Centro de Control de las Enfermedades y Prevencion (CDC) en Estados Unidos.
La nueva política vacunal de Trump deja a Estados Unidos al borde de perder el estatus de país libre de sarampión
El país ha superado en agosto todos los casos registrados durante 2025 y afronta el riesgo de que una cadena de transmisión prolongada confirme el retroceso
Estados Unidos se encuentra ante un punto de inflexión en la lucha contra el sarampión. La semana pasada, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) han contabilizado 2.465 casos confirmados, frente a los 2.289 registrados durante todo 2025. Es decir, el país ya ha superado en los primeros ocho meses del año todos los casos del ejercicio anterior.
El repunte ya era evidente a finales de julio, cuando los CDC contabilizaban 2.318 casos. En aquel momento, la transmisión se había extendido a 45 jurisdicciones y el 93 por ciento de los pacientes no estaba vacunado o tenía un estado vacunal desconocido. Ahora, la evolución de los brotes resulta todavía más significativa. En 2026 se han notificado 38 nuevos brotes, y 2.309 de los 2.465 casos confirmados, el 94 por ciento, están relacionados con alguno de ellos. De estos casos asociados a brotes, 936 corresponden a brotes iniciados este año y 1.373 a brotes que comenzaron en 2025.
La cuestión ya no es únicamente cuántas personas han contraído la enfermedad, sino si Estados Unidos está perdiendo la capacidad de impedir que el virus se mantenga circulando dentro de sus fronteras.
El umbral de los 12 meses
Estados Unidos consiguió el estatus de eliminación del sarampión en el año 2000. Esto no significa que desde entonces no se hayan registrado casos. El virus puede ser introducido por viajeros procedentes de países donde continúa circulando y puede provocar brotes. Lo que permite conservar la certificación es que las cadenas de transmisión se interrumpan y que no exista transmisión endémica mantenida. El criterio clave es que una cadena de transmisión continúe durante 12 meses o más y precisamente ese es el riesgo que afronta ahora Estados Unidos.
Uno de los focos que más atención concentra se encuentra en Utah, donde una cadena de transmisión apunta a superar ya ese periodo, aunque los expertos tendrán que analizar los casos y reconstruir las cadenas de contagio para determinar si existe realmente una transmisión ininterrumpida y si los diferentes casos están relacionados entre sí.
La revisión de los datos estadounidenses está prevista para este mes y la decisión sobre el estatus de eliminación se espera en noviembre, después de que la situación sea evaluada por los mecanismos regionales de verificación de la Organización Panamericana de la Salud. Si se confirma una transmisión endémica sostenida durante al menos un año, Estados Unidos perdería formalmente el estatus que conserva desde hace 26 años. El precedente más reciente es Canadá, que perdió su estatus de eliminación en 2025 después de que una cadena de transmisión se prolongara durante más de doce meses.
Más casos y más transmisión asociada a brotes
La evolución de las cifras estadounidenses muestra un deterioro progresivo. En 2024 se registraron 285 casos confirmados y 16 brotes, con el 69 por ciento de los casos asociados a brotes. En 2025 los casos aumentaron hasta 2.289 y se notificaron 48 brotes. El porcentaje asociado a estos focos pasó al 90 por ciento.
Ahora, los 2.465 casos registrados en 2026 se han registrado además en 47 jurisdicciones. Solo 16 corresponden a visitantes internacionales, lo que pone de manifiesto el peso que está adquiriendo la transmisión dentro del propio país.
El repunte afecta especialmente a niños y adolescentes. A finales de julio, los pacientes de entre 5 y 19 años concentraban el 49 por ciento de los casos de 2026, con 1.141 diagnósticos, mientras que los menores de cinco años sumaban otros 456 casos, el 20 por ciento del total.
La gravedad de los contagios también se refleja en las hospitalizaciones: hasta finales de julio, 151 personas habían necesitado ingreso, el 7 por ciento de los casos registrados en 2026. En todo 2025 fueron 243 las hospitalizaciones, el 11 por ciento de los afectados.
La situación tiene una explicación epidemiológica evidente: el sarampión es una de las enfermedades infecciosas más contagiosas y necesita niveles de inmunidad muy elevados para evitar que los casos importados se conviertan en cadenas de transmisión sostenidas. Dos dosis de la vacuna triple vírica proporcionan alrededor de un 97 por ciento de protección frente al sarampión.
Trump ordena avanzar hacia vacunas separadas
La escalada se produce además en un contexto político especialmente controvertido. Ya en junio, cuando Estados Unidos acumulaba 2.030 casos en solo cinco meses, las dudas sobre la política de vacunación de la Administración Trump habían adquirido protagonismo. El nombramiento de Robert F. Kennedy Jr. como secretario de Salud había generado críticas por sus anteriores posiciones sobre la vacunación infantil y por su relación con el movimiento antivacunas. Y es que Kennedy había cuestionado anteriormente la seguridad y eficacia de las vacunas.
Este contexto adquiere ahora una nueva dimensión. El pasado 10 de agosto, el presidente Donald Trump ha firmado una orden ejecutiva que impulsa la separación de la vacuna triple vírica que protege conjuntamente contra sarampión, paperas y rubéola. La medida plantea avanzar hacia vacunas individuales y administrarlas en visitas médicas separadas. La decisión ha provocado críticas de especialistas, entre ellos expertos vinculados al Centro de Investigación y Política de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Minnesota (Cidrap).
El argumento central es que no se ha presentado una nueva evidencia que demuestre que la vacuna combinada sea perjudicial o que separar sus componentes aporte una ventaja sanitaria, mientras que hacerlo puede aumentar la complejidad del calendario de vacunación. Y es que los expertos aseguran que una vacuna combinada permite administrar protección frente a tres enfermedades con menos inyecciones y menos visitas médicas. Separarlas puede implicar más citas, más oportunidades para retrasar alguna dosis y mayores dificultades para completar las pautas recomendadas.