Aire acondicionado funcionando (Envato)
Durante las noches del verano, el calor en ocasiones impide que se pueda conciliar el sueño. Es por ello que
dormir con el aire acondicionado se ha convertido en una práctica habitual para combatir las altas temperaturas nocturnas. Sin embargo, dejarlo funcionando durante toda la noche puede tener
consecuencias sobre la salud que no siempre se tienen en cuenta.
En este sentido, el enfermero
Jorge Ángel detalla en un vídeo publicado en su cuenta de Instagram (@enfermerojorgeangel), las consecuencias que tiene dormir con el aire acondicionado toda la noche y los
riesgos para la salud.
Qué le hace el aire acondicionado al cuerpo mientras dormimos
Uno de los principales problemas del aire acondicionado es que
reduce de forma considerable la humedad del ambiente, lo que “hace que las
vías respiratorias y la piel se resequen, agravando problemas como, por ejemplo, alergias,
bronquitis, asma, además de aumentar la irritación de la piel”, detalla el enfermero. Esto es especialmente notable en personas con afecciones respiratorias o dermatológicas previas, ya que pueden ver agravadas sus dolencias.
A su vez, dormir con el aire acondicionado también tiene un
efecto en los músculos del cuerpo. El descenso de temperatura que provoca el aparato enfría el cuerpo de manera progresiva durante la noche, y como el sueño impide que el organismo reaccione a tiempo, la musculatura puede resentirse sin que la persona se dé cuenta. Todo ello puede provocar al despertar “
calambres o
contracturas musculares”, explica Jorge Ángel.
Qué alternativas recomienda el enfermero Jorge Ángel
Prescindir del aire acondicionado en plena ola de calor no siempre es una opción realista, pero sí existen formas de usarlo sin que pase factura al organismo. De este modo, el enfermero propone
tres medidas concretas:
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Aprovechar “la ventilación natural”. Abrir las ventanas en las horas en que la temperatura exterior es más fresca, normalmente por la noche y a primera hora de la madrugada, puede ser suficiente para refrescar la habitación sin recurrir al aparato.
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“Encenderlo antes de acostarse y apagarlo al ir a dormir”. Una estrategia sencilla consiste en poner el aire un rato antes de meterse en la cama para bajar la temperatura de la habitación y apagarlo en el momento de conciliar el sueño. Así se aprovecha el frescor acumulado sin la exposición continua durante toda la noche.
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“Usar un humidificador”. En los casos en que el aire acondicionado sea imprescindible, combinar su uso con un humidificador ayuda a compensar la pérdida de humedad del ambiente y a reducir el impacto sobre las vías respiratorias y la piel.
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