21 nov 2018 | Actualizado: 19:20
sáb 25 junio 2016. 20.00H
Juanma Fernández
“Fueron tres años en Portugal porque no había nada y ya llevaba diez meses en paro”. Son palabras que a su vez mezclan pasado y justificación, una ‘causa-efecto’ de la demanda judicial que ha emprendido este enfermero para que se le reconozca su estatus de indefinido no fijo. Él prefiere guardar el anonimato por posibles presiones en su centro de trabajo, un conocido hospital en el que lleva ocupando una interinidad en plaza vacante desde diciembre de 2010.

En su situación, que se alarga ya por seis años, reconoce que vive “sin posibilidad de finiquito” en un régimen “que no se puede alargar de por vida”. “Conozco compañeros que llevan doce y hasta dieciséis años en estas condiciones, y eso no puede ser”, añade. Y es que él, desde su regreso del país vecino en 2003, admite que “no he parado de trabajar”. Claro que este detalle no significa que haya vivido en un estado de  tranquilidad laboral. Todo lo contrario. En su trayectoria, ha tenido “hasta varios contratos de un día”.

Fue una noticia en la prensa lo que le permitió abrir los ojos hacia una posibilidad. Sus motivos son el propio contexto del país, que se suma al estrés que reconoce tener por vivir siempre en la inestabilidad: “Si están obligados a cambiar interinidades o a sacar más plazas a oposición, que lo hagan, pero no pueden tenernos así”, asevera. Y eso que él es un experto en lo que a pelear por la plaza por concurso se refiere: “Me he presentado a las oposiciones del año 1999, 2004, 2007 y 2015”, explica. De todas esas convocatorias le queda el recuerdo de lo que no pudo ser pero no fue y, en un nivel mucho más taxativo, el dinero invertido en tasas por cada vez que se ha presentado. “Me he cansado de pagar por hacer exámenes que no me llevan a nada”, añade.

Es por todo ello que “hace unas semanas” decidió ponerse en contacto con Manuel Martos, una suerte de Don Quijote de la Mancha de aquellos interinos sanitarios que en toda España llevan más de tres años ocupando una plaza vacante. Este letrado ya se ha puesto en contacto con profesionales de todo el país que están en esta situación y quieren lograr la ansiada categoría de indefinido no fijo, cuyos requisitos han logrado tantos empleados “por la pasividad de la Administración y las irregularidades de contratación que esta ha cometido”, según palabras de este letrado. La aspiración de este enfermero es lograr, por fin, la anhelada tranquilidad en su puesto de trabajo, pues una de las ventajas que se consiguen es la teórica estabilidad, pero otra es el derecho a una indemnización en caso de despido. “Yo lo hago por la plaza, no por el finiquito”, asegura. Aun así, guarda sus reservas sobre si esta condición le dará de verdad la misma seguridad que  tiene una persona que haya logrado la plaza por oposición, circunstancia sobre la que hasta él mismo duda: “He empezado el proceso judicial pero quiero asegurarme bien de si esta victoria me dará lo que promete”, afirma reincidiendo en unos temores que son comprensibles.

Los profesionales que comienzan este tipo de camino judicial  lo llevan con discreción porque son conscientes de los problemas que les pueda generar en su trabajo. Así lo explica este enfermero, que lleva en tono proscrito su iniciativa. “Lo saben mis compañeros más cercanos y de estos ya ha habido alguno que me ha dicho que no me va a servir para nada”, narra. Sin embargo, “dos compañeras se han animado a seguir mis pasos”, admite contento por sumar efectivos a la causa.
requisitos para ser candidato
Las victorias judiciales en esta materia se basan primero en que los interinos que las demanden cumplan dos requisitos: estar ocupando una plaza vacante que no haya salido a concurso público y que el periodo sea como mínimo de tres años. Sobre esto, el Tribunal Supremo explica que “de conformidad con los artículos 70.1 de la Ley 7/2007 y 4.2 b) del Real Decreto 2720/1998”, la relación de la demandantes ha de convertirse “en indefinida”. Otra cosa es la divergencia de opiniones entre los propios letrados que defienden estos casos. Si para Manuel Martos el trabajador pasa a tener un puesto asegurado en la Administración, para Fabián Valero, de Zeres Abogados, el nuevo estatus laboral no es tan estable. “Pasan a tener derecho a un finiquito por despido y logran una mayor estabilidad, lo que no significa que si esa plaza sale a concurso y alguien la gana por oposición, no pueda ser despedido”, explica. El tiempo, en un contexto donde las Ofertas Públicas de Empleo (OPE) están regresando al calor de la recuperación económica, le dará la razón a uno u otro.


Otro caso de profesional que pelea por lograr su indefinido no fijo es el del radiofísico José Francisco Arrocha. Su trayectoria por conseguir una plaza de trabajo estable le llevó incluso a hacer una huelga de hambre en julio de 2015. “El juez les obligó a contratarme, por lo que me hicieron un contrato indefinido con una jornada del 75 por ciento”, aclara. Su combate nació con una hemeroteca que pone su primera línea en 2006, cuando tuvo su primer contrato en este hospital. “Estuve tres meses, luego se sucedieron etapas de 15 días, un mes, un año…”, narra. En 2010, por un desacuerdo contractual deciden prescindir de él, contratando “a otro profesional con menos puntos”, un punto de inflexión clave. Tardó medio año en regresar a su puesto de trabajo, aunque ya con otras condiciones. “Todo eso hizo que cada vez estuviera más mosqueado con mi situación; siempre estaba renovando, padeciendo esa inseguridad y sin derecho a nada, ni siquiera a un finiquito cuando decidieran prescindir de mí”, añade.

El radiofísico Francisco Arrocha.

Inmerso en ese clima vital le llegó la primera noticia del citado abogado, que había logrado que la Administración les diera la condición de indefinido no fijo a dos médicos. “En mayo de 2014 acudí a consultarle y, curiosamente, a los 15 días fue cuando no me renovaron”, arguye. Un detalle que catalizó su pelea: la huelga de hambre, el decidirse por exigir lo que consideraba suyo, sus derechos, su estabilidad. El 26 de agosto de ese año fue la vista judicial  y de ahí, al mencionado contrato al 75 por ciento. No fue hasta noviembre del año siguiente cuando logró que su jornada, y por ende su salario, alcanzaran el 100%. “Cuando esto ocurrió, el servicio de salud recurrió la sentencia”, asevera. Ahora espera que ese punto y seguido sea, por fin, un final. Por el momento conserva su estatus de indefinido no fijo, expectante por si la Administración logra que se revierta esta situación.

En ese camino le han salpicado además situaciones desagradables que él achaca a su militancia personal. “Me he visto envuelto en acusaciones como la de haber cometido una falta grave por haber hablado con pacientes, de lo que me acusó un jefe de servicio”, explica. A su juicio, aquella denuncia no tenía otro fin que amedrentarle: “Se abrió una investigación, acudí a declarar y no he vuelto a saber nada más”. Por eso Arrocha, como Ulises, reconoce que no hay que idealizar el viaje. “Es duro, difícil, incluso molesta a tus propios compañeros, pero merece la pena”, sentencia antes de hacer acopio de las amistades perdidas. “Muchos no eran amigos, solo compañeros de trabajo, así que no me importa; aunque sí hay gente a la que apreciaba y con la que mi relación se ha lastrado. Otros, en cambio, han decidido apostar por seguir mi camino”, comenta orgulloso y como siempre, esperando una nueva decisión ajena sobre el que es su futuro.
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