16 nov 2018 | Actualizado: 00:00
La Revista

"Tengo a mi mujer cabreada desde que me presenté a la reelección de Semes"

Tomás Toranzo llegó a la Presidencia de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos en mayo de 2016

Tomás Toranzo, durante su entrevista en la sede de CESM.
sáb 15 abril 2017. 20.00H
@cristinaalcalal
Joana Huertas
Viniendo de una familia de médicos, era raro que Tomás Toranzo no tirara por estos derroteros. Una pasión que, en su caso, se ha transmitido con el paso de las generaciones: él la heredó de su abuelo, al que veía ponerse la bata blanca para atender a los pacientes en su propio domicilio; y la ha pasado a dos de sus tres hijos. Sin embargo, Toranzo no esconde la ‘cara b’ que ha conocido de la Medicina, la de las jornadas maratonianas de más de 24 horas seguidas con una oferta asistencial mínima. Unas condiciones laborales precarias que sacaron a la luz su faceta más reivindicativa y que, para acabar con ellas, le llevaron a tocar prácticamente todos los palos del sindicalismo y la colegiación, hasta auparlo a lo que es ahora, el actual presidente de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM).
 
Natural de Villalpando, Zamora. ¿Qué recuerda de su infancia?
 
Mi familia era muy reconocida en el pueblo, ya que mi abuelo era el médico, y cualquier cosa que hacía transcendía entre los vecinos. Porque, a pesar de ser el mayor de nueve hermanos, era uno de los más traviesos.
 
¿Qué valores aprendió siendo el mayor de nueve hermanos?
 
La responsabilidad, sobre todo. Al mayor siempre le ponen como ejemplo y más en una época no muy boyante como esa, donde había que compartir casi todo, desde la habitación hasta los juegos.
 

La comitiva de CESM, compuesta por Tomás Toranzo, Francisco Miralles y Albert Tomàs, con el entonces ministro de Sanidad, Alfonso Alonso, y su gabinete.

Y la ropa.
 
Afortunadamente no heredaba (ríe).
 
Alguna ventaja había que tener.
 
De las pocas. Porque si luego había algún problema, las culpas eran para mí.
 
¿Fue su abuelo la persona que le acercó al mundo de la Medicina?
 
En mi familia -no solo mi abuelo- había varios médicos: el hermano de mi padre, por ejemplo. Algo imagino que influiría, pero la vocación siempre estuvo ahí.
 
¿Le solía acompañar cuando atendía a pacientes?
 
Las consultas de antes no eran como las de ahora, sino que estaban en la casa del médico porque no había centros de salud. Y como pasaba con mucho tiempo con mis abuelos, veía constantemente cómo llegaban los pacientes.
 
¿Desde pequeño quiso seguir sus pasos?
 
No, no solo tenía vocación por la Medicina. Cuando estaba haciendo el Bachiller en Zamora, descubrí que me gustaban otras disciplinas, como el Derecho, aunque finalmente opté por Medicina. Igual le ha pasado mi hijo pequeño, que escogió esta vía y durante el primer curso estaba convencido que se había confundido, pero ahora está encantado.
 
¿Qué le atrajo de Urgencias que no tuviera otra área sanitaria?
 
Cuando terminé en junio la carrera comencé a prepararme el MIR, pero en aquella época había una oferta inmensa de médicos residentes –éramos unos 20.000 para muy pocas plazas- y no saqué la plaza que quería. Por eso, empecé a trabajar en un centro de salud de Zamora y allí surgió un contrato en Urgencias. Es un servicio que siempre me ha gustado porque permite al médico tomar decisiones y estar en contacto directo con los pacientes. Preferí coger este contrato antes de irme al paro (a pesar de que cobraba una cuarta parte menos de lo que ganaría estando desempleado).
 
¿En qué hospital empezó?
 
En el servicio de Urgencias del Hospital Virgen de la Concha.
 
¿Y qué recuerda de sus primeros años como médico residente?
 
Recuerdo que hacía jornadas maratonianas: desde trabajar 24 horas seguidas hasta echar una mano cuando no teníamos turno. Por eso, ante esta situación, empezamos a reivindicar mejoras laborales.

El presidente de CESM en un momento de la entrevista.

Es un servicio atractivo pero imagino que también muy duro. ¿Cuál ha sido la situación que más le ha impactado?
 
El día que acudió al hospital una familia porque habían atropellado a su hijo. Fue durante su comunión y me tocó a mí comunicarles la noticia de su fallecimiento. Al oírlo, su hermano se agarraba a mí y me daba patadas. Es un recuerdo que se me ha quedado, porque te das cuenta del dolor que tuvieron que pasar.
 
Ser urgenciólogo, ¿le ha dado más alegrías o quebraderos de cabeza?
 
Si te gusta, te da muchas alegrías porque, para mí, es la parte de la Medicina más bonita. Mi hija, que ahora es cardióloga en el Hospital Valdecilla, conoció mi apogeo reivindicativo cuando aún estaba estudiando Medicina y tenía claro que si se creaba la especialidad, sería urgencióloga, porque veía que yo disfrutaba siéndolo.
 
