19 nov 2018 | Actualizado: 18:10
José Ramón Martínez Riera, presidente de la Asociación de Enfermería Comunitaria (AEC)
Mié 05 noviembre. 19.20H
No es un secreto para nadie que desde su creación hace, 20 años, la AEC siempre ha venido trabajando, reivindicando y peleando por la especialidad. No en vano fue la primera Sociedad Científica de Enfermería Comunitaria en España y la primera que presentó una propuesta seria, fundamentada y realista de la especialidad de Enfermería Comunitaria.

Quienes iniciaron este proceso, con luces y sombras, con alegrías y tristezas, con realidades y utopías, pero en todos los casos con ilusión, motivación, implicación, paciencia, esfuerzo, emoción y con mucho, mucho trabajo, eran y siguen siendo enfermeras comunitarias.

Cuando después de muchos años, finalmente, se logró que la especialidad fuese una realidad, primero, con la publicación del RD 450/2005 de Especialidades de Enfermería en el que se recogía la especialidad de Enfermería Familiar y Comunitaria, y posteriormente con el desarrollo del programa formativo, se alcanzó un objetivo anhelado y peleado.

Tras la creación de las primeras unidades docentes y la incorporación de las/os primeras/os residentes tomaba forma lo que, para muchas/os parecía una utopía. Tras dos años de formación acaban las/os primeras/os especialistas y se genera un nuevo escenario con múltiples actores/actrices. Un escenario incierto, en muchas ocasiones hostil, con muchas sombras y pocos claros, con peligros y amenazas, con escasas oportunidades, y con muchos obstáculos. Pero un escenario, al fin y al cabo, de convivencia, de esperanza y de futuro. Futuro que deben afrontar con decisión, valentía, coraje y determinación las enfermeras comunitarias. Todas, especialistas (por disponer de la especialidad por la vía que sea), expertas (quien tiene la experiencia aunque no esté reconocida formalmente), generalistas, todas.

Y es que no debemos perder nunca de vista que lo que seamos o dejemos de ser corresponderá a nuestra capacidad y voluntad de construir una realidad profesional de unidad, fortaleza y crecimiento continuo.

Ni las/os nuevas/os especialistas deben perder nunca de vista que lo son gracias al empeño, dedicación, persistencia, conocimiento y experiencia de las enfermeras comunitarias "no especialistas", pero ojo, enfermeras comunitarias "expertas", gracias a las cuales pueden existir hoy especialistas. Ni las enfermeras comunitarias "expertas" deben olvidar nunca que las nuevas "especialistas" son el resultado de un sueño en el que se creyó y por el que se trabajó durante mucho tiempo y que no es momento de identificar como rivales.

No es posible, por tanto, especialistas sin expertas, ni especialidad, sin unidad.

Flaco favor habremos hecho quienes creímos en la especialidad, pero sobre todo, en la enfermería comunitaria, si nuestro logro se incorpora como un cáncer de crecimiento dudoso pero seguro que invade el tejido sano de nuestra razón de ser como enfermeras de, por, para y con la comunidad, para convertirlo en nuevas formas enfermas, deformes y dañinas que acaben con la muerte profesional. No repitamos viejos, caducos y rancios clichés y estereotipos de hace décadas cuando las/os ATS se enfrentaron a las/os nuevas/os Diplomadas/os en Enfermería. El tiempo ha demostrado que no tan solo no existía ningún riesgo ni amenaza reales, sino que bien al contrario la convivencia fue positiva, a pesar de las diferencias que en ocasiones se planteaban.

Todas/os debemos tener claro que ahora nos toca trabajar mucho y bien para configurar un nuevo estado de convivencia, relaciones, equilibrios y fortalezas.
Nuestros enemigos no pueden ni deben ser las enfermeras. Pueden y deben existir posicionamientos, formas de pensar y ver las cosas, análisis y reflexiones diferentes y diversos. Que generen debate, análisis crítico, incluso discusión, pero que nunca lleguen a provocar la ruptura, el enfrentamiento y la desunión.

Todas/os somos necesarias/os e importantes, pero nunca imprescindibles. Los cementerios están llenos de imprescindibles. Por lo tanto logremos el equilibrio que permita conjugar en un mismo tiempo y en una misma persona especialistas, especialidad y especialización.

No dejemos que nadie juegue con nuestra realidad, nuestro presente y nuestro futuro. Seamos dueños de nuestro destino y demos valor a lo que tenemos y a lo que tendremos.

Todo camino se inicia con el primer paso dado. Y nosotras/os ya llevamos unos cuantos. Con tropiezos, con caídas, con paradas e incluso con asaltos en su recorrido. Pero hemos avanzado mucho. No es momento de parase, ni mucho menos de abandonar, separándonos y desviándonos por caminos o supuestos atajos que no sabemos a dónde nos pueden conducir y por los que, ni tan siquiera sabemos, si se podrá llegar a alguna parte.

En la extraordinaria historia de Carroll, Alicia en el país de las maravillas, ésta encontrándose perdida le pregunta a un gato que encuentra "¿qué camino debo tomar?" a lo que el gato, con una irónica sonrisa, responde "eso dependerá de a dónde quieras ir".

Tengamos pues claro nuestro destino y quienes deben ser nuestras/os compañeras/os de viaje. Tan solo así lograremos alcanzar nuestra meta con éxito y sin pérdidas innecesarias que debiliten y mermen nuestras fortalezas colectivas. No caigamos en la tentación de interesados y malintencionados cantos de sirena que nos pueden llevar a un naufragio del que no sabemos si será posible que alguien nos pueda salvar.

Todas las enfermeras comunitarias, todas, debemos trabajar por una Enfermería Comunitaria fuerte, en conocimiento, en posicionamiento y en liderazgo. Tenemos un nexo común, un motor potente, un punto de referencia, que favorece todo ello, la AEC.

La AEC, por tanto está y estará por la Enfermería Comunitaria, por la Salud Pública, por las familias y las personas, estará, en definitiva, por el coherente, lógico y necesario trabajo colectivo y de unidad que siempre le ha caracterizado en sus 20 años de existencia. Pero nunca estará por generar espacios de diferencia, distancia y enfrentamiento.

Debemos tener claro que la realidad social, económica, profesional nos lleva plantear estrategias de largo recorrido en las que convivamos con la especialidad desde diferentes realidades laborales pero con un mismo objetivo común.

La AEC siempre ha dicho y mantenido, nunca ha engañado a nadie, que la realidad diferenciadora y autónoma de la enfermería comunitaria se debía construir conjugando cuidados generales con especializados. Tan importantes son los unos como los otros. No es posible la existencia de unos sin los otros. No es coherente el demagógico, interesado y engañoso discurso de todas especialistas.

Especialidad para todas sí, pero desde la vertebración de competencias generales y especializadas que valorice a unas y a otras y no acabe por desdibujar, fagocitar e invisibilizar la especialidad de enfermería comunitaria.

En nuestras manos está. En las de las enfermeras y en las de AEC. Entre todos lo lograremos.