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Domingo, 24 de marzo de 2013, a las 17:13

Por Juan F. Navarro. Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene

 

A la espera de los resultados del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad sobre la incidencia de casos de tuberculosis en España en 2012, conocemos el dato de la incidencia en Estados Unidos: 3.2 casos por cada 100.000 habitantes (1.4/100.000 en nacidos allí y 15.8/100.000 en emigrantes). ¡Qué envidia para un país con tan elevada proporción de inmigrantes!

Los últimos datos sobre tuberculosis en nuestro país, correspondientes a 2011, no son malos: 6.746 casos (tasa de 14.6 casos/100.000 habitantes) si se comparan con los de 2008 (18.4), 2009 (17.0) y 2010 (15.5), pero nos siguen dejando como el octavo país de la Unión Europea en incidencia de casos y muy alejados de los mejores países europeos y, como hemos visto, de EEUU. Lejos se ven también los 38.5 casos/100.000 habitantes que estimaba, en 1996, el Proyecto Multicéntrico de Integración de la Tuberculosis (PMIT) y que nos dejaba en una situación tercermundista. España sigue sin estar entre los primeros de la clase en el control de esta enfermedad. Debemos preguntarnos por qué teniendo una de las mejores redes de asistencia sanitaria pública no logramos las cifras de otros países.

La primera razón es obvia: nuestro punto de partida es peor y los nuevos casos de tuberculosis surgen de los infectados en años anteriores. De las infecciones antiguas depende la gran masa de infectados (infección tuberculosa latente) que algunas estimaciones sitúan en el 20% de la población. La segunda razón es la llegada de colectivos de inmigrantes, entre 5 y 6 millones de personas en España, con una mayor proporción de enfermos de tuberculosis e infectados. En 2010, aproximadamente el 30% de los casos se detectaron en inmigrantes, mientras que éstos sólo representan el 13% de la población. Y la tercera razón, es que todavía debemos mejorar mucho los programas de lucha contra la tuberculosis. El último Plan para la Prevención y Control de la Tuberculosis, editado en 2008, con el consenso del Ministerio, las autonomías y las sociedades científicas, aún no se ha aplicado en toda su extensión.

Con estos datos, la pregunta que se suscita es cómo podemos mejorar la evolución de la tuberculosis. Existen tres estrategias clásicas que debemos de seguir:

1. El diagnóstico precoz de los casos y tratamiento antituberculoso de calidad. En este punto, se ha mejorado espectacularmente en los últimos años, como ha puesto de manifiesto la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ), consiguiendo índices de tratamiento completo de más del 90%. Sin embargo, los enfermos tardan demasiado tiempo en ser diagnosticados (2-3 meses de media) y se calcula en 20 las personas de promedio que infectan cada caso para mantener la frecuencia de la enfermedad, y estas cifras pueden ser aún mayores en casos con un gran retraso diagnóstico;

2. El estudio adecuado de los contactos y utilización de la profilaxis. Salvo en unas pocas comunidades no hay una estructura definida, profesional y especializada, como los servicios de medicina preventiva, que se ocupe de una situación urgente y gran consumidora de recursos como es un estudio de contactos de un grupo a veces numeroso de personas. La mayor parte de los profesionales sanitarios no están capacitados para gestionar bien un estudio de contactos. Estudiar unos pocos contactos, la mayoría familiares, es lo más que se consigue. Cuando se detectan personas con la tuberculina positiva (prueba PPD) tampoco se toma la decisión de prescribir profilaxis por desconocer la interpretación de la PPD o temer los efectos adversos de la medicación. Un estudio en la Comunidad Valenciana en 2008 demostró que el 74% de los servicios de medicina preventiva realizaban ya estudios de contactos en sus áreas.

3.  Realizar un cribado adecuado de los grupos y personas de riesgo. Es cierto que no podemos cribar al 20% de la población que padece infección tuberculosa latente, pero podemos focalizar el cribado en los grupos con mayor riesgo de tuberculosis (enfermedades crónicas renales, hepáticas, diabetes, neoplasias, inmunodeprimidos, pacientes que toman corticoides u otros fármacos inmunosupresores como los anti-TNF, etc). Tenemos que aprovechar nuestra magnífica red sanitaria pública para realizar cribados de infección de tuberculosis a colectivos de riesgo elevado como: personal sanitario, docentes, inmigrantes, personas sin hogar y otros profesionales que atienden a gran número de personas.

Con motivo del Día Mundial de la Tuberculosis 2013, desde la Sociedad Española de Medina, Salud Pública e Higiene (Sempsph) insistimos en la importancia de poner en el punto de mira esta enfermedad como problema de salud pública, de diagnosticar antes y tratar mejor los casos, de avanzar en la profesionalización y organización de las áreas de salud de los equipos de prevención y control,  de esforzarnos al máximo en el estudio de contactos y perder el miedo a prescribir profilaxis y de elaborar un programa ambicioso de cribado en los grupos de mayor riesgo.