Imagen de archivo de una fisioterapeuta.
Aplazó su doctorado para ser madre y ahora investigará la menopausia: "Hay que abrir camino"
Tras 14 años postergando su sueño de investigar, Inma quiere generar evidencia científica sobre un problema de salud que afecta a millones de mujeres
Noticias relacionadas
"Siempre he querido ser madre", sentencia Inma a través del teléfono. Esa convicción hizo que esta fisioterapeuta especializada en suelo pélvico aplazara durante más de una década un sueño que parecía estar escrito para ella: dedicarse a la investigación. Mientras otros habrían seguido el camino académico sin mirar atrás, ella eligió construir una familia, crecer en su profesión y escuchar, durante años, las historias de cientos de mujeres que llegaban a su consulta con dolor, vergüenza y muchas preguntas sin respuesta. Hoy, a sus 41 años, ha decidido recuperar aquel proyecto que dejó en pausa para iniciar un doctorado y demostrar, con evidencia científica, que los problemas asociados a la menopausia no pueden seguir siendo ignorados. "Si no hay evidencia científica, esos pacientes no existen", resume a Redacción Médica. Y precisamente para que existan, para que se investiguen y para que dejen de ser invisibles, ha decidido abrir su propio camino.
De querer ser neurocirujana a fisioterapeuta
Esta fisioterapeuta creció en una familia donde la medicina formaba parte del día a día. "Mi padre era neurocirujano y mi madre enfermera. Yo sabía que quería ser sanitaria", relata. Sin embargo, los relatos que le contaba su madre de Urgencias le ponían los pelos de punta. Todo ello, sumado a una mayor "sensibilidad", según sus propias palabras, la llevó a descartar la idea de seguir sus pasos y a comenzar a plantearse una carrera como neurocirujana.
Pero su decisión cambió tras una conversación con su padre. Antes de empezar Medicina, le hizo recordar las ausencias que había normalizado durante su infancia y le lanzó una reflexión que nunca olvidó: "Vas a hacer lo que quieras, te vamos a apoyar en lo que quieras, pero si haces Neurocirugía no vas a poder ser el tipo de madre que tú quieres ser". "Siempre, siempre he querido ser madre", reconoce. A sus 18 años entendió que ese deseo pesaba más que cualquier carrera, pero no podía evitar sentirse perdida.
Poco después, un esguince de tobillo terminó de cambiar su rumbo por completo. Una fisioterapeuta consiguió que volviera a andar en una sola sesión. "Me hizo magia", recuerda la experta, "en una sesión me hizo andar". Aquella experiencia la marcó tanto que se matriculó en la carrera y en tercero descubrió el suelo pélvico gracias a una asignatura optativa. "Me enamoré tanto de la profesión que dije: "Necesito hacer un máster de esto. Quiero especializarme", añade.
"Mi padre era neurocirujano y mi madre enfermera. Yo sabía que quería ser sanitaria"
Un máster de investigación en Edimburgo
Inma decidió seguir especializándose. Primero cursó un máster en España y, más tarde, dio un paso que marcaría su trayectoria profesional: viajar a Edimburgo para realizar un máster de investigación. "Me costó dos años conseguir la nota de entrada porque soy muy mala en otros idiomas", recuerda.
La experiencia estuvo lejos de ser sencilla. "Fue lo más difícil que he hecho en mi vida", afirma. El primer día de clase, después de tres horas de estadística, no entendió "ni el nombre del profesor". En su cabeza surgía una y otra vez la misma pregunta: "¿Qué hacía allí?". Aquella misma noche llamó llorando a sus padres porque quería volver a España, aunque finalmente decidió quedarse.
Dos años después, aquella decisión se convirtió en el impulso definitivo de su carrera. "Ese máster me ha llevado a donde estoy hoy", asegura. Según cuenta, gracias a esa formación, pudo asumir la dirección de la Unidad de Rehabilitación del Hospital Universitario HM Madrid, donde empezó a construir una trayectoria profesional desde su propia consulta.
