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Cuando el 'tercer tiempo' es la Oftalmología

Ángel López, capitán de la selección nacional de Rugby, abandonará el equipo para centrarse en el MIR

José A. Puglisi
Cristina Cebrián
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Sábado, 06 de mayo de 2017, a las 20:00
El balón cae en sus manos. Siente el dolor, pero su rostro no da muestra de ello. La victoria está demasiado cerca para que una fractura de dedo le detenga. Respira hondo y corre un poco más. Un pase preciso y anotación. Al acabar el tiempo del encuentro, España se corona como campeona mundial de rugby. Así han sido los últimos días de Ángel López como capitán de la selección nacional, que ahora podrá en pausa ese mundo por una pasión aún mayor: la Medicina.  
 

Ángel López, capitán de la selección nacional de Rugby.

El tiempo y el dinero han inclinado la balanza a favor de abandonar el campo de juego y dar el salto a otro no menos osado: el MIR. Uno en el que, al contrario que en el rugby, no siempre se “juega entre caballeros”. Una percepción que López adopta durante su fase de preparación al examen de acceso a la formación sanitaria especializada. “No me he sentido especialmente cómodo con el ambiente de estudio que había. Pensé que sería más saludable, menos competitivo, pero es un proceso muy solitario en el que, hasta yo mismo, me volví más egoísta”. De ahí, que hubiese preferido otro estilo: “Si el MIR te prepara para la residencia, también tiene que preparar el ambiente de compañerismo. A mí me quedó un poco de pena por no haber colaborado más con los demás y que los demás no colaboraran más conmigo”.
 
La férrea batalla por alcanzar los mejores números de orden hace que “la gente no dice los aciertos  netos  que van sacando en los simulacros, no te cuentan su percentil y en ocasiones te ocultan algunas cosas del examen”. Una tendencia que intentó romper a través de tres amigos con los que compartía en una biblioteca en Pozuelo. “Entre nosotros nos ayudamos y, al final, el resultado es bueno. Creo que siempre que das algo, luego te retorna y que el ambiente de cooperación es mucho mejor que el ambiente de tirar cada uno por su lado”, sentencia.
 
El espíritu de equipo lo aprendió con 13 años, al vivir en un internado de Inglaterra y de la mano del rugby. “Al llegar, hacía mucho fútbol y, de hecho, el primer trimestre lo pasé jugando al fútbol. Luego, en el segundo, empecé con el rugby y me encantó. Se me dio bien, tenía buenas cualidades  físicas, era rápido y aunque, sin mucha idea, me ponía a jugar y más o menos cumplía dentro del campo”, recuerda. Así empezó con una pasión que pondría dentro de su equipaje y que retomaría en España durante tercero de la ESO. “Tenía muchos amigos que practicaban el deporte en un club de Boadilla y en el colegio, entonces se me ocurrió que podía darle una oportunidad al rugby”.
 
La oportunidad fue tomando forma con el paso del tiempo. Primero, accediendo a la selección madrileña, posteriormente en la Selección Española, desde la Sub17 hasta la Absoluta. Sin embargo, fuera del campo y de los entrenamientos se cocinaba a fuego lento otra pasión: la Medicina. La misma que adoptaría de sus padres desde temprana edad.
 
LA MEDICINA EN EL ADN
 

Se formará en Oftalmología en Madrid.

La pasión sanitaria está en la familia de López. “Mis padres son médicos, ambos oftalmólogos, y mi hermana está estudiando el quinto año de Medicina”. Por eso no es de extrañar que recuerde que “desde pequeñito había temas médicos de Oftalmología en la mesa, lo que despertó mi curiosidad por la Medicina y por la Ciencia”. Aunque dudó en declinarse por otras áreas como Ingeniería o Física, con 16 años tomó el camino que sería definitivo. “Creo que ha sido una buena decisión porque he comprobado que es una profesión fantástica y afronto, con muchas ganas, el reto de transformarme en el médico que quiero ser para poder ayudar a los demás”, valora.
 
López, que en la actual convocatoria se ha convertido en residente de Oftalmología, no niega el peso que han tenido sus padres en su decisión. “Veo en ellos un ejemplo y me gusta cómo son, su modo de vida, cómo ayudan a los demás, la manera en la que piensan y creo que eso, por supuesto, es un ejemplo fantástico para mí y mi hermana”, ha puntualizado. En esta línea, precisa que “si a lo mejor no tienes en tu familia un referente médico que esté contento con su trabajo, como mis padres, pues no lo tienes tan claro”.
 
Aunque reconoce que la especialidad de sus sueños, Oftalmología, no cuenta con la alta popularidad de Dermatología, Cirugía Plástica o Cardiología dentro de la elección MIR, afirma que existe un gran “desconocimiento” de la disciplina. A ello se suma que, para algunos, “se les queda pequeño, pensando que, después de haber estudiado todo lo que hemos estudiado, dedicar toda la vida a un ojo es quedar desconectado de lo demás”. Sin embargo, aclara que es una idea errada, ya que “es una especialidad amplísima y dentro de ella hay subespecialidades que no tienen nada que ver una con la otra”.
 
