20 de julio de 2018 | Actualizado: Viernes a las 18:30

Comín, ¿próxima estación?: Ada Colau

El consejero de Salud catalán está comenzando su enésimo viraje político para situarse en la órbita de En Comú Podem

Comín, ¿próxima estación?: Ada Colau
Antoni Comín, consejero de Salud catalán, junto a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.
Redacción
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Sábado, 19 de noviembre de 2016, a las 20:00
¿Se imagina que en las próximas elecciones a la Generalitat de Catalunya la alcaldesa de Barcelona Ada Colau decidiera presentarse para ser ‘honorable president’? Pues eso es algo que Antoni Comín ya previó hace tiempo, y en ese tablero el actual consejero de Salud se ve como su sustituto en la Alcaldía de la Ciudad Condal. Sería su enésima mudanza política, pero vistos sus últimos movimientos, está dispuesto a hacerlo.

Dicen de Comín quienes mejor le conocen, quien ha trabajado con él o ha militado en círculos políticos cercanos, que su mayor habilidad es oler, anticiparse a lo que va a pasar en el panorama político a unos meses o años vista. Su formación como politólogo y su olfato le han permitido sobrevivir a hundimientos históricos como el del Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC).

Con 45 años en su DNI, la militancia política de Comín ha mutado desde sus raíces familiares ligadas al comunismo del PSUC, formación por la que su padre Alfons fue elegido diputado autonómico en 1980, en la primera legislatura de Jordi Pujol. Como el futuro del PSUC no era muy halagüeño (terminó por desaparecer a finales de los años 80) el actual consejero evolucionó políticamente y entró a formar parte de Ciutadans pel Canvi (CpC), una plataforma cívico-política que emergió a finales del siglo pasado para dar apoyo a la candidatura del socialista Pasqual Maragall a la presidencia de la Generalitat.

Enrolado en este barco entró en el Parlament, donde fue de los diputados que sustentaron los dos ejecutivos del llamado ‘tripartito’, en los que PSC, ERC e Iniciativa per Catalunya dieron estabilidad a Maragall y a su sucesor, José Montilla, al frente del Govern. Pero aquello acabó con debacle socialista en las urnas en las elecciones de 2010, y con el tripartito disuelto días antes de concurrir a los comicios.

El tránsito a ERC

Comín, durante un mítin de Esquerra Republicana.

Después de salir del Parlament, Comín siguió en Ciutadans pel Canvi (CpC), que acabó por disolverse en diciembre de 2011. Fue entonces cuando se afilió al PSC, formación que abandonaría definitivamente en marzo de 2014 tras discrepar de la postura del partido -liderado aquellos días por Pere Navarro-- sobre el 9N. Para entonces ya estaba ‘en conversaciones’ para dar el salto al entorno de ERC. De hecho, rechazó ir en la lista de esta formación a las elecciones europeas, intentando escenificar que no buscaba “conseguir un cargo”, pero avanzó que estrecharía lazos con ERC.

Este acercamiento a los republicanos se materializó en las elecciones al Parlament del 27 de septiembre de 2015, cuando fue número tres por ERC en la candidatura de Junt pel Sí, un paso que en enero le llevó a asumir una de las consejerías de más peso del Govern, la de Salud. Dice mucho de él como político que haya llegado a este cargo sin tener una formación sanitaria previa, convirtiéndose en el primer consejero de la Democracia que no era médico, un requisito que cumplieron todos sus antecesores: Boi Ruiz, Marina Geli, Xavier Pomés, Eduard Rius, Xavier Trias, Josep Laporte y Ramon Espasa.

Y es que precisamente Salud es un departamento que Comín siempre vio con un potencial político muy grande para mostrar al electorado su vertiente social, humanista, aquella que se fraguó en el comunismo, en el marxismo, en el republicanismo y el sentimiento catalanista del PSUC. Sus cimientos como se ve, casan con los fundacionales, de “rebelión democrática” y “reapropiarnos de las instituciones”, que hicieron públicos en junio de 2014 la entonces activista Ada Colau, el abogado Jaume Asens y el catedrático Joan Subirats, en su presentación en sociedad de Barcelona En Comú, que ante su éxito ha derivado en un proyecto más ambicioso, En Comú Podem, que ha llegado a obtener representación en el Congreso de los Diputados en las últimas Elecciones Generales.

