Un equipo de investigadores ha diseñado Safari (Smart Adherence via FARaday cage And Resorbable Ingestible), un sistema diseñado para registrar de forma objetiva la ingestión de una cápsula o pastilla y, con ello, aportar una medida directa de la adherencia terapéutica. El trabajo recuerda que la falta de adherencia tiene un impacto sanitario y económico importante y cita, para Estados Unidos, más de 100.000 millones de dólares al año en costes asociados y alrededor de 125.000 muertes prevenibles anuales.
La propuesta se basa en una idea sencilla: incorporar a una cápsula un identificador por radiofrecuencia (RFID) pasivo (sin batería) y mantenerlo “apagado” hasta que llegue al estómago. Para lograrlo, el RFID se cubre con una capa que actúa como una jaula de Faraday. Mientras esa cobertura está intacta, bloquea la señal y evita lecturas. Cuando la cápsula entra en contacto con el fluido gástrico, el recubrimiento se hincha y se disuelve, deja el RFID expuesto y permite que un lector externo detecte el evento de ingestión.
En su configuración, el dispositivo utiliza un chip RFID comercial y una antena fabricada en zinc sobre un sustrato de acetato de celulosa, pensado para operar alrededor de 915 MHz. El blindaje se formula con hidroxietilcelulosa (HEC) y micropartículas metálicas. Los autores comparan distintas opciones y reportan que el recubrimiento con molibdeno ofrece mayor capacidad de apantallamiento a 915 MHz que el de wolframio (25 dB frente a 15 dB en sus mediciones), lo que ayuda a mantener el sistema en estado “Off” antes de la disolución.
La demostración principal se realiza en un modelo porcino, elegido por su similitud con el tamaño del tracto gastrointestinal humano. Tras administrar cápsulas de tamaño 000, el equipo observa por endoscopia cómo el recubrimiento se hidrata y se va deshaciendo. También emplea rayos X para localizar la cápsula, indicando que la antena es visible pero el chip no se distingue por su tamaño submilimétrico. Una vez disuelta la capa de blindaje, el lector registra el identificador del tag y su rango de operación en el estómago, con lecturas reportadas entre 900 y 925 MHz incluso cuando el dispositivo está inmerso o flotando. En los resultados in vivo, el tiempo de disolución del recubrimiento se sitúa entre 0,5 y 3 minutos.
Para patologías donde la adherencia es crítica
Como aproximación de seguridad, los autores cuantifican componentes metálicos y evalúan zinc y molibdeno en suero tras la administración en los animales. Señalan que no observaron aumentos significativos en esos niveles séricos, y detallan que cada dispositivo contenía aproximadamente 20–25 mg de zinc y 20–30 mg de molibdeno.
En la discusión, el estudio presenta Safari como una prueba de concepto para verificar la ingestión con RFID pasivo, con la intención de reducir la necesidad de baterías y evitar que el dispositivo sea excretado intacto, un aspecto que los autores vinculan tanto a cuestiones de seguridad como a residuos electrónicos. También subrayan que no lo plantean como una solución para uso masivo, sino para situaciones clínicas en las que la adherencia es especialmente crítica, como tuberculosis, VIH, hepatitis C, trasplante o patología cardiovascular. Entre los siguientes pasos, mencionan mejorar el alcance de detección (por ejemplo, mediante RFID asistido por batería) y estudiar formatos de lectura externa integrables en el entorno o en dispositivos tipo wearable.
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