23 de septiembre de 2018 | Actualizado: Sábado a las 20:00

Antonio Cabrera: "Ser sindicalista y de derechas no es incompatible"

El secretario general de Sanidad en CCOO repasa una vida que a punto estuvo de estar dedicada al baloncesto

Antonio Cabrera, secretario general de Sanidad en Comisiones Obreras.
Joana Huertas
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Sábado, 17 de septiembre de 2016, a las 20:00
Para Antonio Cabrera, su Cádiz natal es sinónimo de mar, flamenco y estar en familia. Por eso no pierde la oportunidad de escaparse a La Línea de la Concepción cada vez que puede. Allí comenzó a florecer su vena sindicalista y reivindicativa, primero como delegado de clase y luego militando en un movimiento juvenil de izquierda radical. Pero cuando llegó la llamada de la ‘mili’ a los 20 años, Cabrera puso rumbo a la provincia vecina, Málaga, para dejar su empleo como limpiador industrial en una refinería y acceder a las Urgencias del Hospital Carlos Haya. Tras siete años al frente de la sección de Sanidad de Comisiones Obreras, Cabrera hace para LA REVISTA de Redacción Médica un repaso de sus logros profesionales, de sus relaciones tanto con el Ministerio de Sanidad como con sus compañeros del Ámbito y de su faceta familiar, marcada por su nueva condición de abuelo.

Gaditano de nacimiento y residente en Málaga desde hace más de 30 años. ¿Cómo ha sido cambiar su Andalucía natal por el bullicio de una ciudad como Madrid?

No lo llevo mal porque vuelvo todos los fines de semana, ya que mi familia sigue viviendo allí.

Es decir, que no hay quien le mueva de Andalucía.

La verdad es que no. Soy andaluz y me atrae mucho mi tierra. Aunque me encuentro muy a gusto en Madrid, hay cosas que son impagables. Como ver el mar, por ejemplo.

¿Es lo que más echa de menos cuando le toca volver a Madrid por trabajo?

Sí. Nací en la playa de la Atunara, en la Línea de la Concepción, y me crié cerca de la costa hasta los 20 años, cuando tuve que mudarme por trabajo. Por eso elegí Málaga.

¿Qué recuerda de su infancia en La Línea?

Fue una época mala de trabajo, y eso condiciona tu futuro a la hora de decidir quedarte allí o no. Desde los 16 años trabajaba de limpiador industrial en una refinería. Me tocaba desde meterme en un tanque de gasoil para quitarle todo el chapapote hasta subir a 25 metros de altura. Era un trabajo que, aunque estaba bien pagado, resulta muy duro, sin futuro y deja muy marcado al que lo desempeña.

En ese tiempo empezó todo el tema del contrabando en La Línea y se convirtió un sitio poco seguro para vivir. Ahora que ha pasado un tiempo, vuelvo a mi pueblo muy a menudo, porque me gusta estar allí.

Junto a sus compañeros de sindicato, en el Parlamento Europeo.

¿Y cómo pasa del sector de la refinería al sanitario?

Coincidió que, cuando fui a Málaga a hacer el servicio militar, salió la bolsa de trabajo para sanidad. Y como me atraía todo lo que tiene que ver con la atención a las personas, este sector me dio esa oportunidad.

Y desde hace más de 30 años, administrativo en el Hospital Carlos Haya de Málaga. ¿En qué consiste su labor en este centro hospitalario?

Ocupo una plaza por concurso interno en las Urgencias.

¿Por qué esta especialidad? ¿Qué le atrae de ella?

Porque siempre he preferido trabajar en un área de atención directa al paciente y no en un despacho.

Y si pudiera cambiar de trabajo, ¿cuál elegiría?

Alguno en el que pudiera gestionar las quejas de los usuarios y que me permitiera mejorar la atención. Y más aún precisamente en un momento en el que la sanidad no atraviesa su mejor momento y están aumentando las reclamaciones por las listas de espera o la asistencia precarizada, por ejemplo.

Cuando era niño, ¿qué le apasionaba hacer?

Jugaba mucho al fútbol pero, sobre todo, al baloncesto por la altura (risas).

¿Hizo carrera deportiva en el baloncesto o simplemente eran pachangas entre amigos?

Llegué casi a debutar en la Liga EBA con el equipo de la Línea, pero lo dejé porque tenía que compaginar trabajo y estudios y no quería abandonar los libros.

