Una médica en su consulta.
El peligro de formar ‘médicos de manual’: cuando obedecer importa más que la empatía
Dos facultativos se apoyan en una encuesta a 2.500 estudiantes de Medicina para analizar la realidad en las aulas
La Medicina moderna se enfrenta a una crisis que va penetrando poco a poco en sus aulas, corriendo el riesgo de transformarse en un mero “ejercicio de rellenar casillas”. Estudiantes denuncian que las instituciones otorgan un valor desproporcionado al control de la asistencia o a la entrega puntual de formularios de evaluación, dejando de lado otros asuntos y problemas de relevancia. Temas como el acoso sexual, el racismo y el sexismo no se abordan con la contundencia necesaria, mientras que las infracciones menores y cotidianas se persiguen con exceso de celo, señalan.
Así lo ponen de manifiesto Katie Diss, médica recién graduada, y Callum Williams, vicepresidente saliente del Comité de Estudiantes de Medicina de la Asociación Médica Británica (BMA), en un artículo publicado recientemente en la revista British Medical Journal (BMJ). Apoyándose en un reciente informe de la BMA, que recoge las voces de 2573 estudiantes de medicina de todo el Reino Unido, los autores lanzan una advertencia: las facultades están confundiendo la profesionalidad con el cumplimiento normativo.
En el artículo ponen sobre la mesa que el uso de sistemas basados en puntos para penalizar faltas administrativas carece por completo de matices, según denuncian los autores. Esta dinámica crea la ilusión de que existe un margen aceptable de mal comportamiento, siempre y cuando la burocracia del alumno se mantenga al día. De este modo, un estudiante con una asistencia perfecta puede mantener comportamientos discriminatorios hacia sus pacientes, mientras que un alumno que se retrasa en un trámite administrativo podría ser quien demuestre la mayor empatía e integridad en la práctica clínica.
El castigo a la vulnerabilidad
Esta cultura centrada en las apariencias y el rendimiento administrativo que señalan los autores del artículo afecta de forma "desproporcionada" a los estudiantes con circunstancias vitales complejas. El informe de la BMA revela que alrededor de la mitad de los encuestados sentía que su bienestar físico o mental no se tomaba en cuenta al aplicar los estándares de conducta en sus facultades. Quienes necesitan trabajar a tiempo parcial para financiar sus estudios, o aquellos que asumen responsabilidades de cuidado familiar, se enfrentan a un sistema rígido que exige uniformidad y no contempla las emergencias personales, etiquetando a los alumnos más vulnerables como "poco profesionales".
El sistema de salud público, subrayan Diss y Williams, no necesita burócratas que se limiten a satisfacer las demandas del sistema: “El NHS (Servicio Nacional de Salud británico) necesita médicos que hagan lo correcto, incluso si eso significa alzar la voz y desafiar a sus superiores, no médicos que solo se amolden al sistema", estiman.
En este sentido, para evitar que las reglas aplasten la verdadera vocación, los autores exigen políticas de asistencia que entiendan el contexto de los alumnos y reclaman que el Consejo Médico General (GMC) supervise a todas las facultades para garantizar que sus normas sean justas y transparentes. "La integridad, la honestidad, el respeto y el valor moral no se revelan a través de procesos administrativos, sino a través de decisiones que a menudo se toman cuando nadie está mirando", afirman los facultativos.