23 de septiembre de 2017 | Actualizado: Viernes a las 21:10
LLEVA SEIS AÑOS PARTICIPANDO EN EL RALLY MÁS FAMOSO

Un enfermero español en el Dakar

El primer sanitario español en el rally Dakar cuenta en primera persona su aventura para ser parte de la carrera
Un enfermero español en el Dakar
Darío Rodríguez, durante la competición.
Marcos Domínguez
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Sábado, 18 de marzo de 2017, a las 20:00
Me llamo Darío Rodríguez, soy un enfermero de 41 años y me apasiona el mundo del motor desde que era adolescente, especialmente los rallys de aventura: soy un tipo de campo abierto. Trabajo en la UVI del Hospital Universitario de Ciudad Real y desde 2011 soy el primer y único sanitario español presente en el rally Dakar.

Ir a esta carrera era un sueño desde pequeño, así que, una vez encaminado profesionalmente, me decidí a postular. Debía llevar una baza ganadora, un perfil apto para que me eligieran, así que empecé a estudiar idiomas: primero el francés, idioma oficial del rally, luego el inglés y ahora comenzando con el italiano. Asimismo, me saqué el carné de conducir camiones y de autobuses y empecé en rallys pequeños, familiarizándome con los instrumentos de navegación, y es que los GPS que se utilizan en estas carreras son muy específicos.

Rodríguez, en su puesto de trabajo.

Cuando vi que podía ser un perfil óptimo para la organización, me decidí a mandar currículos. Esto fue en 2005, y al principio ni me contestaban. No cejé en mi empeño: cada año buscaba nuevos correos donde mandarlos. Fue en 2008 cuando me contestaron por primera vez, para decirme que los puestos estaban cubiertos pero guardaban mi currículum. Pese a la negativa, me hizo muchísima ilusión.

Y en 2010, por fin, la directora médica del rally me dijo que contaría conmigo para la siguiente edición. Aunque primero tendría que pasar por dos entrevistas. Ha sido el proceso de selección más duro al que me he tenido que enfrentar: llamaron a las empresas en las que había trabajado para preguntar por mí, y luego me presenté en París, frente a la directora médica y dos columnas de currículos de un metro de alto, en una entrevista en francés. Mi perseverancia es lo que más le gustó, así que pasé la prueba.

                                                    LAS ENTRAÑAS DE LA BESTIA
A Darío le encantaría dar el salto y hacer de piloto, pero “es muy difícil, hace falta mucho dinero”. Los presupuestos para correr una carrera de este tipo son muy altos. Pero el enfermero manchego se considera muy feliz en su posición, que además le ha servido para tener una visión más amplia del rally. “Marc Coma ha ganado cinco veces la carrera y ahora es director deportivo, con el que me llevo muy bien. Un día me dijo. ‘Darío, ni me imaginaba que esto [el rally] sería así, las entrañas de la bestia son infinitas’. Cuando eres piloto te levantas por la mañana y una persona te entrega un cartón con los horarios, y haces la carrera. Pero toda la organización que requiere que esta persona te entregue un cartón con los horarios la desconocen y es inmensa”. Vivir el Dakar de piloto no tiene nada que ver con conocer las entrañas de la carrera.

En mi primer Dakar, en el día dos de competición, me trajeron a un piloto de quad argentino, Ademar. Se había caído y tenía un traumatismo craneoencefálico grave. Estaba agitado y hubo que sedarle, su compromiso vital era muy alto. El jefe del campamento sanitario me dijo que lo llevara al hospital de Córdoba (Argentina). Era mi segundo día y tuve que llevarlo yo solo. Afortunadamente, todo salió bien.

Rodríguez, con el piloto español Carlos Sainz.

Recordaré siempre la edición de 2014, cuando viví uno de los momentos más duros. En Belén (también en Argentina), una zona con mucha duna y de altas temperaturas, se habían previsto unos 45 grados pero el termómetro subió hasta los 50. Las motos salían ardiendo, no corría nada de aire. Los pilotos se vieron sin agua y empezaron a apretar las balizas: en un momento teníamos 60 encendidas. El Gobierno argentino, que también hace el seguimiento de la carrera, se ofreció a ayudarnos. Empezamos a mandar helicópteros de aguadores. Cuando se nos acabó, fueron directos a las gasolineras para llevarse todo el líquido: agua, refrescos, zumos… En estas gasolineras, que estaban perdidas en medio de la nada, entendieron todo y nos dejaron llevarnos lo que necesitábamos. Aquel día hubo mucha tensión porque había mucha gente de la que no sabíamos nada.

CUALQUIERA DE MIS COMPAÑEROS ESTÁ A LA ALTURA DE LA CARRERA

En el Dakar hay unos 65 profesionales sanitarios, entre traumatólogos, anestesistas, radiólogos, urgencistas, fisioterapeutas, etc. Enfermeros seremos una cuarta parte del total, y casi todo el personal es francés. Contamos con entre tres y seis helicópteros medicalizados, cuando en Madrid hay dos y el Sescam tiene cuatro. Además, hay entre 10 y 14 vehículos todoterreno medicalizados, dos hospitales de campaña, etc. Un equipo de ensueño.

El enfermero, junto a Evo Morales, presidente de Bolivia.

He ido cambiando de roles dentro del rally. Antes formaba parte del equipo sanitario puro, que trabaja de forma subcontratada, pero desde la empresa organizadora del Dakar (Amaury Sports Organisation, ASO) pedían un sanitario en plantilla porque en los dos últimos años habían tenido problemas de salud. Querían alguien que hablara varios idiomas, tuviera experiencia en navegación GPS, condujera camiones… y ese era yo. Así que, desde 2013, estoy con el equipo de telecomunicaciones, que buscan emplazamientos para trabajar en la carrera.

Todas las habilidades que he ido adquiriendo en la carrera son muy aplicables a mi trabajo. Atendiendo a algún extranjero, se ha tranquilizado en cuanto le he hablado en su idioma. También he aprendido técnicas, formas de utilizar ciertas medicaciones… Nuestros compañeros franceses trabajan muy bien, pero he de decir que cualquiera de mis compañeros en el hospital podría hacer igual de bien que yo ese trabajo sanitario. Somos tan buenos como los franceses o ingleses.
                                               UN REVULSIVO PARA LATINOAMÉRICA
El primer enfermero español en el Dakar confiesa que se enamoró de la carrera cuando se desarrollaba en África, pero ésta se suspendió en 2008 por las amenazas del terrorismo: esta competición era un objetivo prioritario. Pese a todo, hay una parte positiva; “en Latinoamérica ha habido una inyección de moral y de pasión. Argentina, Bolivia, Perú… todos estos países pueden acoger un Dakar por sí solos, tienen desierto, selva y hasta glaciares”.

Además, es una gran publicidad. “Evo Morales, el presidente de Bolivia, es un tipo encantador que siempre viene a vernos. Nos dijo que en los tres años que el Dakar ha pasado por allí todo ha cambiado en el país y la demanda turística se ha multiplicado. ‘Por más estudios que he encargado, este cambio solo lo podemos atribuir a la visibilidad que nos ha dado la carrera’, me contaba”. Y es que se sigue en más de 160 países.