Luis Seijo, co-coordinador del proyecto Cassandra.

Luis Seijo, co-coordinador del proyecto Cassandra.

Medicina

El adenocarcinoma de pulmón del Papa tiene probabilidad de reaparecer en hasta el 30% de los casos iniciales

Luis Seijo, neumólogo y co-coordinador del proyecto Cassandra, analiza los riesgos de la intervención, las posibilidades de recaída y la importancia de la detección precoz

Y además: El Papa León XIV, operado con éxito de un adenocarcinoma pulmonar

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El adenocarcinoma de pulmón del papa León XIV podría tener un pronóstico favorable si se encontraba en una fase inicial y la cirugía ha conseguido extirpar por completo el tumor, aunque persiste el riesgo de recaída. Así lo explica en Redacción Médica Luis Seijo, neumólogo y co-coordinador del proyecto Cassandra de cribado de cáncer de pulmón, que sitúa en torno al 30 por ciento la probabilidad de recurrencia de estos tumores incluso cuando se detectan en estadios iniciales. El especialista subraya que todavía no se ha comunicado el estadio concreto del cáncer del Pontífice ni si existía afectación de los ganglios linfáticos, dos datos fundamentales para valorar su evolución.

El Papa ha sido intervenido mediante una lobectomía, una operación que consiste en extirpar el lóbulo del pulmón en el que se encuentra el tumor. La intervención se ha descrito como un éxito y los primeros datos sobre su recuperación apuntan a una evolución posoperatoria favorable. Sin embargo, Seijo recuerda que el resultado inmediato de la cirugía y el pronóstico oncológico a medio y largo plazo son cuestiones diferentes. La confirmación de que se ha eliminado toda la enfermedad y la valoración de la posible necesidad de tratamientos complementarios dependerán de los resultados anatomopatológicos.

Una cirugía con intención curativa

Según explica Seijo, el adenocarcinoma es uno de los tipos más frecuentes de cáncer de pulmón. "Si se detecta en un chequeo y hay suerte y es un estadio inicial, como parece ser el caso, aunque no ha trascendido el estadio concreto del Papa, la resección quirúrgica es curativa", señala el neumólogo. De esta forma, se puede intervenir antes de que aparezcan síntomas, aunque no se ha confirmado públicamente el estadio de la enfermedad.

La lobectomía constituye una de las principales opciones quirúrgicas para los pacientes con cáncer de pulmón localizado que pueden someterse a una intervención. Durante el procedimiento también se suelen extraer ganglios linfáticos próximos al tumor para comprobar si existen células malignas que no se habían identificado antes de la operación.

La cirugía puede realizarse mediante técnicas mínimamente invasivas, con incisiones pequeñas, e incluso con asistencia robótica. Aunque se trata de una intervención mayor, la recuperación hospitalaria puede ser relativamente rápida si no aparecen complicaciones y el estado general del paciente es bueno.

El riesgo de recaída persiste tras la operación

Pero uno de los aspectos que destaca Seijo es que la extirpación del tumor no elimina por completo la posibilidad de que la enfermedad reaparezca. "Incluso un adenocarcinoma de pulmón en estadio inicial tiene hasta un 30 por ciento de probabilidades de reaparecer generalmente en los dos primeros años después de la resección con intención curativa", advierte.

El especialista insiste en que esta estimación corresponde a tumores en fases iniciales y no debe interpretarse como el riesgo individual del Papa, cuyo estadio todavía no se ha hecho público. La afectación de los ganglios linfáticos, incluso cuando es microscópica, puede modificar el pronóstico y aumentar el riesgo de recurrencia.

Por ello, será determinante conocer el resultado definitivo del análisis del tejido extirpado y de los ganglios. Si la enfermedad estaba localizada, los márgenes quirúrgicos son adecuados y no existe afectación ganglionar, las perspectivas pueden ser buenas. "Si es un estadio inicial o un estadio 1 y no tiene afectación ganglionar y la cirugía fue un éxito, las probabilidades de supervivencia a largo plazo son muy buenas", afirma Seijo, que sitúa esa supervivencia en torno al 70 por ciento.

Cuándo se necesita tratamiento complementario

Tras la cirugía, la decisión de administrar otros tratamientos depende principalmente del estadio tumoral y de los hallazgos obtenidos durante la intervención. Seijo distingue entre los tratamientos neoadyuvantes, que se administran antes de operar para reducir el tumor o mejorar las posibilidades de éxito, y los adyuvantes, que se utilizan después de la cirugía para disminuir el riesgo de recaída.

La quimioterapia posterior está especialmente indicada en determinados pacientes con afectación ganglionar. En función de las características del tumor, también pueden valorarse otras estrategias terapéuticas, incluida la radioterapia.

En este escenario, no es posible determinar si necesitará alguno de estos tratamientos sin conocer los resultados definitivos de la intervención. El seguimiento posterior permitirá vigilar su recuperación y detectar posibles signos de reaparición de la enfermedad.

La detección precoz, una asignatura pendiente en España

El caso del Papa vuelve a poner el foco en la importancia de detectar el cáncer de pulmón antes de que produzca síntomas. Seijo recuerda que esta enfermedad presenta una elevada mortalidad. "Cuando tienes síntomas, generalmente ya tienes un estadio avanzado", apunta.

Por ello, defiende el cribado mediante tomografía computarizada de baja dosis en personas asintomáticas con un riesgo elevado, fundamentalmente fumadores y exfumadores de más de 50 años que cumplan los criterios clínicos correspondientes.

En España, el proyecto Cassandra, impulsado por la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ), busca evaluar e impulsar esta estrategia en población de alto riesgo. Seijo lamenta que el país todavía no haya desplegado un programa nacional de cribado de cáncer de pulmón, mientras otros países europeos avanzan mediante iniciativas piloto o programas de mayor alcance.

Así, el especialista considera que la detección precoz puede cambiar el pronóstico al permitir identificar nódulos pulmonares antes de que aparezcan manifestaciones clínicas. En ese contexto, lo que le ha ocurrido al Papa ilustra la importancia de distinguir entre la evolución inmediata tras una intervención y la valoración definitiva del cáncer, que dependerá de su estadio, de la afectación ganglionar y de los resultados del seguimiento.