Redacción Médica
24 de septiembre de 2018 | Actualizado: Lunes a las 19:05

Entre el 3 y el 4% de los niños tiene síndrome de apnea-hipopnea del sueño

Más de 400 expertos se dan cita en el XX Congreso de Neumomadrid, la Sociedad Madrileña de Neumología y Cirugía Torácica

Jueves, 16 de abril de 2015, a las 12:49
Redacción / Imagen: Miguel Fernández de Vega. Madrid
“Los trastornos respiratorios del sueño suponen una patología muy importante en los niños, sobre todo por las repercusiones en su desarrollo y la alteración de su calidad de vida. Hasta un 30 por ciento puede tener algún trastorno relacionado con el sueño antes de los cinco años. La patología respiratoria más habitual es el síndrome de apnea-hipopnea del sueño (SAHS), cuya prevalencia se estima en entre el tres y el cuatro por ciento”. Así lo afirma Salomé Albi, especialista en Neumología Pediátrica del Hospital Infanta Leonor, y una de las ponentes sobre Neumología Pediátrica del XX Congreso de Neumomadrid, la Sociedad Madrileña de Neumología y Cirugía Torácica, que reúne estos días a más de 400 neumólogos, cirujanos torácicos, médicos de Atención Primaria y personal de Enfermería.

De izquierda a derecha: Olga de la Serna, vocal de Pediatría de Neumomadrid; Pilar Robles, del Servicio de Pediatría del Hospital Universitario Puerta de Hierro; Salomé Albi, especialista en Neumología Pediátrica del Hospital Infanta Leonor; y Milagros Merino, del Servicio de Neurofisiología del Hospital Universitario La Paz.


Aunque el sueño de los niños es una actividad cambiante que se modifica constantemente, Pilar Robles, del Servicio de Pediatría del Hospital Universitario Puerta de Hierro, advierte de que hay “síntomas clínicos de sospecha de déficit de sueño o de un sueño de mala calidad”.

Los síntomas mayores son la presencia de tres a cinco requerimientos de acción durante la noche, más de tres noches a la semana y varias semanas seguidas cuando el niño tiene más de un año; sospecha de somnolencia diurna excesiva en un niño de cinco años; dificultad creciente de despertarlo por las mañanas; estado de excesiva irritación al despertar; y latencia de sueño mayor de media hora de manera habitual.

Entre los síntomas calificados como menores, Robles señala las dificultades de concentración y memoria sin otra causa médica; el deterioro del rendimiento escolar; el incremento de irritabilidad o aparición de conductas agresivas; y el aumento espontáneo y voluntario del tiempo de sueño acompañado de mejoría de la conducta.

Diagnóstico de los trastornos respiratorios del sueño en el niño

Durante la mesa de debate, moderada por Olga de la Serna, vocal de Pediatría de Neumomadrid, se ha repasado el perfil clínico de estos trastornos, que pueden estar relacionados con hipertrofia adenoamigdalar (amigdalitis) –la causa más común de SAHS–, obesidad, síndrome de Down, alteraciones craneofaciales o presencia de enfermedades neuromusculares, así como los datos de exploración más significativos.

“Hay un escalón de pruebas que permiten una primera aproximación, como los cuestionarios clínicos y estudios de video o audio, que ayudan, junto con la historia y la exploración física, a orientar la necesidad de más pruebas complementarias desde determinados ámbitos, como la Atención Primaria”, detalla Albi.

El objetivo del diagnóstico es confirmar y cuantificar la presencia de eventos respiratorios (apneas/hipopneas) y su repercusión. “La prueba diagnóstica de referencia es la polisomnografía, un estudio reglado realizado en un laboratorio de sueño donde, además de parámetros cardiorrespiratorios, se valoran parámetros neurofisiológicos”, indica la especialista del Hospital Infanta Leonor.

En concreto, según explica Milagros Merino, del Servicio de Neurofisiología del Hospital Universitario La Paz, “los estudios  polisomnográficos son una herramienta esencial para que el médico especialista en sueño realice el diagnóstico e inicie el tratamiento especifico”.  El término  se refiere al registro,  el análisis y la interpretación de las diferentes variables registradas simultáneamente. Las señales típicas (aunque pueden ser más) incluyen el electroencefalograma (EEG), el electromiograma en músculos de mentón (EMG), el electrooculograma (EOG), el electrocardiograma (ECG) y señales respiratorias, en la actualidad almacenadas digitalmente.

“Los médicos y los técnicos deben comprender los principios subyacentes de las diferentes señales y conocer los conceptos eléctricos básicos, la función de los amplificadores diferenciales y el uso de filtros. Además, deben tener experiencia en las reglas técnicas básicas para la evaluación de los estudios polisomnográficos, que permiten registrar estas variables de forma estandarizada. Las señales fisiológicas registradas durante la prueba representan potenciales bioeléctricos procedentes de diversas fuentes del cuerpo humano y estas señales se transforman en potenciales, cuyas características están descritas”, concluye Merino.

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