22 de julio de 2018 | Actualizado: Domingo a las 17:15

Francisco Toquero: "La OMC es casta endogámica"

El asesor MIR del sindicato CSI-F considera que "pensar demasiado las cosas" es su mayor defecto

Toquero, durante la entrevista con LA REVISTA de Redacción Médica.
Cristina Alcalá
Joana Huertas
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Sábado, 25 de junio de 2016, a las 20:00
Aunque empezó más tarde que el resto de sus compañeros de promoción a ejercer como médico, la carrera sanitaria de Francisco Toquero ha progresado exponencialmente más allá del ámbito hospitalario. Ser un “peleón” y un “inconformista” le ha llevado a ocupar diferentes puestos de responsabilidad, relacionados principalmente con la defensa de los derechos de los residentes en CSI-F, después de que terminara con un sonoro portazo su relación con la Organización Médica Colegial (OMC). No obstante, el trabajo no le quita ni un minuto de tiempo para estar en Granada con su mujer e hijos, con los que comparte algunas de sus mayores pasiones: la pesca en altura, que practica en el Estrecho de Gibraltar; la aviación, que está aprendiendo junto a amigos; y el esquí, donde ha alcanzado importantes logros entre los que destaca un subcampeonato de España. Ahora lucha contra una enfermedad que ha marcado su vida en los últimos siete años.
 
Médico de Familia y especialista en Nutrición Clínica y Dietética. ¿Por qué decidió ejercer esta profesión?
 
A pesar de ser especialista en Nutrición Clínica, no he ejercido nunca. Me matriculé en esta disciplina porque era de las más famosas de la Universidad de Granada y en ella daba clase un profesor muy amigo mío, José Mata y Verdú, que era todo un referente en esta materia junto a Gregorio Varela. Decidí presentar mi currículum, me admitieron y la verdad es que, aunque no he puesto estos conocimientos en práctica, fue bastante interesante.
 
Imagen familiar de Francisco Toquero junto a su esposa

Toquero, junto a su esposa.

¿Desde pequeño siempre soñaba con ser médico?
 
Sí. De hecho, cuando me presenté al MIR, mis opciones siempre pasaban por escoger una especialidad clínica y, en aquel momento, eran Medicina Interna, Familia y UCI. Para esta última tenía demasiado años y Medicina Interna tampoco me convencía, ya que al final –y que me perdonen los internistas– acaban siendo geriatras o trabajando en un hospital comarcal. Así que escogí Familia y como no tenía una nota de corte alta, la hice en Granada.
 
¿Y qué recuerda de su infancia en Granada?
 
Recuerdo la formación en sanidad de aquellos años, cuando siendo médicos residentes entrábamos en las Urgencias sin tutores y, desde el primer día, hacíamos guardias. Ahora, afortunadamente, la situación está más reglada y organizada.
 
¿Es el único en su familia que ha optado por una carrera sanitaria?
 
Curiosamente sí. Ninguno de mis tres hijos ha tenido la vocación médica.
 
¿A qué se dedican ellos?
 
Mi hija mayor está estudiando Derecho, el segundo va a empezar ADE y el tercero, Formación Profesional, pero le gustaría ser ‘DJ’ porque le gusta todo lo relacionado con el sonido y el vídeo.
 
 ¿Tampoco han seguido la senda sindicalista del padre?
 
No, aunque son muy protestones y supongo que algún día acabarán cogiéndola cuando vean las injusticias que hay.
 
¿Y su faceta protestona?
 
Sí. Como buen granadino, soy protestón e inconformista, pero no un ‘mala follá’ (risas).
 
Es cierto que los habitantes de Granada tienen esa fama. ¿Quizás inmerecida?
 
La 'mala follá' es un decir que decimos en esta tierra, existe y hay que comprenderla. Para explicarla pongo siempre el mismo ejemplo: en Granada hay un restaurante (del que no diré el nombre, porque lo reconocerá mucha gente) cuyo plato estrella son las mariscadas, por lo que es muy bueno pero también muy caro. A pesar de ese nivel, cuando voy con mis amigos y nos ve el dueño nos recibe con un “¿ya estáis aquí?”, como si nos estuviera haciendo un favor. Pues esa es la ‘mala follá’ granadina.
 
