La intervención se realizó hace siete meses y la paciente, con resistencia a los fármacos, ha mejorado los delirios y empezado a relacionarse con su entorno



30 jun. 2015 19:04H
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Redacción. Barcelona
Tratar la esquizofrenia, por primera vez en el mundo, con el mismo sistema que lleva aplicando desde hace 15 años en pacientes con párkinson y, posteriormente, en los que padecen depresión: la estimulación cerebral profunda (ECP). Quien lo ha hecho ha sido el Hospital Sant Pau de Barcelona, que llevó a cabo dicha intervención en diciembre de 2014, y a día de hoy los síntomas de la enfermedad se han reducido. 

Juan Molet, director de Neurocirugía del Sant Pau; Iluminada Corripio, médico adjunta de Psiquiatría; y Enric Álvarez, director de Psiquiatría.

La paciente, de 47 años y con esquizofrenia paranoide desde hace 20, con resistencia a los tratamientos farmacológicos, “ha mejorado los delirios y ya ha empezado a relacionarse con su entorno” tras un largo periodo de reclusión en su casa y aislamiento social, ha señalado la médico adjunta de Psiquiatría, Iluminada Corripio.

La intervención tuvo lugar en diciembre de 2014 y consistió en implantarle en el cerebro dos electrodos que liberan estímulos eléctricos para modificar la función cerebral afectada, lo que puede regularse mediante un pequeño marcapasos. Mientras que la paciente tuvo que ser hospitalizada hasta tres veces en el año anterior a la intervención, desde entonces “no ha tenido ninguna recaída y las paranoias prácticamente han desaparecido”, ha subrayado Corripio.

La experiencia “ha sido esencial”

El centro ha intervenido ya a dos pacientes más, aunque no se han dado resultados porque “es demasiado pronto” y prevé operar a otros cinco entre este año y el próximo. En cuanto a la trayectoria, desde que se empezase a aplicar la ECP en párkinson y depresión, “ha sido esencial” para dar el salto a la esquizofrenia, han señalado el director de Psiquiatría, Enric Álvarez, y el de Neurocirugía, Joan Molet. Asimismo, han destacado que esta patología presenta unas tasas de resistencia de hasta el 40 por ciento y requiere, por ello, de nuevas alternativas a los fármacos.

La intervención, que cuesta unos 60.000 euros, dura unas ocho horas y requiere anestesia general y una semana de postoperatorio. Luego “los pacientes pueden hacer vida normal y centrarse en el tratamiento para recuperar los años perdidos”, ha dicho Molet, porque la terapia farmacológica es la misma que antes de la intervención, por no poder atribuirse la respuesta exclusivamente al neurotransmisor implantado.
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