Una buena relación personal

El sueño de ser alcalde de Barcelona se le fue fraguando desde pequeño, cuando veía y vivía con intensidad la política y la filosofía en casa, de la mano de sus padres y de sus tíos. Y ahora cree que puede ser el sustituto en la alcaldía viendo que Colau escalará un peldaño en sus aspiraciones políticas. Así lo confirmó el portavoz de En Comú Podem, Xavier Domènech, en enero al señalar que veía a la alcaldesa “protagonizando cambios a todos los niveles” ya que su proyección “va más allá de Barcelona”.

Comín y Colau dieron muestra de su buena sintonía en la firma de un acuerdo
el pasado mes de julio.

El acercamiento de Comín a la actual regidora municipal está siendo progresivo, y por varias vías. Amistades comunes transmiten mensajes del viraje hacia un acento más social en las formas políticas del consejero. Y él también ha tenido la oportunidad de dejar esa impresión en primera persona. En julio de este año ambos se sentaban ante los medios para sellar el acuerdo entre las instituciones que lideran. “Tenemos que ser capaces de luchar contra las causas de las desigualdades en salud pero también contra las consecuencias”, puso el capote Comín, y encontró la sintonía de Colau: “Las desigualdades tienen un impacto directo en la salud”, señalaba, al tiempo que dejaba entrever la importancia de lo sellado con el consejero, añadiendo que “estamos ante uno de los principales acuerdos de mandato para una de las prioridades evidentes de la ciudadanía: la salud”. Ambos se mostraron sonrientes y cómplices en la comparecencia.Y es que los dos ven la política sanitaria desde una óptica social, con el foco muy puesto sobre la vertiente comunitaria. Y Comín está jugando esa baza para acercarse a ella y ganar su confianza.

Tal vez por eso está dando una visibilidad especial a las acciones que toma desde la Consejería que son especialmente del gusto de Colau. Hace apenas un mes anunciaba a bombo y platillo una medida que él mismo se encargó de remarcar que era pionera en Europa: en el sistema catalán ya no será necesario acreditar un trastorno psiquiátrico para someterse a cambio de sexo, algo que en sus palabras significaba que se “despatologiza” la transexualidad. Días después algún medio local señalaba que el consejero incluso había pagado publirreportajes en medios afines para publicitar con especial énfasis, y sin interferencias periodísticas, su logro.

Otro de las banderas que ha enarbolado Comín estos meses como consejero es la de lo que él mismo ha llamado “desprivatización”, que no es otra cosa que la ruptura con el modelo tradicional catalán de concertación con la privada, arraigado y alabado hasta ahora desde casi cualquier perspectiva política, incluida la del PSC. En el seno de la Consejería se comenta que es un peaje que le impone la formación antisistema CUP, socia del Govern de Junts pel Sí, aunque lo cierto es que Comín está tratando de instrumentalizar el propósito más allá, haciéndolo coincidir una vez más con el ideario que maneja Colau y su entorno.

Hace apenas 10 días hacía un guiño a la alcaldesa anunciando públicamente su decisión de “desprivatizar” la atención sanitaria domiciliaria en el área de Barcelona, atendida desde hace 22 años por una empresa concesionaria, SARDomus, y destinar los 2,4 millones de euros del servicio al Instituto Catalán de la Salud (ICS) para que preste directamente este servicio. Colau ha hecho algo parecido con la asistencia sanitaria de mutuas a la que tenían derecho los funcionarios municipales.

