S. MARTÍN ARROYO, RESIDENTE DE CIRUGÍA GENERAL
Sáb 16 mayo de 2020. 11.00H
A punta de bisturí
A lo largo de este estado de alarma los hospitales se han ido adecuando poco a poco a la 'nueva normalidad'.

Se habla mucho de los pacientes que sufren la enfermedad covid 19, de los curados, los contagiados… Pero ¿qué pasa con el resto de patologías?

Los pacientes siguen teniendo colelitiasis (piedras en la vesícula), hernias que les dificultan la vida diaria o neoplasias. ¿Cómo valorar, operar, informar a estos pacientes (muchas veces inmunodeprimidos) cumpliendo el distanciamiento social?

Hasta hace unos meses, si nos llegan a contar que la próxima consulta con nuestro médico iba a ser telefónica no nos lo hubiéramos creído… ¿o sí?. Ha tenido que venir una terrible pandemia mundial para darnos cuenta de que la “telemedicina” es posible. Eso sí, hasta un punto. Ya que no debe anteponerse jamás a una correcta y completa exploración física del paciente, sobre todo en determinadas patologías. Sin embargo, sí que es verdad que hay consultas presenciales que se pueden evitar. Este nuevo enfoque ¿es mejor o peor para el paciente y el médico?


"No hay que olvidar la faceta humana que siempre debe acompañar a una profesión como la Medicina"


Como ventaja para el paciente está el no tener que desplazarse al hospital o al centro de salud para asistir a la cita y todo lo que eso conlleva: faltar al trabajo, traslado de pacientes con movilidad reducida, ajustar el horario de la consulta a tu rutina diaria… Otra ventaja es que el paciente evita exponerse a enfermedades (como la ya conocida enfermedad covid-19).

Como ventaja para el médico, el poder realizar el trabajo desde casa y por tanto favorecer la conciliación familiar que tan difícil es para los sanitarios, sobre todo en esta época (sin colegios, sin clases extraescolares, sin universidades…) que nos ha tocado vivir.

Como desventajas, cabe destacar la pérdida de relación médico-paciente, un vínculo muy importante para ambos y que de forma telefónica se convierte en una relación más fría y menos personal. Además, durante una consulta telefónica no se tiene una visión completa del paciente como comentaba anteriormente, al no poder realizar una exploración física. Pero sí es cierto que una correcta anamnesis puede orientarnos e incluso se pueden usar programas de intercambio de imágenes con el paciente para seguimiento de heridas quirúrgicas, envío de consentimientos informados, etc.

En mi caso, el de la cirugía, las consultas presenciales son necesarias, ya que la exploración física es vital para determinar el tipo de patología que padece el paciente y la cirugía a realizar. Además no hay que olvidar la faceta humana que siempre debe acompañar a una profesión como la Medicina.

Muchas veces nos toca dar malas noticias, y la mejor o peor aceptación de las mismas está directamente relacionado con las palabras, los gestos y la actitud con la que las transmitamos. Y en mi opinión por muy bien que te expreses, eso por teléfono no se puede hacer (o por lo menos, no deberíamos hacerlo).

Sin embargo, sí es posible realizar una revisión o informar de una prueba de imagen vía telefónica, disminuyendo entonces el riesgo de exposición a la enfermedad.

Por tanto podría decirse, que la pandemia ha traído consigo una nueva forma de entender las consultas médicas, que no se había planteado previamente, la telefónica. Es posible que a partir de ahora, las consultas se distribuyan en: presenciales y virtuales. ¿Un avance o un retroceso para la Medicina? El tiempo lo dirá.