Redacción Médica
21 de julio de 2018 | Actualizado: Sábado a las 12:00

El Clínico de Valladolid ‘televigila’ a un paciente con desfibrilador subcutáneo

Es pionero en España en la instalación de un dispositivo con seguimiento remoto

Martes, 02 de febrero de 2016, a las 09:17
Sandra Melgarejo / Imagen: Miguel Fernández de Vega. Valladolid
El Hospital Clínico Universitario de Valladolid ha sido uno de los primeros centros de nuestro país que ha implantado a un paciente un desfibrilador subcutáneo con seguimiento remoto. “Ser pioneros en técnicas diagnósticas y terapéuticas demuestra que queremos seguir avanzando en el cuidado de la gente. Nos planteamos retos terapéuticos que no tienen solución con las técnicas actuales e intentamos resolverlos”, afirma José Alberto San Román, jefe del Servicio de Cardiología del centro vallisoletano.
 

San Román habla sobre la importancia de ser un hospital pionero.

Así, la colocación del Emblem S-ICD –una versión mejorada de la primera generación de desfibriladores subcutáneos desarrollada por Boston Scientific– responde a un problema clínico concreto: el caso de un paciente de 30 años con síndrome de Brugada (una enfermedad hereditaria que ha causado cuatro muertes súbitas en su familia), a quien se le ha implantado el dispositivo como prevención primaria tras sufrir dos infecciones con el desfibrilador endovenoso convencional.
 
Y es que, precisamente, una de las principales ventajas del desfibrilador subcutáneo es que se implanta sin necesidad de introducir cables en el sistema vascular, lo que reduce complicaciones. “Los cables plantean dos problemas: en cinco años, un 20 por ciento se degenera y cambiarlos es un procedimiento que tiene una morbimortalidad asociada; el segundo problema es la incidencia de infecciones, que alcanza el dos por ciento y que no se controla fácilmente, pudiendo transmitirse hasta el corazón”, explica Jerónimo Rubio, responsable de la Unidad de Arritmias y Estimulación del Servicio de Cardiología.
 
Además, esta última generación aporta nuevas ventajas: la duración de la batería es mayor, lo que permite cambiarla cada siete años, reduciendo así la exposición del paciente a intervenciones quirúrgicas; y es más pequeño, por lo que mejora la comodidad del paciente y el resultado estético.
 
Pero el aspecto más revolucionario es el novedoso sistema de seguimiento remoto. “Gracias a la televigilancia recibimos registros y revisiones del generador de forma continua. Así nos damos cuenta muy pronto de si tiene alguna alteración, mientras que las revisiones convencionales son cada seis meses o cada año y no se sabe lo que sucede entre una y otra”, detalla Rubio.
 

Rubio detalla cómo es la última generación de desfibriladores subcutáneos.

El especialista indica que “al paciente puede causarle cierta inquietud que el médico no le vea por protocolo, sino porque realmente lo necesite”. “Tiene que percibir que está vigilado, así que hemos creado una consulta específica que revisa la monitorización de internet, se comunica de forma telefónica con el paciente y le manda una carta cada tres o seis meses diciéndole que se le ha revisado y está bien. La aceptación ha sido excelente y, teniendo en cuenta la extensión de la población de referencia, ahorramos dinero y tiempo al sistema sanitario público”, comenta Rubio.
 
Prevención de la muerte súbita
 
Aunque cada vez se identifica mejor a los pacientes con alto riesgo de muerte súbita, el responsable de la Unidad de Arritmias y Estimulación del Clínico de Valladolid considera que hay que afinar: “El 65 por ciento de los desfibriladores se implantan por prevención primaria y solo llega a utilizarse en torno al 20 o 25 por ciento”. En su opinión, “la medida más eficaz y eficiente para prevenir la muerte súbita es educar a la población en reanimación cardiaca”.
 
Por su parte, San Román destaca “el compromiso y el entusiasmo de los profesionales que trabajan en el servicio”, que han conseguido posicionar al Clínico de Valladolid en los primeros puestos de la Cardiología mundial: “La clave son las personas, el apoyo de la Gerencia y la Consejería de Sanidad de Castilla y León, y la colaboración de la industria”.