Viajar a China en plena pandemia Covid: una "auténtica odisea"

Bitácora de un español en su regreso a Shanghái: cuarentena de 14 días en un hotel y pastillas de lejía para el WC

Viajar a China en plena pandemia Covid: una "auténtica odisea"
mar 10 noviembre 2020. 17.20H

Las tornas han cambiado. Mientras varios países europeos se enfrentan a una segunda ola de contagios Covid-19, China vuelve poco a poco a la normalidad. El país de origen del virus ha pasado a ser un referente a la hora de frenar la curva de contagios locales gracias en buena parte, a sus estrictas medidas de seguridad. Tropezar dos veces con la misma piedra no es una opción para las autoridades chinas, que mantienen los accesos prácticamente blindados a los extranjeros, incluso para aquellos que residen dentro de su territorio. Traspasar sus fronteras, se ha convertido, por tanto en "toda una odisea" para los que vienen de fuera. 

Así lo explicaba este viajero español, cuya intención era volver a su ciudad de residencia, Shanghái, tras pasar unas semanas en España por "temas familiares". Lo que no se imaginaba era todas las peripecias que viviría en el camino. 

"Vivo en Shanghái, China. En el país que ha logrado contener el virus y en donde la vida ha vuelto a la normalidad. Por razones familiares, he pasado unas semanas en Madrid. ESTA ES LA HISTORIA DE MI VUELTA A CHINA. Para alucinar". Así comenzaba el relato viral de este usuario, conocido en como Nyscalo en Twitter, que ya ha conseguido  'enganchar' a más de 52.400 internautas. 




Las primeras restricciones llegan incluso antes de despegar. Y es que para poder volar a China es necesario "presentar una PCR realizada en las 72 horas previas con resultado negativo", y enviar "el informe del test a la Embajada china que lo devolverá sellado vía email". Una vez en tierra, los pasajeros deben abandonar el avión "en pequeños grupos". Un proceso que puede durar hasta "2 horas".

"Al poner un pie en el aeropuerto te das cuenta que has aterrizado en otro planeta", explicaba este usuario al ver las medidas de protección del personal. "Absolutamente todos visten con traje protector, capucha y escudo facial incluidos", lo cual hace que sea difícil diferenciar a la policía del personal sanitario.      

El silencio es otra de las cosas que más llamó su atención dentro de la terminal, a pesar de estar "llena de gente". Allí todo está organizado al milímetro para evitar el contagio, tanto "que comienzas a sentirte como una rata en un laboratorio", reconoce el viajero, al que se le practicaron dos PCR seguidas nada más aterrizar.  "Te sientas, te escanean el QR y comienza el tercio de las banderillas: ni Manolete las hincaba tan al fondo". 




Restricciones por el Covid-19 para viajar a España


Nada que ver con su viaje de ida en el que solo tuvo que "rellenar a mano un formulario en Barajas" para poder ingresar en España. Este tipo de diferencias entre ambos países explicarían por qué China, "un país tan grande", haya sido capaz de "contener el virus". 



Tanto ciudadanos chinos como extranjeros deben realizar cuarentena "vigilada" de 14 días a su llegada, generalmente en "hoteles acondicionados" cuya estancia corre a cargo de los propios viajeros. A Daniel Vinuesa, residente en la ciudad de Beijing, la cuarentena le costó 550 yuanes, unos 70 euros al día, incluyendo la comida. 

Su experiencia en un hotel de Tianjing fue muy similar. Hace tan solo unos días, enseñaba en sus redes cómo es caminar por uno de los pasillos de estos centros adaptados para las cuarentenas de los visitantes. 


Al llegar, los nuevos 'huéspedes' reciben el 'kit de bienvenida': "un termómetro y unas pastillas de lejía para que disuelvas en las heces antes de tirar de la cadena", detalla Nyscalo.

De hotel solo tiene la infraestructura, ya que está prohibido moverse por sus instalaciones y "no hay servicio de limpieza", relata Vinuesa.  Los recién llegados, por tanto, no pueden abandonar la habitación "bajo ningún concepto". Solo se les permite pedir "comida " como leche, galletas o pan de molde, más allá de la que proporciona el hotel, "pero nada que venga cocinado de un restaurante". ¿El objetivo? Evitar cualquier posible vía de contagio.  

Control de temperatura dos veces al día


El control durante el aislamiento es diario. "Cada día tienes que enviar a través de un QR tu temperatura corporal, a las 9 y a las 2". A veces, es el propio personal sanitario el que comprueba presencialmente que los huéspedes respetan el protocolo.

A pesar de su efectividad, el cuidado por parte de estos profesionales, es susceptible de mejora, opina Nyscalo, que asegura haber recibido un trato "aséptico" e incluso "rudo" en ocasiones. "Vinieron a meterme un bastoncillo en la boca pra otra prueba y por poco me hacen una traqueotomía". 

La precaución llega hasta tal punto que ni siquiera pueden hacer uso de objetos como cuchillos para "pelar la fruta", "por motivos de seguridad". Su condición de residente, le permitió pasar la segunda semana de cuarentena en casa, eso sí, vigilado las 24 horas a través de un sensor colocado en su puerta y una cámara de seguridad, además de un seguimiento médico diario. Previamente en la entrada, dos policías le leyeron sus obligaciones. "Comenzaba a sentirme como Al Capone", bromea al recordarlo. 

Gestión de la pandemia de Covid-19: China vs. Europa


Aún así, reconoce que el aislamiento domiciliario ha sido mucho más cómodo. "Podía pedir comida de fuera y el comité vecinal se encargaba de subírmela. Dos veces al día venía un médico a medirme la temperatura. Ni que decir tiene que mi mujer ha tenido que pasar esa semana en casa de una amiga", detalla. La "odisea" llegaba a su fin 14 días después, con una última PCR: que hizo que fuera "por fin libre". 

Su relato no ha pasado desapercibido entre la comunidad sanitaria. Algunos como Rubén, intensivista y jefe del Servicio de UCI en el Hospital Virgen de Arrixaca, ven en él una explicación clara de "por qué Europa fracasa en el control de la pandemia", cuando "la filosofía y los derechos individuales prevalecen sobre la salud pública". En el caso de España, el problema es mayor debido a la "falta de liderazgo", y el "guirigay de administraciones".  

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