20 de septiembre de 2017 | Actualizado: Miércoles a las 12:40

En la Medicina, como en el amor, la edad no importa

Manuel Lezcano, con casi 91 años, sigue ejerciendo como médico desde su pequeña consulta en Tafira (Gran Canaria)
En la Medicina, como en el amor, la edad no importa
Manuel Lezcano.
Comparte este artículo
Sábado, 29 de julio de 2017, a las 20:00
Cuando Manuel Lezcano, médico general de Gran Canaria, escucha la noticia del médico japonés que estuvo ejerciendo hasta los 100 años recientemente fallecido, solo dice: “Ese estaba loco”. Sin embargo, él, desde su pequeña consulta del barrio de Tafira, en Las Palmas de Gran Canaria, sigue el mismo camino: cumple en septiembre 91 años y no tiene previsto retirarse de la profesión médica. “La jubilación ni me la planteo todavía”.

Y ello a pesar de que acabó la carrera de Medicina, inspirado por su padre, también médico, en 1953 y no ha dejado de ejercerla desde entonces. Esta longevidad profesional le ha permitido convertirse en el galeno de cabecera de generaciones familiares enteras. “No soy capaz de contar a cuantas he tratado, pero todos los días viene gente que me dice que son nietos de Fulanito o hijas de Menganita… El ejemplo más claro fue hace unos ocho años, cuando llegó a mi despacho una joven con un bebé en brazos, que me pidió que reconociera. Mientras lo hacía, me dijo: ‘Don Manuel, usted asistió el parto de mi bisabuela en el que nació mi abuela’. En ese momento yo solo pude hacer la siguiente reflexión rápida: ‘Caramba, mira que soy viejo’”.

Lezcano recuerda los retos a los que se tenía que enfrentar en sus inicios, cuando dio sus primeros pasos en la profesión médica. “Esta zona, Tafira, era cien por cien rural. Y acceder a las viviendas no era fácil. Todo había que hacerlo a pie o a lomos de un caballo o de una mula, porque si no, no se llegaba. Y la consulta no estaba en el despacho, sino en la calle y en las casas de los pacientes”.

Cosas tan simples como la electricidad en los domicilios, algo indispensable en las casas hoy en día, ha sido un avance sobre todo para los partos, que siempre eran en los hogares. “En aquella época solo había velas para dar luz, y había que conformarse con eso. De hecho, había partos que se tenían que atender a oscuras porque la vela se había caído y apagado, y no se podía volver a encender puesto que no sabíamos dónde se guardaban los fósforos”.

BRUJERÍA

Uno de los principales retos a los que tuvo que enfrentar este galeno canario fue ni más ni menos que a la brujería. “Entonces en los campos se creía mucho en los brujos. Ahora menos, pero en Gran Canaria había mucha brujería por aquellos años. De hecho, cerca de Tafira hay un llano donde se reunían para tomar decisiones”, en una especie de ‘aquelarre’.

En este contexto, “cuando un médico no sabana el paciente, este acudía a uno de estos personajes a que le pasaran aceite por la barriga, porque creía que esto le curaba. Y había que tener mucho tacto para no herir la sensibilidad de estas personas, porque no había manera de convencerles de que esa brujería no existía, no era real. Me tocó intermediar en muchas ocasiones”.

De estas intervenciones, la anécdota que con más cariño cuenta tiene que ver con Doña Carmen, “que era una de las brujas más cultas, con más fama y mejor presencia por entonces. La gente acudía a ella para que hiciera su magia sanadora. Una vez me preguntaron al respecto y sobre cómo creía yo que ella se desenvolvía. Y respondí: ‘Pues no mal. Cada vez que se pone mala viene a mi consulta’”, relata entre risas.

DESHUMANIZACIÓN

Volviendo a 2017, este nonagenario galeno lamenta que sus compañeros más jóvenes han dejado de poner el foco en la comunicación con el paciente. “Hoy lo que falta es explicar al enfermo qué tiene, y hacerlo bien. Muchas de las personas acuden a mí porque no entienden o no se les ha explicado bien qué les pasado”, debido al lenguaje médico. “Y por eso vienen, para enterarse y que se les dedique tiempo”.

Por eso opina que “la Medicina está muy deshumanizada, y al paciente no hay que considerarlo solo un enfermo, sino un ser humano sensible. Muchas veces los médicos se centran en el ordenador, cuando debería dedicarse a  hacer preguntas al paciente. El enfermo no se ve entrevistado directamente, sino a través de aparatos y datos. Y esta persona se encuentra desorientada”. Y recuerda: “la obligación del médico es sanar; si no puedes sanar, aliviar, y sino aliviar, consolar. Hay que consolar siempre a mucha gente”.

Compromiso social
Manuel Lezcano no solo ha sido, y es, una personalidad en la medicina insular 'canariona' y un hombre muy querido en su comunidad, sino que también ha tenido una vida política prolífica. Además de concejal de Las Palmas de Gran Canaria, el galeno de 91 años fue alcalde del municipio de Santa Brígida (también en la isla de Gran Canaria) en 1991. Por otro lado, su compromiso social le llevó a ser uno de los fundadores de la Asociación por la Defensa del Árbol y el Paisaje de Gran Canaria (Adapa), que se creó ante el deterioro medioambiental, “uno de los principales problemas de nuestro país”. Sin embargo, se vio obligado a abandonar esta organización por motivos de salud.



Actualmente, Lezcano está completamente retirado del ejercicio en la sanidad pública, en la que tuvo plaza durante 36 años. A día de hoy atiende a entre cuatro y 10 pacientes al día en la consulta que tiene debajo de su casa. Nunca da hora ni limita el tiempo que dedica a cada paciente.  Pero también reconoce que siempre le fue la marcha. Entre 1974 y 1979 (“durante la última echada de Franco”), fue concejal de la ciudad de Las Palmas, años en los que estuvo “sin tomarme un solo día de descanso, ni un domingo. Mi mujer me sentenció y me advirtió: 'tu vida dedicada a los enfermos y a los barrios la estamos pagando tus hijos y yo' ”, razón por la que aparcó su carrera en el Ayuntamiento (en la que propuso el primer crematorio de Canarias y el segundo de España, proyecto que no llegaría a buen puerto).

Y, en la frontera de los 91 años, a este padre de tres hijos y abuelo de tres nietos, no le ronda deseo alguno de jubilarse. “No es lo mismo trabajar a gusto de que a disgusto y tengo una vida satisfactoria que, en parte, gira alrededor de mi trabajo”. ¿Cuál es el secreto para conservar esta actitud tan cerca del siglo de vida? "Que mi cabeza funciona y los pies me sostienen".