Decía Henry Ford que “el fracaso es la oportunidad de comenzar de nuevo con más inteligencia”. Interesante frase para dar entrada a este nuevo artículo en relación con la necesidad de refundar un Sistema Nacional de Salud que necesita ser sometido a un profundo y más que necesario cambio. Con ello estoy dando por hecho que el modelo ha caducado, necesita de un profundo cambio, una actualización basada en algo que no sea continuismo y más de lo mismo. No es que el modelo sea un fracaso, sin duda no solo no lo ha sido, es que llegó a ser “el modelo”, la envidia de países de nuestro entorno, muy eficaz y, sobre todo, muy eficiente. Un modelo que con el menor gasto per cápita, con el menor % de PIB destinado a Sanidad, obtenía los mejores resultados en salud, una esperanza de vida a la cabeza del mundo, una de las menores tasas de mortalidad infantil, país líder en trasplantes, etc.

Nuestro problema es que tenemos un Sistema Sanitario que ha muerto de éxito, que nos negamos a reconocer que el modelo hay que replantearlo, que tanto los ciudadanos/pacientes como los profesionales ya no están contentos con este modelo; unos porque las listas de espera no dan satisfacción a sus demandas basadas en el modelo industrial del “Just in time” aplicado a la Sanidad; otros porque a los profesionales se les ha caído la venda que impedía ver que merecen otro trato, que hay países que nos quieren y reconocen, que el buenismo de los años 80 y posteriores ha terminado.

A mi juicio, tenemos un serio problema: no querer ver la realidad y no entender que esto necesita de un profundo cambio; que, de hacerlo de forma correcta, debería partir de la iniciativa de quienes tienen la capacidad para plantearlo y hacerlo con unos fundamentos y cimientos de derecho y leyes que lo blinden, además de hacerlo mediante un consenso político que permita dotarnos de un Sistema de Salud sólido y con posibilidad de supervivencia durante décadas. Pero esto no lo veo, el consenso político está lejano.

La necesidad de cambio es evidente y los profesionales lo ven, lo plantean e intentan hacerlo sin las bases legales, dando con ello problemas a toda la organización. Comencemos por lo más básico, los facultativos, cómo y quién accede a los puestos de trabajo, cómo se contrata, que tipo de contrato y vinculación laboral tenemos, cómo se evita de forma clara la norma sin que parezca que es un flagrante incumplimiento de lo establecido en ellas. ¿Alguien duda a estas alturas de que los principios de “igualdad, mérito y capacidad” en el acceso a los trabajos como facultativos, con excepciones por supuesto, son una farsa? No es tan evidente en el ámbito de la Atención Primaria, dónde los modelos de bolsas centralizadas de empleo y oposiciones/traslados más o menos regulares hacen que la tradición de modelo establecido sea más o menos real. Parece que no hay tanta discusión en este ámbito asistencial y hay cierto conformismo con el “sistema”.

Pero en el ámbito de la Atención Hospitalaria no es la misma situación la que se percibe. Servicios de Salud con muy escasas bolsas de empleo, dónde los traslados son una excepción, con oposiciones muy escasas, hacen que la “trampa” sea una norma que soslaya todo esto. Se contrata como eventual o interino a quien se quiere por parte del Servicio, a ser posible siempre uno de los “suyos”, de sus residentes. Se le mantiene años como no fijo, haciendo méritos y superespecializándose, haciéndole imprescindible para que llegado el momento de sacar “su plaza” a OPE, esta solo pueda ser ocupada por el que la venía ejerciendo. ¿Es esto lo que queremos? ¿Es esto lo mejor? No voy a entrar en ello ahora, solo decir que es lo que hay y parece que es lo que los facultativos y sus jefes quieren, también lo que desean los gestores y políticos que, no solo lo permiten y toleran, es que lo asumen sin ningún impedimento. Si políticos, gestores, jefes y profesionales es lo que quieren, ¿por qué no se legitima, se legaliza, se hacen las normas que lo regulen? Imagino la respuesta: “es lo que queremos y por eso lo hacemos, pero no nos atrevemos a regularlo por eso de aparentar trasparencia y libre concurso”.


"El Sistema de Salud se basa fundamentalmente en sus profesionales, son los únicos imprescindibles"



El Sistema de Salud se basa fundamentalmente en sus profesionales, son los únicos imprescindibles. Por tanto, un servicio público que tienen como base a sus trabajadores, debe tener un modelo de gestión basado en ellos y, por tanto, deberíamos empezar por definir en que modelo de relación laboral sustentar el Sistema Sanitario. Después, hacer las Leyes para adecuarlo a la legalidad, para hacer que nadie pueda decir que todo se basa en mentiras y engaños, que no se cumple la norma para poder ser “agiles” y poder gestionar adaptándose a los cambios.

Concluyo. Insisto de nuevo en la necesidad de reinventar el Sistema Nacional de Salud, hacerlo desde las bases, comenzando por definir cómo se vincula a las piezas básicas del mismo, los profesionales. Luego se definirían si todos son iguales o según las características de cada profesional es necesario normas específicas. Por tanto, siendo osado en mi afirmación y consciente de no ser admitido por muchos, planteo hacer un Sistema de Salud basado en los profesionales, haciendo que el modelo gire en torno a ellos y adaptando el Sistema a sus necesidades. Doy por supuesto que todo ello va en beneficio de unos ciudadanos pacientes, centro de atención del servicio y para los que se debe trabajar. Tenemos una “fuga de agua” en nuestro barco, nuestros profesionales, nuestros facultativos, se marchan; si no solucionamos de forma satisfactoria esta fuga, si solo ponemos parches, este barco se hunde definitivamente.