Jesús Galán, María Belén López, Mercedes Petrino y Elia Rodríguez.

Jesús Galán, María Belén López, Mercedes Petrino y Elia Rodríguez.

MIR

El verano más complicado para los MIR también es el más provechoso: "Fue cuando más adelanté"

Los residentes de primer año recuerdan cómo prepararon el examen durante los meses estivales

Publicada

Playas y piscinas abarrotadas. Sobrellevar el calor nocturno en una terraza. El rugido del motor de un avión al despegar o el caminar de un tren que se aleja -o acerca- a la estación. Estas son algunas de las imágenes recurrentes del verano. Unas postales en las que no aparece todo el mundo. Por ejemplo, aquellos que tienen la vista puesta en un puesto de especialización en el Sistema Nacional de Salud (SNS). Para la mayoría de ellos, no hay barullo aeroportuario ni romper de las olas. Al menos, en grandes dosis. En su lugar, la quietud de la biblioteca, el brillo de la pantalla del ordenador o el olor a papel y tinta de los apuntes. La próxima hornada de residentes se define a partir del estudio veraniego. Un estío que esperan no tener que repetir, al emular el éxito de sus predecesores.

Los actuales MIR de primer año todavía recuerdan los meses de julio, agosto y septiembre de 2026, que pasaron en compañía del temario. Un momento complicado, ya que acostumbran a intensificar el estudio con el arranque de la estación, coincidente con la conclusión del grado en Medicina. Especialmente cuando su paso se dirige hacia una rutina de preparación estricta y no al disfrute del periodo estival. "El hecho de no haber estudiado nunca en verano, que otras personas estén de vacaciones y tú no, pese a que el examen todavía esté tan lejos, hace que la situación sea un poco extraña", ha indicado Javier Galán, residente de Medicina Interna en el Hospital Universitario Virgen del Rocío (Sevilla), a Redacción Médica.

Pese a que las academias de preparación recomiendan tomarse un par de días de descanso, buena parte de los aspirantes aprovechan el periodo estival de manera íntegra para avanzar. "No descansé nada; al contrario, lo empleé para sacar estudio atrasado", ha compartido Elia Rodríguez, ahora MIR de Aparato Digestivo en el Hospital Universitari de Bellvitge (Barcelona). También fue el caso de Mercedes Petrino, residente de Hematología y Hemoterapia en la Comunidad de Madrid, quien justo finalizaba su primer paso por Formación Sanitaria Especializada (FSE), en concreto, por Anatomía Patológica. "El verano fue cuando más aproveché, porque ya había dejado de trabajar y tantas horas de luz natural hacían que el día fuera más rentable", ha apuntado.

Preparación bajo el calor veraniego

Las altas temperaturas no son buenas compañeras de estudio. Sin embargo, los aspirantes de la convocatoria de 2026 hallaron distintos métodos para combatir el efecto del mercurio disparado. Hidratación, biblioteca o piscina. Pero, hay uno que se repite en la mayoría: establecer una rutina.

María Belén López, ahora en proceso de formarse en Cardiología en el Hospital Universitario La Paz (Madrid), estructuró el día para abordar el temario MIR de forma efectiva. "El verano fue cuando empecé a estudiar a tiempo completo, mañana y tarde", ha afirmado. Así, ponía el despertador a las 7:30 y una hora después se plantaba ante los apuntes. No paraba hasta las 14:30, para luego volver a las 16:00 y continuar con su labor hasta las 21:00 o 21:30. Un horario que compaginaba con alguna hora de deporte a la semana, aunque ella misma ha reconocido que "conforme avanza la preparación es más complicado".

"No descansé nada; al contrario, lo emplee para sacar estudio atrasado"

López organizó el estudio y el descanso para ganar en eficacia. Este segundo aspecto también lo respetaba, ya que tras él se hallan las posibilidades de éxito en el MIR. Actividad física, reuniones familiares o quedadas con los amigos ayudan a rebajar el nivel de saturación de los candidatos. Incluso, la realización de algún plan más veraniego. "Iba a la playa todos los fines de semana, porque siempre liberas estrés", ha comentado Rodríguez.

Oportunidad estival

Estudiar en verano no causa satisfacción, pero, en muchos casos, puede determinar el acceso a la vacante formativa deseada. Los expertos en el MIR remarcan que el estío es la mejor época para preparar la prueba, dado que los aspirantes cuentan con más tiempo y no sienten la ansiedad provocada por la cercanía de la fecha de examen. Motivo por el que recomiendan abordar las asignaturas más complejas y las que más netas aportan, como Cardiología o Pediatría.

Sentarse en un bar. Tumbarse en la arena. Caminar en un lugar desconocido. Todas estas acciones causan placer inmediato. El estudio no puede competir con ellas en inmediatez. No obstante, su efecto va con retraso: conseguir una de las 9.676 plazas de la oposición de 2027. Un placer, pero a largo plazo. Tal vez, por un año, no valga la pena estar plasmado en las postales estivales. Las voces del verano de 2026 concuerdan.