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20 may. 2019 14:16H
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MADRID, 20 (EUROPA PRESS)

Un estudio del Grupo Español de Púrpura Tromocitopénica Inmune (GEPTI), perteneciente a la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH), ha confirmado el novedoso papel que la pérdida de azúcares tiene en la regulación de las plaquetas, constituyendo un potencial marcador pronóstico y un objetivo terapéutico.

La PTI es una enfermedad hematológica autoinmune que afecta a las plaquetas, en la que el sistema inmune del paciente produce anticuerpos que destruyen las plaquetas y suprimen su producción en la médula ósea. "Es una enfermedad extraordinariamente heterogénea, con causas y cursos diversos, sin embargo, seguimos llamando a todos los pacientes por el mismo nombre y tratándolos de la misma forma", explica María Luisa Lozano, hematóloga del Hospital Universitario Morales Meseguer de Murcia y presidenta del GEPTI, que ha celebrado su V Reunión Anual en Madrid.

Durante la jornada, se ha debatido sobre la hipótesis (antes observada en modelos animales) de que la pérdida de azúcares en las plaquetas se asocia a la resistencia al tratamiento en determinados pacientes con PTI, constituyendo un marcador pronóstico y un objetivo terapéutico. A través de su estudio multicéntrico nacional, abierto a todos los miembros del grupo para el reclutamiento de pacientes multirefractarios a los tratamientos estándar, han podido confirmar estas sospechas.

"El trabajo demostró que este tipo de enfermos de muy difícil manejo presentan un descenso en la cantidad de ácido siálico de sus plaquetas que, en gran medida, se asocia a la especificidad de los autoanticuerpos. Además, mostramos que un porcentaje alto de estos pacientes puede responder a una terapia completamente novedosa: un fármaco contra la gripe en combinación con terapias tradicionales", comenta Lozano.

La presidenta del GEPTI comenta, no obstante, que a pesar de los grandes avances terapéuticos en la PTI, "todavía no se dispone de evidencia científica suficiente que consiga desplazar a los corticoides como tratamiento de primera línea, aunque se sepa que esta terapia fallará en más del 60 por ciento de los pacientes adultos.

"Aunque es indudable que, si disponemos de más alternativas podremos tratar mejor a nuestros pacientes, todavía no sabemos identificar, entre todos los tratamientos bien aprobados, fuera de indicación o incluso experimentales, cuáles debemos elegir para obtener mejores respuestas en pacientes concretos", puntualiza Lozano.

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