20 de julio de 2018 | Actualizado: Jueves a las 19:00

4.000 kilómetros de ida y vuelta para hacer guardias

Joan Seseras conserva sus trabajos en Cataluña pero viaja a la isla para hacer guardias

4.000 kilómetros de ida y vuelta para hacer guardias
Joan Seseras, médico de Familia
Esther Ortega
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Sábado, 12 de mayo de 2018, a las 20:00
Cuando LA REVISTA de Redacción Médica habla con Joan Seseras, quedan apenas unos minutos para que el médico catalán conceda una entrevista a un medio local. Se encuentra en Irlanda, país al que ha viajado hasta en seis ocasiones este año para realizar guardias en distintos centros médicos. “Me ha impulsado a hacerlo las condiciones laborales que tenemos en España. He trabajado en muchos sitios y ambientes laborales y he visto que quizá no sea un sistema demasiado bueno”, denuncia Joan, con veinte años de carrera: “Quería algo mejor, algo más digno en cuanto trabajo”.
 
Joan tuvo una profesora de inglés que le animó a desplazarse a Irlanda o Escocia “y así empezó todo”. El médico de Familia, comenta, ha pasado por distintas áreas de la Medicina: “Es una especialidad de amplio espectro. He pasado por hospital, en Medicina del Trabajo, en Medicina Ambulatoria, en la privada, en la pública. He trabajado en casi todos los ámbitos y me he hecho una idea bastante afinada de las condiciones laborales de España”.
 
MEJOR EN LOS PUEBLOS

El médico ha trabajado tanto en una gran ciudad como en Barcelona, como en pequeñas poblaciones. “Hay muchísimas diferencias, la gente suele ser más educada y cercana en el pueblo, te tratan como uno más. En la ciudad hay más distancia, se exige más. En los pueblos hay más cultura de la espera”, reflexiona Joan, que afirma tener seis trabajos en distintos sitios de Barcelona, “combinados con el séptimo de Irlanda”.
 
Para poder con todo, Joan tiene que “jugar mucho al tetris”: “He dejado el principal trabajo, que era el que me quitaba un poco más la vida, y me apaño. Antes, pues a base de correr arriba y abajo y cuadrar en los sitios bien”; explica el médico, que está empleado tanto en consultas propias, en las que puede establecer más fácilmente unas normas y horarios; en una consulta privada de pueblo y en un centro médico a una hora de Barcelona: “En todos los sitios el sueldo es bajo, pero el factor humano y el de la flexibilidad es muy alto, que es lo que a mí más me importa”.

 
DECISIÓN MEDITADA

Cuando Joan tomó la decisión de empezar a hacer guardias en Irlanda no le había pasado nada grave, pero se juntaron varias circunstancias que le empujaron a ello. “No hubo ninguna denuncia ni ninguna cosa fea, fue más bien una cosa personal, ir cansándome de ciertas cosas y querer cambiar”, explica el médico, que lamenta el “tono” de algunos pacientes, “un poco maleducados a la hora de dirigirse a un médico o de pedir las cosas. Son cosas que van cargando y ya cuando elevan el tono o insultan a la cara, que es algo muy habitual en nuestro gremio -cuando no te pegan-, uno se plantea mucho las cosas. Y seguir o no en este ambiente, por suerte, es algo que puedo cambiar”.


"Aquí un Médico de Familia es alguien muy cualificado, que ha estudiado y que respetan desde la consideración"


Y el médico lo hizo valiéndose de empresas que se dedican a ayudar a los profesionales que desean desplazarse. “En Irlanda se encargan de intermediar entre el médico que quiere venir y los profesionales de aquí que los necesitan, por ejemplo, para irse de vacaciones, que si no ni pueden. Haces el contrato a través de estas compañías, te ayudan con el papeleo que es duro y después de uno o dos años de burocracia conseguí todo lo necesario para estar aquí”, relata el médico, que les pidió un destino fácil para poder adaptarse mejor.
 
El pasado mes de enero viajó por primera vez. “Aquí en Irlanda es todo al revés. La gente es extremadamente educada, te respeta muchísimo porque saben que tú estás ahí para ayudarles. Si el paciente ve que estás allí por ellos, nunca te va a tratar mal. Te dan las gracias en todo momento, una sonrisa en la cara hasta cuando les atiendes de noche", relata con orgullo Joan, que se alegra de la admiración que tienen los irlandeses por los sanitarios: "Aquí un Médico de Familia es alguien muy cualificado, que ha estudiado y que respetan, no desde la inferioridad o el miedo, sino desde la consideración. Saben que eres útil para la sociedad y van a hacer lo posible para cuidarte y que te quedes. No como en España, donde eres un número”.

MÁS SUELDOS 

Los salarios de los médicos en Irlanda son “más o menos el triple”, confiesa Joan, que también detalla las diferencias que encuentra en cuanto a la organización. “En España hay un montón de pacientes al día y aquí hablas con los médicos y son 40 pacientes. Pero no por médico, sino por centro. No hay color. Lo único es que hablan en inglés y hay que adaptarse un poquito”, bromea el catalán.
 
Como es un lenguaje médico, es algo a lo que no le ha resultado complicado adaptarse: "Las enfermedades son parecidas, las partes del cuerpo se aprenden y el acento es distinto. En Irlanda, el nivel de inglés que te piden no es tan exigente como en todo Reino Unido. Y aquí la gente es tan amable que, si no les entiendes, ellos te piden disculpas y te lo repiten”, relata risueño el médico, encantado con la experiencia: “La sensación es de no ser extranjero, no es lo mismo que en España. Yo que trabajo con gente de otros países, el trato ha sido bastante agresivo, por ejemplo con compañeros sudamericanos. Aquí en ningún momento he tenido sensación de ser extranjero, siempre te hacen sentir como uno de ellos”.
 
NADA DE MORRIÑA


"En ningún momento he tenido sensación de ser extranjero, siempre te hacen sentir como uno de ellos


Cada vez que Joan viaja a Irlanda, pasa de una semana a diez días en la isla “Intento alojarme donde puedo, generalmente en hoteles. En temporada baja son baratos y el sueldo es tan alto que te lo puedes permitir. Son más baratos que en Barcelona. También a través de amistades que te invitan a descansar a su casa. Aquí la gente es muy hospitalaria y te acogen mucho”, se congratula el médico, que trabaja en sobre todo en pueblos, en el condado de Clare.
 
De momento, no hay nada que le haga arrepentirse de su apuesta. “Mis compañeros y familia están encantados con mi decisión, me animaron mucho y algunos ya habían dado también el paso”, se alegra Joan, que apenas nota el cambio las semanas que está fuera “Es todo tan magnífico aquí, tan bonito los paisajes, la gente tan maja, la comida me gusta y el clima no me molesta, que ni echo de menos nada”, bromea Joan, que no descarta quedarse en Irlanda en un futuro: “Pero de momento, paso a paso”.