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29 oct. 2019 16:56H
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MADRID, 29 (EUROPA PRESS)

El coste socio-sanitario del ictus en España es cercano a los 2.000 millones de euros, a lo que hay que sumar los 6.500 millones de euros en costes directos no sanitarios, según ha apuntado la coordinadora del Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología (SEN), Maria Alonso de Leciñana, con motivo del Día Mundial de esta enfermedad, que se celebra este martes.

"El ictus consume una importante cantidad de recursos sanitarios. Sin embargo, son responsables solo del 30 por ciento de su coste total. El monto más importante del coste generado por el ictus (aproximadamente el 68%) depende de los costes directos no sanitarios, derivados de la necesidad de ayudas y cuidados, costes, que en su mayor parte son sufragados por el propio paciente y su familia. Estos costes se han estimado en unos 6.500 millones de euros", ha apuntado De Leciñana en una jornada celebrada en el Senado.

Cada año se producen en el mundo 13,7 millones de nuevos casos de ictus, lo que la convierte en la segunda causa de muerte en todo el mundo con más de 5,5 millones de defunciones al año. Además, 80 millones de personas en todo el mundo tienen algún tipo de secuela por haber padecido un ictus y es la principal causa de discapacidad en el adulto y la segunda causa de demencia.

Aunque se ha conseguido disminuir su incidencia en los últimos 20 años, el envejecimiento de la población dará lugar a un aumento del número de casos, en los próximos 15 años, cercano al 35 por ciento, según esta experta. En España, en 2017, se registraron cerca de 72.000 nuevos casos y, según datos de la SEN, habría aproximadamente 662.000 españoles afectados, de los cuales entre 350.000 y 400.000 tendrían algún tipo de secuela limitante de su actividad cotidiana.

De todos los casos que se producen al año, solo un 55 por ciento de los que padecen un ictus consiguen recuperarse o tener mínimas secuelas: un 15 por ciento fallece y un 30 por ciento padecerá una secuela discapacitante a causa de esta enfermedad. Además, cada año en España se producen aproximadamente 93.000 ingresos hospitalarios por ictus, lo que supone un 2,2 por ciento del total de hospitalizaciones.

"Para conseguir reducir el impacto de la enfermedad es necesario conocer la magnitud del problema con el fin de optimizar la asignación de recursos para la prevención, el tratamiento y la rehabilitación de los pacientes con ictus. Es fundamental el trabajo coordinado de todos los agentes implicados, desde el propio paciente que tiene que involucrarse en su cuidado responsable, hasta la Administración, que debe implicarse en políticas que favorezcan dichos hábitos de vida saludable así como favorecer el acceso a medicamentos eficaces y a todos los recursos sanitarios disponibles", ha comentado el presidente de la SEN, Exuperio Díez Tejedor.

Casi el 90 por ciento de los ictus se pueden prevenir con un adecuado control de los factores de riesgo modificables de esta enfermedad y el tratamiento de los mismos: eliminando el consumo de tabaco y alcohol; llevando una dieta adecuada rica en frutas, verduras y cereales y pobre en azúcares refinados, grasas y proteínas animales; realizando ejercicio físico y evitando la obesidad; así como realizando un tratamiento y seguimiento adecuado de enfermedades como hipertensión arterial, diabetes, hipercolesterolemia, fibrilación auricular u otras enfermedades vasculares.

Por otra parte, el paciente debe saber reconocer los síntomas y signos de alarma de ictus, que se pueden dar por separado o en combinación: pérdida brusca de fuerza o sensibilidad en un lado del cuerpo, afectando a cara, brazo y/o pierna; pérdida de la capacidad para hablar o para entender; pérdida de visión en un lado del campo visual; imposibilidad para mantener el equilibrio o dolor de cabeza muy intenso e inhabitual.

Ante cualquiera de estos signos, los expertos animan a solicitar atención urgente llamando al 112, porque los servicios de urgencias trasladarán al paciente al centro más adecuado para recibir el tratamiento que necesite. "El ictus es una enfermedad tiempo-dependiente, esto significa que el tiempo de actuación es fundamental para evitar o reducir la mortalidad y las secuelas que provoca la enfermedad", ha recalcado el presidente de la Asociación Freno al Ictus, Julio Agredano.

Existe un protocolo de actuación llamado 'código ictus' que coordina los servicios extrahospitalarios e intrahospitalarios para acelerar su atención urgente. "Parte de la problemática es que los ciudadanos desconocen cómo activar correctamente dicho protocolo a través de los servicios de emergencia llamando al 112. Actualmente la sociedad constituye el eslabón más débil de la cadena, por lo que el propósito desde Freno al Ictus es darle la vuelta a la situación con información para ganar tiempo al reloj", ha añadido Agredano.

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