Y respecto a su faceta sindical, ¿cómo empezó esta andadura? ¿Cómo recuerda su primer día?
 
Empezó en los 80, cuando había un paro médico inmenso, muy pocas plazas MIR, y tenían, incluso, mayor preferencia para trabajar los casados sobre los solteros. Yo eso no lo entendía y junto a mi compañero Sebastián Martínez (ahora presidente del Colegio de Médicos de Zamora) empezamos a defender unas condiciones laborales mejores. Ya en el 84, con 28 años, estaba en la Junta Directiva del Sindicato Médico de Zamora y recuerdo que era el más joven de los que acudían a los congresos del CESM. Tras eso me casé, pero el ritmo de trabajo no paró.
 
También ha dado sus pasos por el mundo colegial.
 
Sí. Primero fui vocal en Precario del Colegio de Médicos de Zamora y después en Castilla y León. Dimití porque en aquella época el colegio tenía un funcionamiento un poco raro.
 
¿Sigue pasando a día de hoy?
 
El mío no, por lo menos. En aquel momento no estaba clara la función del colegio y se terminaba creando distorsiones. Entendía que la defensa de los derechos laborales de los médicos necesitaba un ámbito concreto y el colegio, por su parte, defiende el ejercicio de la profesión desde otro punto de vista vinculado a la práctica médica.
 
Va a cumplir un año al frente de CESM. ¿Cómo le ha cambiado la vida esta nueva responsabilidad?
 
No me ha cambiado nada (ríe). La Presidencia del CESM es para mí un reconocimiento que, incluso, me da menos trabajo que cuando era vicesecretario. La de presidente no es que sea una figura decorativa porque tiene competencias, pero es más cómoda. 
 
Me imagino que este nuevo cargo le quita tiempo para estar con la familia...
 
Sí, he tenido que sacrificar mi vida familiar por la laboral porque vivo a caballo entre Salamanca, Zamora, Valladolid y Madrid. Tengo a mi mujer cabreada desde que le dije que quería presentarme a la relección de Semes (ríe).
 
¿Y eso?
 
Porque mis tres hijos ya se habían marchado de casa [el mayor es ingeniero y trabaja en Panamá; la mediana es cardióloga en Santander y el pequeño estudia Medicina en Pamplona] ya se había sacrificado mucho para que yo alcanzase mis metas y no quería quedarse sola más. Siempre me dice: “Ya te acordarás del poco tiempo que le has dedicado a tus hijos”. Y es cierto.
 
¿Cómo consiguió su ‘permiso’?
 
Prometiéndole que no me iba a quitar mucho tiempo. A veces me recuerda: “Me prometiste…”, pero lo sigue llevando bien.
 
¿Le prohibiría presentarse a la reelección de CESM?
 
A presidente no, pero a un cargo con más carga de trabajo, probablemente sí. Ella siempre dice que mis hobbies son el sindicato, el colegio y Semes.

Toranzo, junto a sus compañeros de CESM, en una manifestación frente al Ministerio de Sanidad en 2015.

 
¿Algún momento que le pese no haber estado al lado de los suyos?
 
Cuando mis dos hijos mayores hicieron la primera comunión, por ejemplo. Ese evento coincidió con la huelga del 95 y prácticamente acudí como invitado, perdiéndome todos los preparativos. Y más teniendo en cuenta que mi familia es católica practicante y que lo vivimos con mucha intensidad. Cuando pasa el tiempo y ves que no sales en las fotos, te das cuenta que te has perdido un momento importante para tu familia.
 
¿Se lo han reprochado alguna vez sus hijos?

No, todo lo contrario, les ha servido de ejemplo. Han visto que no solo hay que exigir responsabilidades a otros, sino comprometerse con las ideas que uno tiene.
 
¿Esta nueva responsabilidad también le ha quitado tiempo de pasar consulta?
 
Desde hace muchos años que no veo pacientes porque era imposible compaginar ambas facetas.
 
¿Y qué es lo que más echa de menos?
 
Relacionarme con los pacientes, hacer Medicina, tomar decisiones… Pero siempre procuro actualizar mis conocimientos con las nuevas guías.

¿Se olvidan los actuales líderes sindicales del contacto con el paciente cuando llegan a las altas esferas?
 
Todo lo contrario, se echa de menos. Yo sigo estudiando Medicina e intento pasarme por los hospitales, pero te das cuentas que, a veces, no estás en condiciones. Por eso, no recomendaría a ninguno de mis hijos que siguiesen mis pasos en este sentido.
 
¿Ah no?
 
No, que no abandonen la Medicina por dedicar ese tiempo al sindicalismo. No me arrepiento, sino todo lo contrario, porque he luchado para que los médicos puedan ejercer en mejores condiciones.
 
¿Se marca una fecha de salida de CESM?


No, afortunadamente no.

No le ve fin a esta etapa, todavía.

No, a mí mientras me dejen… Me gusta estar aquí. Una cosa es que diga que no se lo recomiendo a mis hijos y otra que me arrepienta. A nadie se le fuerza para estar aquí y aunque implica mucho sacrificio y dedicación, es totalmente voluntario. Sarna con gusto no pica.
 