En mi caso, la gente que me conoce dice que a veces sí saco ese carácter, porque pego cortes bruscos y secos. No me gustaría tenerla, pero siempre digo lo que pienso, aunque a veces siente mal.
 
¿Y es una virtud o un aspecto negativo en su personalidad?
 
Tengo muchos defectos pero, ese en concreto, no lo consideraría de los más graves.
 
¿Y cuál sería, en su opinión?
 
Que pienso demasiado las cosas y, aun así, digo lo que considero.
 
¿Y esa sinceridad ha incomodado a las altas esferas del mundo sanitario?
 
Sí, siempre. Mis amigos saben que nunca podría entrar en política porque no llegaría muy lejos. Y llevan razón (risas).
 
¿Su sinceridad le ha creado enemigos?
 
Supongo que sí, porque hay gente que, a pesar de que le estés diciendo una verdad, no quiere verlo.
 
¿Y una virtud de Francisco Toquero?
 
Mis pensamientos no son inmovilistas, procuro razonar siempre, tanto los aspectos positivos como negativos, y estoy dispuesto a cambiar de opinión si me convencen de lo contrario. Además de eso, me considero una persona fiel a mis amigos, a mi familia y a mis principios.
 
Uno de los momentos más duros de su vida fue cuando le detectaron cáncer de tiroides.
 
Sí, un tumor neuroendocrino hace siete años. Los médicos no sabían lo que era y, por aquel entonces, se consideraba una enfermedad rara, ya que engordé mucho y muy rápidamente. Los facultativos me pusieron un tratamiento con un citostático que era bastante incómodo, porque lejos de parecer lo contrario, los médicos somos muy malos enfermos y muy pesimistas con nuestras propias enfermedades.
 

El asesor MIR de CSI-F llegó a ser subcampeón de España de esquí.

¿Y cómo ha influido esa enfermedad en su vida?
 
He procurado que nunca me influyera. Es más, me he guardado muchas cosas para mí, porque para un médico, la enfermedad es un avatar del destino que se puede dar en cualquier persona.
 
A raíz de este problema, ¿ha tenido que cambiar su día a día?
 
No excesivamente. Al principio tuve que modificarla por los tratamientos, y ahora tengo que variarla hasta que vuelva a tener el peso adecuado. Pero como tengo fuerza de voluntad, lo voy haciendo poco a poco, ya que no es recomendable hacerlo deprisa y corriendo. No me he planteado una operación porque le tengo miedo y cuenta con demasiados efectos secundarios.
 
¿Cómo es posible que un médico tenga miedo al quirófano?
 
Por experiencias en familiares y amigos, donde al final las cosas se tuercen. Pero no solo le tengo pánico al médico, también al dentista. Y eso que tengo una hermana que ejerce esa profesión.
 
¿Cómo actuó su entorno cuando se enteró de su situación?
 
No lo comenté tampoco mucho, porque esa tortura prefiero llevarla por dentro. Creo que uno no debe hacer partícipe de su sufrimiento a los demás, sino ser fuerte y asimilarla. No debes ponerte triste, pero tampoco esconderte.
 
Respecto a su faceta sindicalista, ¿en qué momento decidió emprender este camino?
 
Siempre he sido un peleón por la profesión, a pesar de que empecé a ejercer la Medicina más tarde que el resto, porque antes fui delegado en los Laboratorios Rovi. Una vez pasé el MIR, descubrí las injusticias que se cometían porque nos consideraban mano de obra barata, algo que no ha cambiado en la actualidad. Y como siempre he sido el más grande, daba la cara por los demás. Empecé en los colegios, siendo vocal residente del Colegio de Médicos de Granada y a los dos años me eligieron vocal autonómico. Tras este cargo, salté a vocal residente de la Organización Médica Colegial, del que dimití un año antes porque ya había acabado el MIR y consideraba que ese puesto no era para mí. Una reflexión que considero que deberían hacer muchos representantes de la OMC actual.
 
