21 nov 2018 | Actualizado: 12:55
Lunes, 11 de enero de 2016, a las 09:19
Leire Sopuerta. Marta Fernández. Cristina Mouriño. Ricardo Martínez.
“Solo sé que no sé nada” es una de las más celebres frases de Sócrates. Con ella, el filósofo griego no buscaba reconocer su ignorancia, sino hacer ver la dificultad de atesorar un conocimiento completo y con plena certeza de cualquier asunto, aun cuando se cree estar seguro de ello. Lejos de este pensamiento profundo, pero a la vez estrechamente relacionado, el refranero defiende que “dos cabezas piensan mejor que una”, es decir, que el trabajo en equipo ofrece mejores resultados que los esfuerzos aislados.

En el mundo de la política sanitaria, un buen ejemplo de esta situación lo representan los consejeros de sanidad. En ellos se ha confiado una de las materias que más preocupa a los ciudadanos y, además, cuentan con la responsabilidad de gestionar el presupuesto más abultado de sus respectivos gobiernos. A estas decisiones relacionadas con la gestión sanitaria y económica se unen otros asuntos como la toma de decisiones en Consejo de Gobierno, despachar con los altos cargos de su consejería, responder a cuestiones parlamentarias, enfrentarse a las preguntas de los periodistas…

El conocimiento y experiencia propios, además del apoyo que encuentran en sus directores generales, les permiten afrontar estos retos. Pero con eso no basta. Hay asuntos que escapan a su dominio, relacionados con la comunicación, la estrategia política, el marketing, los discursos… Asuntos que no tienen por qué conocer al detalle y para los que requieren de un profesional experto en esas materias. Es ahí donde entra en escena la figura del asesor, en cuya formación suelen aparecer estudios relacionados con las ciencias políticas, la sociología o el periodismo.

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