Una revelación periodística de El País ha venido a confirmar que es más necesario que nunca poner de acuerdo a Ministerio de Sanidad y Comunidades Autónomas para establecer criterios claros en torno a la contabilidad de las listas de espera en sanidad.

No puede seguir sucediendo, aunque fuera un caso aislado, que las decisiones que se toman en un hospital sobre los tiempos quirúrgicos o de consulta de un paciente sean diferentes a las que se manejarían si estuviera asignado a otro centro público.

Recientemente, en el Encuentro de Altos Cargos de la Administración Sanitaria impulsado por Redacción Médica, el secretario de Estado de Sanidad ha manifestado que ese real decreto de listas de espera en el que trabaja el Ministerio está ya "en el tejado" de las Autonomías, que también han confirmado a este diario en este mismo foro que han pedido un proceso de "valoración más exhaustiva".

No hay tiempo que perder. Debemos desterrar de una vez por todas la sensación de normalidad en torno a las listas de espera. Aunque el caso revelado del Hospital Ramón y Cajal fuera una excepción, lo que se ha conocido da más argumentos que nunca para sacar adelante una normativa que regule el control y la trazabilidad de las listas de espera, para saber con exactitud los tiempos en cada etapa, y por especialidad y patología.

Si adaptamos la necesidad clínica a los recursos y no los recursos a la necesidad clínica estamos distorsionando la realidad y engañando a los pacientes.

Las Comunidades Autónomas (y el Ministerio de Sanidad en su ámbito competencial de Ceuta y Melilla) deben interiorizar que las listas de espera son un fracaso del sistema, una lacra a erradicar, y que tratar de engañar a los ciudadanos no es solo una falta de transparencia, también es una falta de respeto.

Además, al lado de una persona que sufre por la incertidumbre en torno a su salud, y que tiene miedo, siempre hay familiares y amigos que comparten este malestar. Y todos se sienten traicionados en un momento vital muy delicado, lo que se traduce en descrédito general para nuestra sanidad, pilar fundamental de la convivencia.

Hay que recapacitar, porque en el sistema sanitario no se trabaja con estadísticas. La estadística la conforman los casos reales, que tienen nombre y apellidos porque son personas individuales. Parece una obviedad, pero a la vista de las cosas que suceden en torno a las listas de espera, se nos debe estar olvidando. Reaccionemos rápido.

Con el ánimo de contribuir a que se solucione esta situación tan dañina, en Redacción Médica seguiremos de forma prioritaria la evolución de este real decreto que homogeneice los criterios para garantizar el control y la trazabilidad de las listas de espera.