Justo después tuve la oportunidad de presentarme a la Vicesecretaría de esta organización con la candidatura de Isacio Siguero. Él no salió elegido pero yo sí, y aunque quise dimitir en un primer momento por lealtad a él, Guillermo Sierra me animó a continuar y me puse a sus órdenes.
 
¿Cómo fue la relación con ese contrincante?
 
Muy buena, tanto es así que mantenemos la amistad. En mi opinión, Guillermo Sierra ha sido de los mejores presidentes de la OMC, junto a Tito Berguer, porque han sido los únicos que han querido cambiar y modernizar la institución. En esa legislatura pusimos la limitación de mandatos (iniciativa que otros quieren quitar), impulsamos la Asociación Médica Americana, abrimos más la sociedad al profesional y empezamos a preocuparnos más de sus problemas. Ese es, en mi opinión, el principal fin de la OMC, y no meterse a valorar si retrasar los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro por el virus zika o mostrarse en contra del tratado del TTIP. Esas posturas me parecen ridículas.
 
¿Cre que la OMC actual no defiende bien a la profesión médica?
 
Sí, pero por debajo de su posibilidades.
 
Ha comentado cuál han sido los mejores presidentes de la OMC. ¿Y el peor?
 
Por discreción no lo digo, porque todos tenemos nuestras luces y sombras, pero el que ha estado en la OMC sabe perfectamente quién ha sido bueno y quién malo.
 
¿Cómo es su relación con la OMC en la actualidad?
 
Me fui de allí dando un portazo. Y a partir de ahí, como no formo parte de esa casta, como se dice ahora, nunca más se han acordado de mí.
 
¿La OMC es casta sanitaria?
 
La OMC es casta OMC.
 
¿Y qué significa ser ‘casta OMC’?
 
Que son endogámicos y siempre son los mismos. Luego se preguntan por qué no tienen tirón.
 

La pesca se ha convertido en una de sus aficiones más recientes.

¿Qué provocó ese portazo? ¿De qué estaban discutiendo?
 
Por ‘intríngulis’ políticos. Consideré que las cosas no habían sido como deberían de haber sido. Pero es pasado y ante eso, pelillos a la mar.
 
¿Solo ha militado en CSI-F?
 
Sí, aunque anteriormente estaba apuntado a CESM. Pero, como no me satisfizo cómo me defendió, ingresé en esta organización, que en ningún momento ha rebajado mis expectativas. Además de ser seria y profesional, hacen las cosas como creo que deben hacerse. Tienen muy claras las líneas de actuación y que estas pasan por defender los intereses del profesional e implicarle poco a poco en la defensa y mejora del sistema sanitario.
 
Fernando Molina, presidente de Sanidad de CSI-F, deja su cargo en octubre. ¿Cómo valora su mandato?
 
Ha sido excelente, porque es una persona con experiencia, pero también un jefe que si te tiene que echar la bronca te la echa, y si te tiene que dar un abrazo cuando te lo mereces, también.
 
Entonces, ¿más que un jefe es un amigo?
 
Por supuesto.
 
También ha sido representante en la Unión Europea de Médicos Generales (UEMO). ¿Qué recuerda de esas asambleas internacionales?
 
Las recuerdo mal porque la institución europea es muy mastodóntica, donde se discuten los asuntos pero no hay operatividad. Las intenciones son buenas y, además, ir a ellas te permite comparar con tu entorno europeo, donde España siempre despunta.
 
¿Francisco Toquero tiene enemigos en sanidad?
 
Supongo que sí, e incluso hasta algún paciente, pero procuro ser amable y simpático con todo el mundo.
 
¿Cuál es momento más amargo que recuerda en estos años en el mundo sindical?
 
Además de los personales, por muerte de amigos por ejemplo, he vivido traiciones de aquellos que pensaba que eran amigos míos y me estaban ayudando, pero todo lo contrario.
 
¿Cómo es su relación con otros representantes sindicales?
 
Muy buena, tanto con Antonio Cabrera de Comisiones Obreras, como con Pilar Navarro de UGT. Son muy buena gente y muy buenos profesionales.
 
