18 nov 2018 | Actualizado: 19:00
La Revista

La consulta, el último campo de batalla contra las pseudociencias

Cuatro profesionales relatan su lucha contra las pseudociencias y las dificultades que han encontrado para denunciar

La consulta, el último campo de batalla contra las pseudociencias
sáb 01 abril 2017. 20.00H
Carlos Corominas
"He tenido un caso la semana pasada: paciente joven, de 40 años, con un cáncer de mama agresivo que está haciendo una quimioterapia con intención preoperatoria, que sabemos que es un tratamiento que favorece o lleva a la curación, y que a mitad de un tratamiento con una muy buena respuesta a la enfermedad lo deja porque ha decidido hacer más caso de la sensación interior de su cuerpo y porque un médico o un pseudomédico le ha dicho que puede dejarlo porque le va a dar dosis altas de Vitamina C". Para Miguel Ángel Seguí, portavoz de la Sociedad Española de Oncología Médica y oncólogo en el hospital Parc Taulí de Sabadell (Barcelona), no es raro encontrarse casos así. Dice que todas las semanas se encuentra con varios: "Nuestro consejo es que no dejen los tratamientos correctos y que tenga en cuenta que muchos de estas terapias alternativas pueden interferir en los que estamos haciendo".

Es solo un ejemplo de la situación a la que se enfrentan los médicos que combaten a las pseudociencias desde la consulta. "Es cierto que en casos de cáncer, cuando un paciente fallece, es muy relativo decir si ha sido por la enfermedad, por no haber hecho el tratamiento o por la terapia alternativa", dice Seguí, pero alerta: "Lo que sí es evidente es que se pierden oportunidades de curación o de mejoría".

Miguel Ángel Seguí, oncólogo en el hospital Parc Taulí de Sabadell.

Cuenta otro caso: "Mujer joven, tumoración mamaria, diagnóstico de cáncer de mama, rechazo inicial del tratamiento, tratamiento alternativo y aparecer a los tres años con metástatis cerebral en una situación irresoluble".

Se ha encontrado otros casos en los que a los pocos meses de abandonar un tratamiento por la recomendación de un charlatán, el paciente vuelve a la consulta y le dice: "Doctor, estoy mejor que nunca". Para Seguí es una situación especialmente dolorosa: "Ellos te dicen que se encuentran bien, pero tú les ves mucho peor, aunque, eso sí, te piden una prueba porque su homeópata o su 'lo-que-sea' quiere que se la haga". En estos casso relata haber llegado a situación muy complicadas al entrar en conflicto con el paciente. "Lo normal es que acabes haciendo la prueba y el paciente vuelva a desaparecer", reconoce.

Para Seguí, el problema a la hora de denunciar estas prácticas es que "en la mayoría de las pseudociencias no hay definición de qué es y qué no es delito". Además, cuando el enfermo no se siente engañado, choca con la autonomía del paciente: "Yo puedo pensar que le está estafando, pero eso no está delimitado por la ley. Puedo denunciar al médico, si es que lo es, porque está haciendo mala praxis, pero es una denuncia deontológica porque no está establecido como delito decir que la quimioterapia es mala y que la Vitamina C en altas dosis es buena".

Sustancias dañinas

Un caso similar se encontró Javier Padilla, médico de Familia. Se trataba de un paciente con un cáncer que había derivado en metástasis al cerebro: "Le habían recomendado quimio, pero tenía muchas dudas porque estaba muy decidido a tomar MMS". ¿Qué es MMS? Son las siglas de Solución Mineral Milagrosa, dióxido de cloro, que se ingiere como una bebida. "Básicamente es una lejía", explica Padilla.

La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) emitió una alerta en 2010 para ordenar su retirada diciendo que si se administraba siguiendo las instrucciones de quienes lo recomiendan "produce efectos adversos que pueden ser graves". Dolor abdominal, nauseas, vómitos, diarrea, intoxicaciones, fallo renal y metahemoglobinemia son las consecuencias que la Aemps asociada a la ingesta de la MMS. Además, apuntaba un caso en el que las autoridades sanitarias canadienses habían constatado dos casos graves, uno de ellos puso en peligro la vida del paciente. A pesar de la prohibición, el remedio se puede conseguir mediante algunas web y de manera clandestina. 

Javier Padilla, médico de Familia.

La paciente, que finalmente falleció, llegó a una especia de acuerdo con su familia: ella seguía con la quimio, pero a cambio la dejaban tranquila para seguir con la MMS. Padilla relata que todo lo que pudo hacer en este fue reducción de daños: "Renuncié por completo a lo que sería mi postura oficial de decirle que no lo tomara de ninguna manera y traté de darle la mejor información sobre efectos secundarios y rogarle que no abandonara la quimio".

Para Padilla, existe una diferencia entre sustacias como el MMS y la homeopatía, que no curo, pero es inocua: "Si se cura el cáncer tomando homeopatía y quimio y le otorga el mérito a la homeopatía al menos la salud está protegida".

El problema que se encontró a la hora de hacer una posible denuncia era a quién atribuir la responsabilidad: al paciente le habían recomendado la Solución Mineral Milagrosa unas amigas y se la conseguía "un amigo de un amigo de un amigo" sin que llegara a decirle el nombre nunca.

MMS y niños

Rubén Pérez es neuropsicólogo clínico y director asistencial de Nepsa Rehabilitación Neurológica. Aunque habitualmente trata pacientes con ictus que "no se andan con tonterías", sí se ha topado con otro tipo de casos en los que los enfermos sucumben a las pseudociencias. Recuerda el de "un niño pequeño cuya familia había recurrido a esto que llaman MMS, que es una lejía muy cara". El paciente tenía un problema neuropediátrico que, según las páginas web a través de las que la familia conseguía el producto, podía curarse con MMS. "Es algo completamente imposible porque era un trastorno del desarrollo", explica Pérez, que añade: "El cerebro se ha formado de forma diferente y eso no va cambiar, no tiene solución posible".

