12 nov 2018 | Actualizado: 18:50
Viernes, 16 de octubre de 2015, a las 12:14
Ismael Sánchez / Imagen: Cristina Cebrián. Granada
A su modo, lento pero seguro, los ingenieros hospitalarios siguen ganando espacio en el sector, explicando el alcance de su fundamental labor de intendencia y reivindicando la paternidad de términos como eficiencia y sostenibilidad, que ahora están de moda, pero con los que ellos llevan trabajando toda la vida. Sus miras van más allá y se sienten concernidos por los retos que afrontan otros profesionales sanitarios, como el ahorro o el trabajo por objetivos, que también hacen suyos.

El XXXIII Seminario-Congreso Nacional de la AEIH se ha celebrado en el Palacio de Congresos de Granada.


Seminarios como el organizado por la Asociación Española de Ingeniería Hospitalaria (AEIH) en Granada dan una idea de la fuerza de un colectivo, casi invisible en la sanidad hasta hace unos años, pero que los nuevos tiempos de rigor y eficacia en los que quiere moverse el Sistema Nacional de Salud (SNS) han puesto en primera línea. El liderazgo de Luis Mosquera, del Hospital 12 de Octubre, y Javier Guijarro, del Servicio Madrileño de Salud, está posibilitando una auténtica edad dorada en las perspectivas de la profesión, cada vez más palpables y genuinas.

El ahorro ha sido uno de los grandes protagonistas en los debates y las comunicaciones, prueba de que el ingeniero tiene bien interiorizado un concepto que los políticos y los gestores quieren llevar hasta el último de los profesionales sanitarios.

La capacidad de generar ese ahorro, que comienza con la obligación de no gastar más de lo debido, es una de las características esenciales de este colectivo, tanto de los profesionales que trabajan en los servicios de salud y en los hospitales, como los que desempeñan su función en empresas proveedoras de servicios y de tecnología.

En realidad, esta querencia por el ahorro remite directamente a otra manera de gestionar, que es otro de los grandes debates que tiene planteados desde hace tiempo el SNS. Granada está cerca de la costa, y hasta aquí llega la fama de la primera empresa pública que abrió el SAS, allá por 1993. Un profesional de la hoy llamada Agencia Sanitaria Costa del Sol explica que la gestión de este centro es el mejor ejemplo de cómo el sistema público, sin necesidad de privatizar, puede funcionar mucho mejor que la mayoría de hospitales clásicos.

Lo corrobora uno de los proveedores del Costa del Sol: “Viendo la labor que desarrollan sus profesionales, comprendes la gran diferencia que hay entre ir al trabajo e ir a trabajar”. Los que hacen lo primero serían, en líneas generales porque seguro que hay mucha excepción, los estatutarios que poco esperan de su función, salvo cumplir el expediente. Los segundos, cada vez más numerosos, son los profesionales de nuevo cuño, acostumbrados al trabajo por objetivos y a una parte de retribución en función de sus resultados, algo familiar para los ingenieros.

“Garbanzos tiene que haber para todos”, dice otro ingeniero de una empresa de tecnología, defendiendo la ley del mérito y la dedicación. “Pero las gambas te las tienes que merecer, te las tienes que ganar”.

Las empresas se ganan su espacio y consolidan su reputación en citas como esta, en la que no falta nadie de relieve, viendo el panel de patrocinadores. Algunos, como Air Liquide, Linde o Carburos, aprovechan para hacer exhibiciones de fuerza con stands trabajados, diferentes y repletos de contenido, en los que es obligado detenerse. Otros, como la portuguesa Vigie Solutions, aprovechan la ocasión para darse a conocer en otro país y en otro mercado que es muy diferente, aunque parezca muy similar. Solo en porcentaje de infecciones nosocomiales, Portugal dobla a España, lo que entraña mayor riesgo para los pacientes, profesionales sanitarios, gestores, y también los ingenieros, del país vecino.