¿Con qué compañero sindicalista no se iría nunca de cañas tras de una reunión?
 
Me iría con todos porque es enriquecedor intentar intimar con gente que, en un principio, opina distinto a ti.
 
¿Y con un político sanitario?
 
Con ellos menos porque no te dicen la verdad ni tomando cañas.
 
¿Cuál ha sido, en su opinión, el peor ministro de Sanidad que ha tenido España?
 
Eso sí que es difícil, porque últimamente va uno de sorpresa en sorpresa. Cuando crees que uno era malo, viene otro que es peor, por lo que hace falta irse muchos años atrás para ver a un buen ministro de Sanidad. Prácticamente desde Elena Salgado. El resto no se puede decir que hayan sido nefastos, pero sí es verdad que se han podido hacer muchas más cosas de las que se hicieron.
 
¿Y el mejor?
 
Dos. Ana Pastor y Julián García Vargas.
 
¿Cómo compagina su vida personal con la laboral?
 
Tengo la suerte o la desgracia de dormir poco, por lo que tengo mucho tiempo para adelantar el trabajo. Además de eso, tengo claro que los fines de semana son sagrados y desconecto el móvil por completo, al igual que compartir los desayunos, almuerzos y cenas en familia.
 
¿Qué aficiones comparte con sus hijos?
 
El fútbol, por ejemplo. Uno de mis hijos y yo somos del Atlético de Madrid a muerte, pero también compartimos la afición por el esquí o los coches. Tengo una relación extraordinaria con ellos. No somos colegas, porque un padre es un padre, pero hacemos todo lo que podemos juntos.
 
EN CORTO
Libro de cabecera
‘El Quijote’, de Cervantes; y ‘La Biblia’, porque soy católico pero no practicante.
 
Película favorita
El caballero oscuro’, de Christopher Nolan.
 
Canción favorita
‘Tocata y fuga’, de Juan Sebastian Bach.
 
Ciudad para vivir
Málaga o Cádiz. Que tenga mar.
 
Ciudad para viajar
Me impresionaron mucho Cracovia y Auschwitz.
 
Objeto imprescindible
Cuantas menos cosas tenga en el bolsillo, mejor.
 
Un personaje en su vida
Mi padre.
 
Un personaje histórico
El Cid Campeador.
 
Un lema vital
Hoy mejor que ayer, pero peor que mañana.
 
Un equipo de fútbol
El Atlético de Madrid.
 
Qué le hace feliz
Ver feliz a mi familia y amigos.
Además de eso, ha alcanzado el éxito deportivo en el esquí…
 
Sí. Empecé con 14 años en Sierra Nevada y me gustó tanto que, a partir de entonces, comencé a competir, llegando incluso a ser subcampeón de España. De joven estaba un poco loco y la única cicatriz que tengo fue de un golpe en la cabeza mientras participaba en un campeonato. Después de eso, fui entrenador de la Federación Andaluza de Deportes de Invierno durante dos años y daba clases a María José y a Raquel Riendas.
 
¿Ha competido a nivel internacional?
 
Sí, pero mi padre me sacó de la competición profesional porque España no es una potencia en este deporte y no iba a llegar muy lejos.
 
Además del esquí, ¿tiene alguna otra afición?
 
Estoy empezando a aficionarme al golf y también me gusta volar.
 
¿Volar?
 
Sí, me gusta la sensación de velocidad y he empezado a sacarme el título de piloto. He montado en la avioneta de unos amigos pero me encantaría tener un reactor y hacer ‘macarradas’ por el aire.
 
¿Ha pilotado en alguna ocasión?
 
Aunque aún no tenga la licencia, he pilotado porque al lado tenía un especialista. No es complicado, porque las máquinas de hoy en día están complemente automatizadas.
 
Tengo entendido que la pesca es otra de sus grandes pasiones.
 
Sí, un amigo (que a su vez es campeón de Andalucía y España) me descubrió este deporte hace cinco años. Con él me voy al Estrecho de Gibraltar desde las 6 de la mañana hasta las 12 de la noche y gracias a la pesca he aprendido a ser más reflexivo, paciente y a desconectar del móvil.