¿Por qué no se pueden hacer denuncias anónimas?
Entre la maraña de cuestiones legales a las que se enfrentan los médicos cuando se topan con un caso de pseudociencias una de las que más les atan las manos es la confidencialidad de la consulta, un pacto sagrado con el paciente por el que el profesional no puede revelar nada de lo que este le haya contado. No obstante, los médicos no pueden hacer denuncias anónimas a otros colegiados sin pruebas. "En nuestro ordenamiento jurídico no está contemplada la denuncia anónima salvo en cuestiones tributarias", explica el abogado Fernando Frías. La justificación pasa en evitar casos de revanchismos y venganzas personales. De la misma manera, el buzón del recién estrenado Observatorio contra las Pseudociencias de la Organización Médica Colegial tampoco admite el anonimato. Esta herramienta permite a cualquier persona, sea profesional o no, registrar una denuncia contra un profesional que práctica pseudociencias en la que se debe rellenar un formulario con todos los datos de contacto.  "Es un tema serio y el que quiera hacer una denuncia debe asumir que es un afectado y que es un testigo", explica Vicente Baos, miembro de este Observatorio, que añade: "Las denuncias anónimas pueden ser verdad o mentira y no tienen ningún fundamento".
Durante el tiempo que trató a este niño, Pérez tuvo la sensación de estar enfrentándose a una especie de secta: "Les tenían adoctrinados y les decían que no se aprobaba la MMS por una conspiración de las farmacéuticas porque es muy barato". Finalmente, el niño dejó de ser su paciente y Pérez se lamenta por si tendría que haberlo denunciado: "Te hace plantearte si tienes que llevarlo a servicios sociales, si vas a meter en un lío a la familia o a lo mejor lo ideal habría sido consultar qué hacer en este caso".

El abogado Fernando Frías señala que "en teoría pueden denunciar, pero en la práctica es muy difícil". Al tratarse de un medicamento prohibido podría acudirse a Servicios Sociales e incluso a la fiscalía, pero "es muy difícil que este tipo de denuncias prosperen porque no basta con denunciarlo si no que hay que conseguir pruebas y que la fiscalía sepa cómo manejarlo".

Estafas

¿Qué ganan quienes recomiendan este tipo de prácticas? En ocasiones son verdaderos convencidos; en otros casos, dinero. Vicente Baos, médico de Familia y miembro del recién creado Observatorio contra las Pseudociencias de la Organización Médica Colegial, relata el caso de una paciente con una enfermedad neurológica que había acudido previamente a una clínica a tratarse con una terapia con células madre. "Llevaba gastados más de 3.000 euros en inyecciones de algo que era falso".

Baos quiso denunciar, pero "a la mujer le daba miedo y no quería meterse en líos". En ese momento, el médico se vio con las manos atadas al no disponer de pruebas ni testigos para acusar a este otro colega que estaba colegiado en Madrid. "Además, era algo que me había dicho en la consulta y un médico no puede decir nada de lo que le diga el paciente sin su permiso", explica. 

Sobre quién debe velar por que no se engañe a los pacientes, Baos lo tiene claro: "No sé a qué esperan todos los inspectores de las comunidades autónomas a ir calle por calle a revisar todos los centros que tienen autorizados como sanitarios". El Real Decreto que regula la autorización de centros, servicios y establecimientos sanitarios, establece que estos deben contar con los profesionales sanitarios que realizan las actividades que tienen autorizadas y sólo estos podrán publicitarse como tales.

Preguntado al respecto, el Ministerio de Sanidad se remite al Real Decreto de ordenación de profesiones sanitarias y estima que "tales actividades solo pueden realizarse en centros sanitarios autorizados". Además, insta a denunciar si alguien es conocedor de algún caso de mala praxis, sea del tipo que sea. 
 
Para Elena Campos, presidenta de la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas (Apetp), la legislación actual debería ser suficiente si se cumpliera. "El problema es que no se aplica ni se inspecciona lo suficiente", critica y apunta a la Dirección General de Salud Pública, las comunidades autónomas y los ayuntamientos. La primera, por tener que velar por la salud pública de la ciudadanía; las autonomías "que son las que dan las licencias y deberían regular que se cumplen los requisitos"; y los consistorios que debería "vigilar que quienes trabajan ahí son sanitarios".

La Asociación Nacional de Profesionales y Autónomos de las Terapias Naturales (Cofenat) con más de 10.500 socios pide más regulación para los centros donde se practican estas terapias. "No son establecimientos sanitarios", indica su presidente, Roberto San Antonio, que dice que "la publicidad debe ser veraz, no llevar a engaños al ciudadano y que haya hojas informativas en las que el ciudadano firme que sabe que va a recibir una técnica que en ningún caso sustituye al tratamiento médico".
 
Para Campos, científica de formación, existen dos tipos de delitos que en ocasiones se entremezclan: el intrusismo de quienes se dicen médicos sin estar colegiados y la publicidad engañosa de quienes, aunque sean sanitarios, ofertan algo que no tiene ninguna evidencia. "Si lo oferta un profesional que debe estar formado para identificarlo como pseudociencia, entonces es una estafa", concluye.

La batalla contra las pseoduciencias también se libra en la consulta. Mientras afectados y colectivos piden que se cumpla la normativa, los médicos que se ven forzados a rebatir argumentos de charlatanes y chamanes que no hacen sino interferir en los tratamientos, convencer al paciente de que abandone una terapia basada en la evidencia o recetar sustancias que son perjudiciales para la salud.
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