Josep Tabernero, jefe del Departamento de Oncología Médica del Hospital Universitario Vall d'Hebron y director del VHIO.

Josep Tabernero, jefe del Departamento de Oncología Médica del Hospital Universitario Vall d'Hebron y director del VHIO. Hospital Universitario Vall d'Hebron

Industria farmaceutica

"La inmunoterapia perioperatoria será el tratamiento de referencia en cáncer gástrico resecable"

La financiación de durvalumab junto a quimioterapia FLOT marca un nuevo avance en el tratamiento del cáncer gástrico y de la unión gastroesofágica resecable. El jefe del Departamento de Oncología Médica del Hospital Universitario Vall d'Hebron y director del VHIO, Josep Tabernero, destaca que esta estrategia mejora la supervivencia y reduce las recaídas

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El cáncer gástrico y de la unión gastroesofágica resecable da un paso adelante en España con la financiación de una nueva indicación de durvalumab en combinación con el esquema de quimioterapia FLOT. La incorporación de esta estrategia al Sistema Nacional de Salud (SNS) no solo amplía las opciones terapéuticas para estos pacientes, sino que también garantiza un acceso más homogéneo a un tratamiento que, hasta ahora, dependía en muchos casos de autorizaciones excepcionales.

Así lo explica el jefe del Departamento de Oncología Médica del Hospital Universitario Vall d'Hebron y director del Vall d'Hebron Instituto de Oncología (VHIO), Josep Tabernero, quien considera que el principal cambio radica precisamente en la equidad. Hasta ahora, algunos hospitales podían solicitar el uso compasivo del fármaco mientras que otros no disponían de esa posibilidad, lo que generaba diferencias en el acceso según la comunidad autónoma o el centro sanitario. Con la financiación aprobada, tras el visto bueno de las autoridades reguladoras europeas y españolas, el tratamiento pasa a estar disponible de forma ordenada dentro del sistema sanitario para todos los pacientes que cumplan los criterios de indicación.

Este avance llega para una enfermedad que, incluso cuando puede extirparse mediante cirugía, continúa presentando un pronóstico complejo. Tabernero recuerda que uno de los principales problemas del cáncer gástrico resecable ha sido históricamente la elevada tasa de recaídas tras la intervención quirúrgica. La introducción de la quimioterapia perioperatoria ya supuso un primer cambio de paradigma al reducir el riesgo de recurrencia, especialmente con la consolidación del esquema FLOT como tratamiento de referencia. Sin embargo, la incorporación de durvalumab ha permitido ir un paso más allá.

Según expone el oncólogo, la combinación de inmunoterapia con la quimioterapia antes y después de la cirugía consigue disminuir las posibilidades de recaída, aumentar la supervivencia global y elevar las probabilidades de curación. Además, incrementa la tasa de respuesta durante el tratamiento preoperatorio, un aspecto especialmente relevante en este contexto clínico.

Los resultados del ensayo internacional MATTERHORN respaldan este cambio. El estudio, del que Tabernero ha sido investigador principal, incluyó a 948 pacientes de Asia, Europa y América con enfermedad en estadios II a IVA sin metástasis. Para el especialista, el carácter global, aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo del ensayo aporta una gran solidez a los resultados y refuerza su aplicabilidad en la práctica clínica habitual.

Los datos muestran que añadir durvalumab al tratamiento estándar reduce un 29 por ciento el riesgo de progresión, recurrencia o muerte y mejora significativamente la supervivencia global frente a la quimioterapia en solitario. Además, los beneficios se observaron de forma consistente en diferentes variables, desde la respuesta clínica y patológica hasta la supervivencia libre de enfermedad.

Beneficio que va en aumento

Uno de los aspectos que más destaca Tabernero es que el beneficio no solo se mantiene con el paso del tiempo, sino que aumenta. Mientras que en muchos tratamientos las curvas de supervivencia tienden a aproximarse conforme transcurren los años, en este caso sucede lo contrario. La separación entre ambos grupos continúa ampliándose, lo que, a su juicio, refleja que la inmunoterapia genera un efecto inmunológico persistente en aquellos pacientes que responden al tratamiento.

El especialista atribuye estos resultados al momento en el que se administra la inmunoterapia. En fases tempranas, cuando la enfermedad todavía puede extirparse y el sistema inmunitario mantiene una mayor capacidad para combatir el tumor, potenciar esa respuesta mediante un inhibidor de PD-L1 permite maximizar el efecto del tratamiento. La quimioterapia y la inmunoterapia, explica, actúan además por mecanismos complementarios: mientras la primera destruye directamente las células tumorales, la segunda refuerza la capacidad del propio sistema inmune para reconocerlas y eliminarlas antes de la cirugía.

A juicio de Tabernero, este modelo ya ha demostrado su eficacia en otros tumores como el cáncer de mama, el de pulmón o el de recto, donde la inmunoterapia perioperatoria se ha ido incorporando progresivamente al tratamiento estándar. En el cáncer gástrico, considera que la evidencia disponible apunta a que esta estrategia seguirá el mismo camino y acabará consolidándose como parte del abordaje habitual de los pacientes resecables.

Necesaria coordinación entre especialidades

La incorporación de estas terapias exige, además, una estrecha coordinación entre especialidades. El director del VHIO subraya que el manejo del cáncer gástrico requiere la participación de cirujanos, oncólogos médicos, oncólogos radioterápicos, digestólogos, patólogos y radiólogos para determinar la mejor secuencia terapéutica. En su opinión, los comités multidisciplinares se han convertido en uno de los grandes avances en el tratamiento del cáncer y serán todavía más importantes a medida que aumente el número de pacientes candidatos a tratamiento perioperatorio.

Pese a estos avances, Tabernero insiste en que sigue existiendo un importante margen de mejora en el diagnóstico precoz. Muchos pacientes consultan cuando llevan tiempo presentando síntomas como pérdida de peso, dificultad para alimentarse, cansancio o incluso sangrado digestivo. Por ello, considera fundamental que tanto la población como los profesionales sanitarios mantengan un alto grado de sospecha ante estos signos y estudien adecuadamente cuadros de dolor gástrico persistente, incluyendo el descarte de infección por Helicobacter pylori, uno de los factores que favorecen la aparición de este tumor.

Mirando al futuro, el investigador prevé que la evolución del tratamiento del cáncer gástrico pasará por reforzar el diagnóstico precoz, incorporar herramientas como la biopsia líquida para identificar antes la enfermedad y seguir desarrollando nuevas estrategias de inmunoterapia y terapias dirigidas. Entre ellas menciona los anticuerpos frente a Claudin 18.2, los anticuerpos conjugados y las terapias celulares CAR-T, líneas de investigación que, junto con la inmunoterapia, aspiran a seguir mejorando el pronóstico de un tumor que durante décadas ha contado con escasas opciones terapéuticas.