Las cicatrices del MIR
El MIR, así como el rugby, deja cicatrices. Ángel López afirma que conoce a personas que “se queda como marcada de por vida, gente que a lo mejor siente cierto complejo por haber quedado con un número de orden alto”. A ellos, el capitán de la selección nacional les recuerda que “nadie es un número y que, aunque la enumeración es una forma objetiva de clasificar, nadie debe quedarse marcado por el puesto obtenido”.  De ahí que afirme que “si todo el mundo fuera a tener un número 50 no haríamos el MIR. Me da mucha pena que la gente quede marcada por eso, creo que dentro de la Medicina, aún con números altos, se tiene un potencial de trabajo y de ayuda a los demás enorme”.
Las especialidades de Medicina del Deporte o Traumatología no pasaron desapercibidas en el proceso de decisión del capitán de la selección nacional. Al contrario, afirma que “la Traumatología me gusta mucho y, de hecho, dudé hasta hace menos de un año en ir por esa especialidad; mientras que Medicina del Deporte la descarté por mi pasión por las disciplinas quirúrgicas”. Aunque la decisión está tomada, López advierte que “la Traumatología es una especialidad que me apasiona y que, además, mucha gente afirma que tengo perfil de traumatólogo. Es decir, que espero no equivocarme con lo de los ojos”. Una apuesta en la que pondrá su máximo esfuerzo, ya que no considera viable la opción de repetir el MIR. “Gracias a Dios me fue bien y espero no tener que pasar por el proceso otra vez”.
  
APRENDIZAJE MUTUO
 
“Lo más difícil que he hecho en mi vida es el MIR”, afirma el deportista de élite que ha vencido a los mejores países del mundo en el campo de juego. “La diferencia es el durante. Mientras con un equipo de rugby entrenas con otras 15 personas al aire libre y en contacto con la realidad, en el MIR estás estudiando unas 10 horas en un cuarto, lo que le hace más duro y mucho más solitario”. A esto suma que, “sin duda sientes mucho miedo en las dos cosas antes de enfrentarte a ellas, pero me quedo con el MIR porque es una competición brutal, sin duda”.
                                                                                              
López incluso admite que “quedé un poco tocado después de hacer el MIR”. ¿El motivo?, “si soy sincero, había puesto tanto esfuerzo y tenía cierto sentimiento extraño conmigo mismo de haber estado tanto tiempo pendiente de mí, ya que se trata de una competición salvaje que lleva a aislarte mucho. Una vez realizado, cuando te paras a pensar, te das cuenta de la dureza real del MIR. Si al preguntar a los demás qué tal les ha ido la respuesta es negativa, pues, te das cuenta de que el acceso a la especialidad es un palo gordo”.
 

Ángel López durante la entrevista.

Los aprendizajes adquiridos en el deporte fueron fundamentales para lograr su sueño de acceder al MIR sin morir en el intento. “El rugby te enseña a levantarte de tus fracasos. A seguir después de que cada simulacro que te hacía sentir mal porque llevas unos dos meses y medio de retraso por estar compitiendo en los Juegos Olímpicos de Río. Es un aprendizaje que te permite confiar en ti mismo y en que lo estás haciendo bien, por lo que los resultados terminarán saliendo”. Un espíritu de lucha constante que le permitió que “el día 28 de enero [cuando se realizó la prueba de acceso] estaba preparado tanto académicamente como personalmente para afrontar el reto”.
 
El grado también le ha dado herramientas a López para vencer en el MIR. “La Medicina sin duda es una escuela de disciplina. Para sacarte la carrera hay que estudiar mucho, así como para llegar a unos Juegos Olímpicos hay que entrenar mucho”. A esto suma que la titulación “te da mucha perspectiva de vida, porque en los hospitales observas muchas pérdidas, enfermedades y sufrimientos, lo que hace que, al llegar a casa, valores lo muy afortunado que eres, sin importar los esfuerzos que se están realizando”. De ahí que, “aunque técnicamente el rugby y la Medicina no tienen mucho que ver, sí que es una filosofía común”.
 
Ahora, a unas semanas de comenzar la residencia, afirma que “me gustaría seguir jugando al rugby, pero creo que no es sensato”. De hecho, da un paso más y afirma que “tampoco se lo recomendarían a los demás residentes, porque la Medicina es una especialidad en la que trabajas mucho con las manos y en el rugby te lesionas con mucha facilidad”. Por eso se adelanta a posibles peticiones y afirma que “aunque me encantaría tener un equipo de residentes en un hospital y hacer una liga de hospitales, no creo que fuera lo más sensato para mis compañeros y para mí tampoco”.