¿En su época de estudiante ya sacaba su faceta reivindicativa? ¿Era el que defendía a los compañeros?

Sí, claro, eso se empieza desde pequeñito. Primero siendo delegado de clase y después militando en las Juventudes Andaluzas Revolucionarias (JAR), un partido de izquierda radical.

¿Qué recuerda de aquella época?

Éramos un movimiento estudiantil de la predemocracia que contribuyó a conquistar derechos durante el proceso de la transición.

¿Tuvo muchos enfrentamientos con la policía?

Siempre, era algo inevitable.

¿Algún susto importante que recuerde?

En una manifestación en Málaga mataron a un compañero de un tiro. Son recuerdos desagradables que no dejan de formar parte de la historia para que no se vuelvan a repetir, espero.

Antes de entrar en Comisiones Obreras, ¿militó en algún otro sindicato?

No.

¿Y por qué se decidió por este?

Siendo simpatizante del Partido Comunista, por lógica mi sindicato era Comisiones Obreras. Tiene mucho compromiso social y ha hecho mucho por el Estado del Bienestar de este país, como velar por las pensiones, la sanidad y la educación pública o la dependencia.

¿Se puede ser sindicalista y de derechas?

Sí se puede, no es incompatible, y en el sindicato no vamos a excluir a nadie por su convicción política. Tengo amigos que son sindicalistas y son de derechas pero yo me considero una persona de izquierdas por convencimiento, aunque actualmente no milite en ningún partido. Es la izquierda la que apuesta por la clase trabajadora y la derecha por los intereses de la patronal.

¿Por qué cree que pensó el sindicato en usted para encabezar la Federación de Sanidad y Sectores Sociosanitarios?

Habría que preguntárselo a la organización porque el primer sorprendido fui yo.

¿Cómo fue esa llamada?

Llegó cuando era secretario de Organización en Andalucía y ya había asumido que iba a ser el secretario general en esta comunidad. Pero, un mes de julio, me llamaron desde arriba y me dijeron que me tenía que venir a Madrid. Y yo dije: “Oye, cuidado que esto es otra cosa ¡eh! Primero tengo que hablarlo con mi familia y tampoco voy a dejar Andalucía mal”. Y sin esas dos condiciones, no me iba a venir.

¿Cómo se tomó la familia esta noticia?

Nunca es agradable que te tengas que ir de tu casa de lunes a viernes -en el mejor de los casos si no te surge nada un fin de semana-. Pero bueno, mi mujer me conoció ya siendo sindicalista.

Cabrera, con amigos durante la Feria de Jerez.

¿Tuvo miedo de aceptar este cargo?

Sí, porque era un compromiso importante. Ésta es una organización potente que está presente en 17 comunidades y dos ciudades autónomas. En Andalucía conocía bastante a mis interlocutores del Servicio Andaluz de Salud, la Consejería y del propio Gobierno de la Junta. Sin embargo, venirme a Madrid fue como un salto al vacío, ya que no conocía a nadie del Ministerio de Sanidad, ni de las grandes patronales. Fue un gran reto, pero lo asumí.

En las distancias cortas, ¿qué ministro de Sanidad le ha sorprendido, tanto para bien como para mal?

Recuerdo muy positivamente la época de Trinidad Jiménez. Dinamizó mucho el Consejo Interterritorial e hizo un esfuerzo importante por la interlocución con los sindicatos. Una pena que su recorrido en el ministerio fuera tan corto y que Zapatero no apostara por la sanidad al quitar a la ministra mejor valorada de aquella época para poner a una de las peores que hemos tenido (en referencia a Leire Pajín).

Por su parte, Alfonso Alonso se ha caracterizado por ser invisible, ya que no se ha dignado a sentarse con los sindicatos nunca, cosa que sí hizo Ana Mato. Tomó algunas decisiones, como el decreto de prescripción enfermera, que no hicieron ningún favor al sistema sanitario y que, además, no contó con el consenso ni de los sindicatos ni de las sociedades científicas.

¿Y cómo es su relación con el resto de compañeros del Ámbito de Negociación?

A Fernando Molina, de CSI-F, lo conozco desde hace más de 20 años, ya que ambos venimos de Andalucía, y siempre he tenido buen ‘feeling’ con él. Y también he tenido buena relación con la anterior Dirección de Sanidad de UGT (liderada por Pilar Navarro), mientras que aún no he tenido la posibilidad de conocer a la nueva secretaria general, Gracia Álvarez. Por su parte, con el sindicalismo profesional (Satse y CESM) ha habido encuentros y desencuentros.

