Para prevenir estos episodios es clave registrar los incidentes, entre otras pautas.
Mecanismos internos contra las agresiones en la sanidad privada ante la falta de trazabilidad
Grupos hospitalarios refuerzan sus protocolos frente a la violencia con sistemas de aviso, seguridad y acompañamiento al profesional
La violencia contra los profesionales sanitarios no es exclusiva de la sanidad pública. Los hospitales privados también afrontan episodios de insultos, amenazas, coacciones y agresiones físicas, aunque el sector sigue sin disponer de un registro estatal homogéneo que permita conocer con precisión la magnitud del problema y compararla con la del Sistema Nacional de Salud (SNS). Ante esta situación, los grandes grupos hospitalarios han desarrollado sus propios mecanismos de prevención, notificación y respuesta.
Así lo explican a Redacción Médica Grupo Ribera y Grupo Hospitalario HLA, que sitúan la prevención, la detección temprana, la seguridad y el acompañamiento al profesional en el centro de sus procedimientos.
El último informe del Ministerio de Sanidad contabilizó 18.563 agresiones a profesionales del SNS durante 2025, con una tasa de 24,37 incidentes por cada 1.000 profesionales. La mayoría, el 84,5 por ciento, fueron agresiones no físicas, principalmente insultos, amenazas, coacciones o conductas intimidatorias. Sin embargo, no existe una cifra equivalente para el conjunto de la sanidad privada. Desde Grupo Ribera explican que "actualmente no existe un registro estatal público, homogéneo y comparable al del Sistema Nacional de Salud que permita ofrecer una cifra global del conjunto del sector privado con el mismo nivel de trazabilidad".
En este contexto, los grupos hospitalarios cuentan con sus propios mecanismos internos. Ribera señala que dispone de "procedimientos internos de prevención y actuación frente a agresiones a profesionales, tanto físicas como verbales". Estos protocolos contemplan "la comunicación inmediata del incidente, la valoración de la situación por los equipos responsables del centro, la activación de seguridad cuando procede, el acompañamiento a la persona afectada, la investigación interna del episodio, la adopción de medidas correctoras y, en su caso, el apoyo para la interposición de denuncia".
“Una agresión no termina en el momento del incidente”
La actuación no termina, por tanto, con la intervención ante el episodio. El grupo también destaca su colaboración con el Interlocutor Policial Sanitario de Policía Nacional y Guardia Civil. Según explica, esta figura "constituye un cauce especialmente útil para mejorar la prevención, la comunicación y la respuesta ante este tipo de situaciones". Además, Ribera recuerda que "las agresiones verbales también pueden ser denunciadas", ya que determinados episodios pueden quedar sin comunicar.
HLA comparte una filosofía similar. "La seguridad de nuestros profesionales es una prioridad estratégica y un elemento inseparable de la calidad asistencial", señala el grupo, que mantiene una posición de "tolerancia cero frente a cualquier tipo de agresión, ya sea verbal, física o psicológica". Sus procedimientos incluyen "prevención, detección temprana, comunicación interna, apoyo al profesional afectado y coordinación con los equipos de seguridad".
Protocolos adaptados a cada centro
Aunque la filosofía de actuación es común, los protocolos no son necesariamente idénticos en todos los hospitales. Ribera explica que puede haber diferencias operativas entre comunidades autónomas debido a "la normativa aplicable, los planes autonómicos específicos frente a agresiones, los canales de coordinación con las fuerzas y cuerpos de seguridad, los servicios públicos de salud, juzgados, fiscalías o interlocutores policiales territoriales". El criterio general, sin embargo, es "tolerancia cero frente a cualquier forma de violencia, insulto, amenaza, coacción o agresión física hacia profesionales sanitarios".
HLA también adapta sus procedimientos a cada centro y a la normativa autonómica. El grupo considera que esta información debe quedar registrada porque "solo se puede mejorar aquello que se mide y se analiza". Sus mecanismos internos permiten revisar los entornos de riesgo y actuar sobre aquellos factores organizativos que puedan contribuir a generar situaciones de tensión.
Precisamente, uno de los puntos que comparten ambas compañías es la identificación de posibles detonantes. Ribera señala que las agresiones suelen aparecer en situaciones relacionadas con "tensión asistencial, expectativas no satisfechas, demoras percibidas, discrepancias con la información clínica recibida, limitaciones en el acceso a determinadas prestaciones, disconformidad con decisiones clínicas o administrativas, o momentos de especial carga emocional para pacientes y familiares". No obstante, recalca que "ninguna de estas circunstancias justifica una agresión".
HLA apunta también a "la percepción del paciente sobre los tiempos de espera, la información recibida o las decisiones asistenciales" y considera fundamental una "comunicación clara, empática y transparente" como parte de la cultura asistencial del grupo.
Seguridad física y bienestar de las plantillas
La prevención se completa con medidas de seguridad. Ribera señala que sus centros pueden disponer de "sistemas de videovigilancia en zonas autorizadas, presencia de personal de seguridad, controles de acceso, sistemas de aviso o alarma, protocolos de actuación ante situaciones conflictivas, formación e información a profesionales, coordinación con fuerzas y cuerpos de seguridad, revisión de circuitos asistenciales y análisis de puntos de especial tensión". El grupo cuenta además con Winning Security, especializada en seguridad integrada.
HLA incorpora igualmente, según las necesidades de cada centro, "sistemas de control de accesos, videovigilancia, mecanismos de aviso rápido, presencia de personal de seguridad y protocolos de respuesta coordinada". Estas medidas se complementan con formación específica para que los equipos sepan responder ante situaciones de riesgo.
El impacto de las agresiones trasciende además el momento del incidente. Ribera advierte de que una agresión "puede generar miedo, hipervigilancia, desgaste emocional, pérdida de confianza y sensación de desprotección". Para HLA, la violencia y la inseguridad "deterioran el bienestar emocional, aumentan el desgaste y pueden afectar a la retención del talento sanitario". Y es que, ambos grupos vinculan así la protección de los sanitarios con la calidad asistencial y la capacidad para mantener las plantillas. HLA resume esta idea al señalar que "proteger al profesional es también proteger al paciente, porque un equipo seguro trabaja mejor, con más confianza y con mayor capacidad de respuesta".
Al final, los grupos coinciden, precisamente, en la necesidad de avanzar hacia una mayor homogeneización de estos registros de cara a conocer mejor el problema y reforzar las medidas de prevención.