El secretario general de Fenin, Pablo Crespo; y el secretario de Estado de Industria del Ministerio de Industria y Turismo, Jordi García Brustenga.
El proceso de atención a pacientes requiere de la
tecnología sanitaria. El desarrollo de nuevas herramientas y técnicas asistenciales se traduce en una mejora del bienestar físico y emocional de la ciudadanía. Sin embargo, los garantes de este avance piden auxilio. Y es que una de cada tres empresas del sector cerró con resultado de ejercicio negativo. Un porcentaje que se eleva entre las corporaciones de menor tamaño, principales representantes de este ámbito económico. Las deducciones fiscales, las líneas públicas de financiación o
el establecimiento de un marco regulatorio en pro de la industrualización supondrían un bálsamo para favorecer
la viabilidad de una red productiva de
alto impacto inversor y laboral.
"Hay que fomentar una mayor autonomía estratégica", ha destacado el secretario general de
Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria (Fenin), Pablo Crespo, durante la presentación del último estudio sobre el sector elaborado por su organización. En este sentido, el ponente ha señalado
la importancia de implementar estrategias que eleven la competitividad de las compañías con sede en España en un mercado "en el que les cuesta ser competitivas". Un ecosistema marcado por la estrictica regulación europea, el crecimiento de la inflación o el impacto de diferentes factores geopolíticos, como son las medidas arancelarias de la
Administración Trump, conflictos bélicos, crisis de suministro…
Así, Crespo ha demandado
la creación de un marco normativo que se adapte a las necesidades de los distintos actores corporativos del espectro de la tecnología sanitaria, favorezca el tejido industrial del país e impulse la colaboración público-privada. Asimismo, ha pedido cambiar la Ley de contratos públicos, bajo su puesto de vista, origen de un "grave problema de viabilidad".
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"Queremos consolidar un ecosistema más competitivo, resiliente y sostenible"
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Demandas que ha anotado el secretario de Estado de Industria del Ministerio de Industria y Turismo,
Jordi García Brustenga. El represente gubernamental, quien ha sido el encargado de inaugurar la jornada organizada por Fenin, ha recalcado el papel de la Ley de industria y autonomía estratégica, una normativa que se mantiene congelada tras diversos periodos de envío de enmiendas, a la espera de su salto a trámite parlamentario. “Hay que seguir con su desarrollo, ya que ayudará al sector”, ha incidido. Para ello, García Brustenga ha tendido la mano a los fabricantes de tecnología sanitaria para avanzar en la construcción del citado marco legal, en pro de la industrialización de España y el fomento de la innovación. Es más, el organismo ministerial trabaja en
una hoja de ruta específica para este segmento productivo. "Queremos consolidar un ecosistema más competitivo, resiliente y sostenible", ha indicado.
Radiografía del sector
A continuación, la adjunta a la Secretaría General de Fenin, Carmen Álvarez, ha presentado los principales datos del estudio que revela el estado del sector de la tecnología sanitaria en España. Un segmento económico compuesto por 933 empresas, de las cuales
362 fabrican en territorio nacional. Una red industrial que cerró el ejercicio de 2023 -último analizado- con
17.000 millones de euros de facturación -12.000 millones únicamente en el país-, lo que se traduce en el 1,13 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB).
A su vez, la integrante de la patronal ha recalcado que el sector genera
5.100 millones de euros de valor añadido. A nivel laboral, el casi millar de empresas en España emplea a 54.000 personas, 85.000 si se añaden los puestos de trabajo indirectos. “Somos uno de los sectores que contamos con un mayor porcentaje de empleo indefinido, hasta un 96 por ciento”, ha puntualizado Álvarez. Por otro lado, el ámbito tecnológico invierte 264 millones de euros en proyectos innovadores.
Un sería de cuantías que proceden en su mayoría de
tres comunidades autónomas: Madrid, Cataluña y Comunidad Valenciana, territorios que concentran la mayor parte de empresas. Por tamaño,
el 45 por ciento son empresas pequeñas y el 32 por ciento son microempresas, frente al 16 por ciento correspondiente a las compañías medianas y el 7 por ciento a grandes corporaciones. Unas cifras que muestran un sector centralizado y fundamentado en entidades de volumen reducido. Precisamente, estas últimas son las que más sufren los vaivenes del mercado. Y es que
el 50 por ciento de estos actores cerraron 2023 con resultado negativo. En términos generales, el 29 por ciento del sector acabó el ejercicio con pérdidas, proporción que se reduce por la mayor rentabilidad de los gigantes de la producción tecnológica.
Retos del sector
"Uno de los principales riesgos es la deslocalización de centros de producción", ha arrancado el técnico del departamento internacional de Fenin, Emilio García. Y es que, pese a que la mayoría de los fabricantes operan en España,
el número de productores con infraestructura manufacturera fuera del país ha crecido un 9 por ciento entre 2021 y 2025, especialmente con el establecimiento de centros en Lejano Oriente.
Una problemática agravada por el coste de las materias primas, la energía y el transporte marítimo; la falta de líneas de financiación estatal, especialmente hacia las 'pymes'; la regulación estricta procedente de Europa o la dependencia de actores externos, como los fabricantes de semiconductores, localizados en su mayoría en Asia. Una serie de inconvenientes que choca con
las ventajas que ofrece la producción en España, como "sus altos estándares de calidad", lo que se traduce en una "importante renombre a nivel internacional"; el elevado desarrollo del sistema universitario y hospitalario del país o el volumen de mano de obra cualificada.
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"Uno de los principales riesgos es la deslocalización de los centros de producción"
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Motivo por el que se considera fundamental automatizar la inversión pública en el sector, reducir la presión burocrática, d
iseñar un Plan Nacional de Industrialización del sector, potenciar el crecimiento de la pequeña y mediana empresa, establecer incentivos para la relocalización de la producción, facilitar la sostenibilidad de la producción y garantizar el acceso a ensayos clínicos, con la misión de innovar en la creación de productos innovadores. Una batería de medidas que ayudaría a recortar
la dependencia de España de actores externos en este campo. Y es que el país importa más que exporta valor tecnológico sanitario.
Internacionalización de la producción española
Estas iniciativas han sido valoradas positivamente por los representantes del tejido industrial español. Tanto la directora general de Becton Dickinson España y Portugal, Lourdes López, como el consejero delegado de Matachana, Manuel Matachana, y el director general de Radiología, Juan Antonio Sánchez, han remarcado la necesidad de
engrosar las exportaciones y fortalecer las empresas de menor tamaño.
"Nos tenemos que animar a vender más allá de Europa, lo que incluye Asia y Estados Unidos", ha afirmado Matachana. Una forma de elevar de acrecentar la red productiva y
reforzar el músculo manufacturero de España. "La mayoría de empresas son ‘pymes’ y eso es preocupante", ha lamentado el ponente.
Sin embargo, este paso requiere también del
control de los costes de fabricación y la carga burocrática, según López. Es más, Sánchez ha añadido que las ayudas estatales no solo tienen que centrarse en la aportación monetaria, sino también en el favorecimiento normativa. “Nos tienen que permitir trabajar", ha aseverado el director general de Radiología. Todos están de acuerdo con que no “hay desventajas por fabricar en territorio español", pero las complicaciones deben de reducirse. Solo así se conseguirá la viabilidad de un sector clave para la salud nacional.
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