Es decir, que no con todos se ha ido a tomar una cerveza después de una reunión en el ministerio.

No. Una cosa son las buenas relaciones sindicales, pero luego a los amigos los selecciono yo, y ahí las siglas desaparecen.

¿Siente que está en su mejor momento profesionalmente o debe dar un paso atrás y dejar que entre sabia nueva a la Secretaría?

Mi objetivo primordial es que este sindicato tenga un relevo generacional. Necesitamos incorporar a gente joven para conocer las realidades e inquietudes que están ocurriendo. A lo mejor si rejuveneciéramos un poco la política también, sería más fácil ponernos de acuerdo y la sociedad lo agradecería.

¿Siente que se ha perdido algún momento de la vida de su familia por atender el trabajo?

Sí, sin duda, pero lo he intentado compensar con los fines de semana. Por ejemplo, he tenido que ser delegado de un equipo de fútbol para estar cerca de mi niño e ir a todos los campos de Málaga para verle jugar. Pero aun así, hay momentos que te pierdes e intento cambiarlo, porque ahora encima tengo dos nietas.

¿Y alguno de sus dos hijos ha seguido los pasos del padre, ya sea en el ámbito sanitario o sindical?

No.

¿A qué se dedican?

Uno juega al fútbol en Tercera División y el otro está en el paro.

¿Cómo es su relación con ellos?

Son mis hijos y voy a hacer lo que ellos me pidan, como cualquier padre, que no le dice que no a su hijo. Y con mis nietos soy peor, ¿eh?

¿Los tiene más mimados?

Con los hijos se tiene una cierta responsabilidad directa en su educación, con los nietos no, que para eso están los padres (risas).

¿Cómo es el Antonio Cabrera abuelo?

Mis nietos me encandilan y les doy lo que me pidan, digan sus padres lo que digan. Intento estar muy pendientes de ellos y aprovechar el tiempo al máximo, a pesar del poco de que dispongo.

EN CORTO
Libro de cabecera
‘San Manuel Bueno, mártir’, de Miguel de Unamuno.
 
Película favorita:
‘La guerra de las galaxias’, de George Lucas.
 
Canción favorita:
‘Bohemian Rhapsody’, de Queen.
 
Una ciudad para vivir
Conil.
 
Una ciudada para viajar
París.
 
Un objeto imprescindible
A día de hoy, las gafas.
 
Un personaje en su vida
Marcelino Camacho.
 
Un personaje histórico
El Che Guevara.
 
Un lema vital
“Ni nos domaron, ni nos doblaron, ni nos van a domesticar”.
 
Un equipo de fútbol
El Real Madrid.
 
¿Qué le hace feliz?
Conseguir un mundo más igualitario.
Cuando no está en el sindicato, ¿en qué le gusta ocupar su tiempo libre?

Soy un fanático de todos los deportes y, además del fútbol y el baloncesto, sigo el automovilismo, el motociclismo, el atletismo, el balonmano… Este verano, con los Juegos Olímpicos, he estado pegado al televisor.

¿Y practica alguna disciplina deportiva?

Por desgracia llevo dos años sin practicar nada de deporte, aunque me gustaría retomar algo.

¿Por alguna circunstancia en particular?

Tenía un ‘equipillo’ y llevábamos 30 años jugando juntos. Pero la edad no perdona y lo hemos terminado dejando.

Tengo entendido que también es un fan incondicional del flamenco.

Sí, y como buen gaditano, mi referente es Camarón. Pero también sigo a El Cabrero, El Lebrijano, José Mercé, Rocío Jurado…

¿Y en la intimidad se arranca por bulerías?

No, no tengo voz para cantar (ríe). También me gusta mucho el rock andaluz, como Triana o Alameda.

Viendo su vida con perspectiva, ¿cuál considera que ha sido su mayor éxito?

Dedicarme al sindicalismo y ayudar a las personas.

¿Y el mayor fracaso?

Que el mundo siga como está, con tantas desigualdades, con cada vez más pobres, menos recursos, más guerras… El que ni como persona, ni como sociedad, ni como organización hayamos podido cambiar un ápice.

¿Cuál es la mejor virtud para ser un buen líder sindical?

El diálogo, tanto hablar mucho como escuchar mucho, e intentar aprender de los demás.