21 nov 2018 | Actualizado: 13:15

Duran-Cantolla lidera un estudio que revela la relación entre apnea e hipertensión

El especialista de Txagorritxu asegura que su tratamientoo mejora la presión arterial

Martes, 11 de enero de 2011, a las 18:23

Redacción. Guipúzcoa

Tan solo entre el 10 y el 15 por ciento de los casos de apnea del sueño estan diagnosticados y tratados. Y es que, según un estudio publicado en el último número de la revista British Medical Journal y liderado por el responsable de la Unidad de Trastornos del Sueño del Hospital Txagorritxu de Vitoria, Joaquín Durán-Cantolla, al menos dos de cada tres pacientes que ronca y tiene hipertensión padecen sin saberlo esta enfermedad.

Joaquín Durán-Cantolla.

La apnea de sueño es una enfermedad muy frecuente que afecta al 25% de la población en sus formas leves y moderadas, y en torno al 3-6% en sus formas más graves. El tratamiento más importante para esta patología es la máquina de CPAP (del inglés: Continous Positive Airway Pressure), un aparato que suministra al paciente una presión a través de una mascarilla colocada en su nariz. Este tratamiento ha demostrado ser muy eficaz y lo siguen millones de personas en todo el mundo.

De hecho, se estima que en España hay más de 400.000 máquinas de CPAP que son usadas cada noche por los pacientes con apnea del sueño. De ahí , que los investigadores se planteasen estudiar si podría ser también un tratamiento adecuado para reducir los valores de presión arterial.

“En los últimos años se ha venido demostrando que la apnea de sueño es una causa importante de hipertensión arterial. Por lo tanto, si el tratamiento con CPAP reduce las cifras de presión arterial en pacientes con hipertensión estaríamos demostrando que la CPAP podría ser un tratamiento indicado en estos pacientes aunque no tuvieran síntomas. Diferentes estudios realizados con pequeñas muestras de pacientes sugieren esta posibilidad pero muchos de ellos tenían problemas metodológicos y los resultados no fueron concluyentes”, explica Durán-Cantolla.

En esta línea el Grupo Español del Sueño dirigido por este investigador se planteó realizar un estudio que incluyera un importante número de pacientes con hipertensión arterial recién diagnosticada por su médico de cabecera y que, además, tuvieran apneas en el sueño.

El objetivo era demostrar que el tratamiento con CPAP era capaz de reducir las cifras de presión arterial en comparación con la administración de un placebo (un aparato en todo igual a la CPAP pero que no suministraba ninguna presión). Joaquín Durán-Cantolla, como líder del grupo, incluyó 11 hospitales en todo el territorio nacional y se reclutaron un total de 340 pacientes (el 64% tenían apnea del sueño). A todos los pacientes se les estudió la presión arterial mediante el empleo de un monitor que tomaba la presión arterial a lo largo de 24 horas cada 15 minutos durante el día y cada 30 minutos durante la noche.

“Ello nos permitió disponer de múltiples medidas de presión arterial tanto de día como de noche. Además, a todos los pacientes se les realizó un estudio completo de sueño para estudiar sus apneas. Ambos grupos (CPAP y placebo) fueron seguidos durante tres meses momento en el cual se repitieron las medidas de presión arterial durante 24 horas”.

El estudio demostró de manera clara que en el grupo de pacientes tratado con CPAP, comparado con el grupo tratado con placebo, la presión arterial se redujo una media de unos 2 mm Hg. Esta reducción fue mayor para los pacientes que usaban la máquina de CPAP más horas durante la noche y en algunos casos superó la cifra de 4 mm Hg. Una reducción de 2-4 mm Hg es capaz de disminuir el riesgo de enfermedad coronaria o cerebrovascular de hasta un 25 por ciento en los próximos 5 años.

En base a estos resultados, los investigadores concluyeron que el tratamiento con CPAP reduce las cifras de presión arterial en torno a unos 2 mm Hg, evitando la aparición de complicaciones cardiovasculares y que, por lo tanto, el tratamiento con CPAP debería ser considerado como una opción de tratamiento para pacientes con hipertensión arterial y apneas del sueño aunque no tengan síntomas de somnolencia.