado graso. Entre las prioridades, el experto destaca "frenar el aumento del hígado graso, reducir el daño hepático inducido por el alcohol, terminar de erradicar la hepatitis C, mejorar el diagnóstico precoz del cáncer de hígado y optimizar la coordinación asistencial". También considera importante "aumentar la investigación en enfermedades hepáticas".