Inés, enfermera y futura matrona en Noruega.
De enfermera "en ruta" a formarse como matrona en Noruega: "Hay muchos retos, pero voy sin prisa"
Inés cuenta en Redacción Médica cómo ha sido ejercer de enfermera en el país nórdico y los retos a los que ha tenido que hacer frente para conseguir una de las 184 plazas de la especialidad
Hace cuatro años, y habiendo sopesado mucho la idea, Inés llegó a Noruega para ejercer como enfermera. El clima frío y un sistema sanitario diferente del español no asustaron a la alicantina, que ya había tenido una experiencia previa de Erasmus en un país vecino, Finlandia. "No hice prácticas, pero me gustó mucho la vida nórdica", señala la sanitaria, que nada más volver ya tenía en mente que quería marcharse a trabajar fuera. Haciendo unas prácticas universitarias, Inés vio un cartel en el que solicitaban enfermeros en Noruega. "Pensaba irme a Irlanda, pero verlo me motivó a cambiar de destino. Siempre he sido una persona de probar cosas nuevas", recuerda.
Aunque tuvo la posibilidad de trabajar en hospitales, tras la homologación del título, ella tenía una idea clara: viajar y conocer al máximo nuevos lugares. "Quería hacer muchas rutas y disfrutar de la naturaleza, y es lo que he hecho", sostiene. Desde entonces, Inés ha vivido al día, viajando entre pueblos y ciudades como enfermera itinerante en contratos de máximo seis meses. Pero ahora comienza a surgir una inquietud en su cabeza, quiere cierta estabilidad. Tras informarse y buscar la opinión de otros profesionales, la enfermera va a comenzar una especialización como matrona. "Hay muchos retos. Las traducciones de los libros, me tendré que mudar cuando haga prácticas y estoy a la espera de que me concedan un préstamo", detalla la enfermera, que, no obstante, habla con mucha ilusión de esta nueva etapa y que espera hacer "sin prisa".
Inés se define a sí misma como enfermera "en ruta"
La alicantina recuerda los primeros meses en el país nórdico nada sencillos. Comenzó trabajando como enfermera a domicilio, un ámbito que, a su juicio, puede resultar complicado cuando todavía no se domina el idioma. "La realidad es que llegas sin demasiado nivel de noruego y tienes que usar mucho el móvil para llamar, por lo que ahí la cosa se complica", señala. Para quienes quieren seguir sus pasos, recomienda comenzar por una residencia, donde "las rutinas y el contacto continuado con los mismos pacientes pueden facilitar la adaptación". A esto se suma los distintos dialectos dentro del país, aunque asegura que "a los seis meses tu oído ya nota la diferencia".
Con el paso del tiempo, la responsabilidad que asume ha ido creciendo. Al principio, pese a estar contratada con una ETT y cobrando como enfermera, las tareas estaban más relacionadas con la higiene y los cuidados básicos. Cuando comenzó a dominar más el idioma, comenzaron a confiarle más técnicas como la administración de antibióticos o la canalización de vías. Una forma de trabajar que Inés no considera mejor ni peor que la española, sino diferente: "Tienen una visión integral de la persona y asumen los cuidados desde todas las perspectivas, no solo la puramente técnica".
Tampoco ese modelo chocaba con lo que buscaba al salir de la universidad. Terminó Enfermería en 2021, tras vivir buena parte de sus prácticas en plena pandemia. "Yo enfermera COVID", resume la sanitaria, que añade cómo, tras una etapa tan exigente, buscaba un cambio de aires. "Trabajo para vivir, no vivo para trabajar", añade.
"Tienen una visión integral de la persona y asumen los cuidados desde todas las perspectivas, no solo la puramente técnica"
El reto de conseguir una especialidad en Noruega: "Me sorprende la poca flexibilidad de las prácticas"
Según cuenta, la idea de hacerse matrona surgió casi de casualidad. Hace dos años, mientras trabajaba en el norte del país, Inés coincidió con una profesional de la especialidad y comenzó a interesarse por su trabajo, las ecografías y las posibilidades laborales. "Ahí me empezó a picar la curiosidad", recuerda. Después de investigar y hablar con otras matronas, decidió intentarlo, pese a que durante la carrera "jamás" se habría imaginado siguiendo ese camino.
Para acceder al máster, los enfermeros españoles deben tener homologada la titulación, acreditar al menos un año de experiencia profesional y demostrar un nivel B2 tanto de noruego como de inglés. Precisamente, fue esta última parte la que se le atragantó a la enfermera, que suspendió inicialmente la parte escrita del examen de noruego. Volvió a recibir un 'no aprobado' la siguiente vez y solicitó una revisión. "De casualidad volví a mirar el estado de la corrección y vi que estaba aprobada", recuerda entre risas. Ya con el certificado de la mano pudo competir "en igualdad de condiciones" por las escasas 184 plazas de esta especialidad en todo el país, consiguiendo plaza en Trondheim.
Ahora afronta un máster de dos años en el que teoría y práctica se reparten prácticamente al 50%. Las rotaciones, sin embargo, no las escoge el estudiante. La universidad diseña distintos itinerarios y los distribuye mediante sorteo, algo que obligará a Inés a trasladarse temporalmente a Ålesund, a unas cinco horas de su residencia actual. "Me toca mudarme y pagar otro alquiler durante ese periodo", cuenta. Una circunstancia que no termina de convencerla: "Son bastante estrictos y poco flexibles con esto".
Mudanzas, traducciones y un préstamo para ser matrona
Volver a estudiar después de varios años trabajando ha supuesto también un cambio de ritmo. Inés explica que las jornadas lectivas se extienden de lunes a viernes, de 8.00 a 16.30 horas, a lo que se suma el tiempo que necesita para desenvolverse entre tres idiomas. "El examen es en noruego y la literatura científica está en inglés. Me toca traducir del inglés al noruego, y lo que no entiendo, al español", detalla. Un proceso lento que, sin embargo, también considera que tiene algo positivo. "Acabo leyéndome el temario varias veces y se me queda mejor", reconoce.
También está la cuestión económica. Las prácticas no están remuneradas y los desplazamientos pueden obligar a mantener dos alojamientos al mismo tiempo. En este sentido, la enfermera afirma que hay dos opciones. "Un 'Studentstilling', un contrato parcial con un hospital durante los dos años de estudios a cambio de comprometerse a permanecer allí posteriormente", detalla. Pero Inés no lo solicitó al no saber dónde se establecería en el futuro. La alternativa pasa por recurrir a un préstamo estudiantil, mientras tira de los ahorros.
Justo, sobre sus perspectivas de futuro, Inés no quiere anticiparse demasiado. "Me gustaría trabajar en un hospital para adquirir experiencia en partos y, con el tiempo, pasar a la atención materno-infantil en un centro de salud", hipotetiza. Sin embargo, no descarta cambiar de opinión cuando comiencen las prácticas. Después de cuatro años moviéndose por Noruega, Inés mantiene la misma filosofía con la que llegó al país: probar, aprender y decidir el siguiente paso sobre la marcha.