Pero precisamente está siendo esta ‘cruzada desprivatizadora’ la que le ha llevado a enredarse en una maraña de contradicciones que está sacando a la luz, en el ámbito privado y en el público, la peor versión de Comín. Y es que el consejero creyó que las aguas se separarían a su paso al sacar de la red pública la concertación del Hospital del Vallés y del General de Catalunya, propiedades de Quironsalud. Alcaldes de las zonas afectadas, e incluso compañeros de filas en Junts pel Sí la han afeado el fondo, y también las formas. ¿La respuesta de Comín? Amenazar. Lo hizo con la portavoz de Salud de su formación, Montserrat Candini, a quien pidió “rectificar” o que dejara la portavocía de temas sanitarios en el Parlament. Hasta que esta semana le retorció el brazo y le hizo mentir, obligándola a señalar que sus palabras iniciales se habían malinterpretado por la prensa (ha tardado casi un mes en darse cuenta).

También amenazó soterradamente a Quironsalud, esta vez recurriendo a la versión más leninista de la CUP, que puso sobre la mesa de la opinión pública la posibilidad de nacionalizar el Hospital General ‘por las bravas’, alegando que ya estaba pagado con el dinero de los conciertos de los años anteriores.
muy activo cuando se cambia la chaqueta

Comín, durante la rueda de prensa de presentación
de la asociación en 2013.

A Antoni Comín no le duelen prendas para dar portazos en público cuando abandona una posición política y escenifica con grandilocuencia sus virajes ideológicos. Lo hizo con especial énfasis cuando saltó del barco del PSC y creó en 2013 la asociación Socialisme, Catalunya i Llibertat (en ese proyecto también estuvo David Elvira, hoy gerente del CatSalut). Entonces se puso al frente, y ofreció ruedas de prensa en las que no dudó mostrarse como el líder de un movimiento que apostaba claramente por la consulta catalana. Así se ganó el acercamiento a ERC y la confianza de Oriol Junqueras.

La peor versión de Comín

Si cuando se ve cerca de su sueño de ser alcalde de Barcelona se puede ver al mejor Comín, sonriente, cautivador, cercano con los periodistas (incluso los díscolos), cuando las cosas se le tuercen sale su lado oscuro. Con las trabas de alcaldes y compañeros ante su intención con el Hospital General está viviendo sus peores días. Dicen que en su despacho se han escuchado voces más altas de lo normal, e incluso el impacto de algún objeto contra el suelo o la pared. No entiende que no se haga lo que manda, le está pudiendo la impaciencia. Está obcecado y no sé da cuenta que la gente que le rodea en el sistema de salud catalán necesita argumentos y planificación para creer en los proyectos.

Uno de los críticos es el alcalde de Castellbisbal, Joan Playà, que explica a Juanma Fernández, de Redacción Médica, cómo Comín se salta a la torera cualquier planificación: “Llevamos diez años esperando un hospital que teóricamente se iba a construir nuevo; ahora vemos que habían cambiado de opinión y que han fulminado el Plan sanitario que había para la comarca sin contar con los municipios”. Su homóloga de Sant Cugat del Vallès, Mercè Conesa, apenas aguantó “6 minutos” en una reunión con el consejero y salió visiblemente enfadada, según presenciaron varios representantes del hospital que fueron testigos.

Pero Comín está inmerso en una huida hacia adelante en este tema. No le importa reconocer en el Parlament incluso que ofreció 50 millones de euros por el Hospital General sin saber su precio real. Ahora ya habla de auditorías y ha filtrado a la prensa afín un plan para que el centro sea un referente en la zona de tratamientos de continuidad, intentando calmar así los ánimos de una población que ve al consejero como un elefante que entra distraído en una tienda de Lladró.

Parece que el responsable sanitario no se ha enterado aún de que la salud es muy frágil, y que sus decisiones pueden ser muy graves. Por eso el presidente del Colegio de Médicos de Barcelona, Jaume Padrós, ha tenido que salir a la opinión pública para recordarle que “los sistemas sanitarios de los países más avanzados de Europa están centrando el debate, no en la titularidad de quién presta el servicio, sino en la calidad”. Por ahora parece cerrado en banda a escuchar opiniones que no marchan en el sentido de su senda, que no es otra que la de los titulares sensacionalistas que atraigan la atención de Ada Colau y que le permitan comenzar una nueva etapa política. Intuye el fin de Junts pel Sí, y ya va camino de su próxima estación.