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28 oct. 2019 14:20H
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MADRID, 28 (EUROPA PRESS)

Entre un 20 y hasta un 64 por ciento de los pacientes que han sobrevivido a un ictus padecen disfagia orofaríngea (DO), esto es, sufren dificultades para trasladar de manera segura el bolo alimenticio desde la boca hasta el esófago, según han destacado expertos en el marco del Día Mundial del Ictus, que se celebra este martes.

En este sentido, han destacado que el 47 por ciento de los enfermos mejoró entre las primeras semanas y el 17 por ciento a los 2-4 meses. Sin embargo, una de las principales consecuencias de la disfagia es la desnutrición. De hecho, la prevalencia de desnutrición aumenta tras el ictus de un 12 por ciento en el momento del diagnóstico hasta llegar a un 50 por ciento en enfermos con estancias prolongadas o en rehabilitación. La presencia de desnutrición empeora el pronóstico vital, aumenta las complicaciones y disminuye la recuperación funcional.

Según ha explicado el jefe de la Unidad de Exploraciones Funcionales Digestivas y Director Científico del Hospital de Mataró, Pere Clavé, "La DO puede poner en riesgo a la persona que la padece, ya que si no se ponen medidas para facilitar una deglución segura se pueden producir consecuencias graves para su salud".

Así, ha señalado que, además de la desnutrición, otras complicaciones son la "deshidratación, así como complicaciones respiratorias y neumonía por aspiración, por lo que se trata de una patología multifactorial, asociada con múltiples comorbilidades y causante de multitud de complicaciones nutricionales y respiratorias". Por ello, ha añadido también que "en su tratamiento es importante tener en cuenta un enfoque multidimensional".

Las recientes Guías de la ESPEN sobre la Nutrición Clínica en el paciente neurológico confirman que la disfagia orofaríngea es uno de los síntomas más frecuentes y potencialmente mortales en los trastornos neurológicos. Estos pacientes tienen un riesgo tres veces mayor de desarrollar neumonía por aspiración y la estancia hospitalaria y mortalidad son significativamente mayores que en pacientes con accidente cerebrovascular sin disfagia.

Tal y como destaca Clavé, "es importante asegurar un buen tratamiento nutricional en los pacientes con disfagia, entre ellos, una dieta personalizada con texturas concretas y un aporte calórico, proteico e hídrico adecuado, que se consigue mediante la triple adaptación de la dieta". Es decir, adaptando la textura de los sólidos y de la viscosidad de los líquidos, así como ajustando el contenido calórico y proteico, sin olvidar el gusto y sabor de los alimentos para proporcionar calidad de vida. "El uso de espesantes y suplementos con la adecuada viscosidad para pacientes con disfagia contribuyen a disminuir el riesgo de broncoaspiración y garantiza una deglución segura", ha explicado el doctor.

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