Comenzar un doctorado a los 41 años
La idea de hacer un doctorado seguía fraguándose dentro de su cabeza. Pero, tras regresar de Edimburgo, la vida fue imponiendo su propio ritmo. Llegó el matrimonio, la maternidad y nuevos retos profesionales, que obligaron a la fisioterapeuta a dejar aparcado su sueño de investigar. "Lo decidí con 27 años y lo empiezo con 41", resume.
Aunque, lejos de abandonar ese objetivo, Inma decidió seguir especializándose en varios másteres. Precisamente, fue durante uno de esos trabajos de investigación cuando descubrió la escasa evidencia científica existente sobre la atrofia vaginal derivada de la menopausia. "Había tan poca información académica. Estaba tan silenciado un problema de salud", subraya sorprendida.
Fue el impulso que necesitaba para lanzarse a investigar. "¿Por qué no es el momento?", se preguntó después de hablarlo con su familia. La respuesta fue clara: "Alguien tiene que abrir camino".
"Había tan poca información académica. Estaba tan silenciado un problema de salud"
Menopausia, un problema de salud todavía invisibilizado
Su tesis doctoral se centra en el síndrome genitourinario de la menopausia, una patología que afecta a millones de mujeres y que, sin embargo, continúa siendo poco conocida. "Hablamos de un problema de salud, no es algo estético", insiste, al explicar que hasta el 80% de las mujeres pueden desarrollar atrofia vaginal durante la menopausia. Esta afección está provocada por la disminución de estrógenos que reduce la hidratación y elasticidad de los tejidos vaginales y vulvares.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran el dolor durante las relaciones sexuales, la sequedad, las infecciones urinarias recurrentes o el liquen escleroso. "Tú vives, pero ¿con qué calidad de vida?", reflexiona. Para la fisioterapeuta, muchas mujeres normalizan estas molestias porque desconocen que existen tratamientos o porque nunca han recibido información sobre ellas.
A su juicio, el principal problema es la falta de investigación. "Como estamos hablando de mujeres que ya no están en edad fértil, es decir, ya no son útiles por lo que se considera en este tipo de sociedad, se silencia", lamenta la fisioterapeuta. Para luchar contra esto, su doctorado pretende generar datos que ayuden a visibilizar esta realidad y abrir nuevas líneas de tratamiento. En concreto, pondrá el foco en la radiofrecuencia no invasiva como alternativa terapéutica para combatir la atrofia vaginal.
"Como estamos hablando de mujeres que ya no están en edad fértil, es decir, ya no son útiles por lo que se considera en este tipo de sociedad, se silencia"
"Nunca se es demasiado mayor para estudiar"
Pero, más allá de su labor investigadora, Inma quiere lanzar un mensaje a quienes han dejado aparcadas sus metas académicas o profesionales. "Nunca se es demasiado mayor para estudiar", asegura la experta, que además divulga y acerca el conocimiento sobre el suelo pélvico a sus seguidores a través de las redes sociales.
De hecho, está convencida de que comenzar un doctorado a los 41 años le ha dado una perspectiva que no habría tenido dos décadas antes. Su trayectoria clínica, marcada por el contacto diario con cientos de pacientes, le permite abordar con una mirada más cercana los problemas que ahora analiza desde la investigación. "Cuando encuentras un campo que realmente te apasiona, lo abordas desde un punto de vista mucho más sabio", defiende.
Lejos de arrepentirse por no haber emprendido este camino antes, reivindica el valor de cada etapa de su trayectoria. "Yo prefiero mis 40 que mis 30", asegura. Y con esa convicción anima a quienes aún dudan a dar el paso: "Nunca se es mayor para hacer lo que te gusta". En su caso, ahora tendrá que reducir temporalmente su actividad en la consulta para compaginarla con el desarrollo de su tesis doctoral. Inma confía en que esta investigación marque un antes y un después en el reconocimiento de la sexualidad femenina.