Tomás Toranzo saluda a la actual ministra de Sanidad, Dolors Montserrat.

¿Cuál es el mayor logro que le gustaría alcanzar durante su mandato?
 
Crear la especialidad de Medicina de Urgencias. Creo que ahora se dan las circunstancias necesarias para que la Administración y muchas sociedades científicas se den cuenta del error que ha sido no hacerla antes. Aunque sea por egoísmo, porque tengo dos hijos que se dedican a esta profesión y quiero que se consiga.
 
En 2013 intentó optar también a la presidencia de la Organización Médica Colegial, un sueño que duró muy poco. ¿Qué pasó exactamente?
 
Fue simplemente una estrategia. El día anterior a terminar el periodo electoral, hablé con el único que se presentaba, Juan José Rodríguez Sendín, y le recordé que tenía que apoyar en la Asamblea General la creación de la especialidad. En un primer momento me dijo que sí pero luego le vi que dudó y parecía que había sucumbido a ciertas servidumbres por presiones de las organizaciones que estaban en contra.
 
Entonces, un compañero me dijo “¿Por qué no te presentas? Termina el plazo en 20 minutos”. Yo en ese momento estaba en una jornada de Semes en Zaragoza y me acerqué al colegio y presenté mi candidatura. No tenía ni el más mínimo interés, pero Juanjo se puso de los nervios y me garantizó que sí apoyaría la creación de especialidad, por lo que retiré mi candidatura.
 
¿El sindicato apoyó la decisión de presentar su candidatura?
 
En cuanto saltó la noticia me llamó Francisco Miralles, pero sabía que no había ningún interés en estas elecciones y que fue una decisión que tomé al margen de la organización, como presidente de Semes y miembro del Colegio de Médicos de Zamora.
 
¿Le molestó a Miralles esa decisión de última hora?
 
No, con Paco tengo una relación muy buena. Es otro compañero que defiende la creación de la especialidad Urgencias y entendió perfectamente mi postura.
 
Pero su decisión sí levantó algunas ampollas en el colectivo médico.
 
Muchas, porque no lo entendieron. Hubo mucha gente que me llamó ese día y, al principio, les seguía un poco el juego.
 
Su candidatura no llegó ni a las 24 horas de vida.
 
Al día siguiente por la tarde la retiré formalmente, después de tener el compromiso de Juanjo a las 11 de la mañana.
 
EN CORTO
Libro de referencia: Marina de Carlos Ruiz Zafón.
 
Película favorita: Casablanca, de Michael Curtiz y Qué verde era mi valle, de John Ford.
 
Canción favorita: Cualquiera de The Beatles.
 
Ciudad para vivir: Salamanca.
 
Ciudad para viajar: Nueva York o Sicilia.
 
Un objeto imprescindible: El móvil y el iPad.
 
Un personaje de su vida: Mi padre.
 
Un personaje histórico: Isabel La Católica o Alfonso VIII.
 
Equipo de fútbol: Mis hijos dicen que soy madridista pero ahora me gusta mucho el Atlético de Madrid.
 
Un lema vital: El trabajo, la constancia. “La gota cava la piedra”.
 
Qué le hace feliz: Ver a mi familia feliz y disfrutar de ellos.
Pero bueno, imagino que aunque fuese por poco tiempo, estaría ilusionado con la idea de ser candidato a la Presidencia de la OMC.
 
No tenía intención de seguir porque ni me lo planteé y porque sería muy atrevido si buscase apoyos a una decisión que ni había pensado. Si uno es un poco responsable no opta a la Presidencia de la OMC dos minutos antes de que se cierre el plazo. Simplemente lo hice para presionar, o sea que ni me veía, ni me hacía ilusión.
 
Y en ese poco tiempo libre que ha mencionado que tiene, ¿en qué le gusta gastarlo?
 
Principalmente en leer –especialmente novela histórica– salir y conversar con los amigos, o jugar al ajedrez con mi hijo pequeño, con el que también aprovecho para ver el fútbol. Pero también soy muy casero, donde solo ayudo a arreglar al jardín porque lo que se dice cosas de casa, no hago nada. De los nueve hermanos soy el único que no sabe cocinar.
 
¿Y nunca le pica el gusanillo de adentrarse en el mundo de la cocina?
 
No, en cambio mis dos hijos cocinan muy bien, mientras que mi hija ha salido a mí.
 
Viendo su vida con perspectiva, ¿cuál considera que ha sido su mayor éxito?
 
No veo grandes éxitos, sino el trabajo diario. Importantes fueron los logros conseguidos en la huelga del 95, como la que vivimos en 2005 en Castilla y León. La crisis ha hecho que muchas reivindicaciones se hayan parado y estamos en condiciones de poder movilizar y sensibilizar a nuestros compañeros para que se vuelvan a reivindicar con más fuerza aún.
 
¿Y el mayor fracaso?
 
La creación de la especialidad. Para mí es una frustración y uno de mis mayores anhelos es que se consiguiese porque es que creo que cambiaría todo el sistema, tanto su la eficiencia, como funcionamiento de los servicios.
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