Dos expertos en epidemiología y salud pública alertan de caída de coberturas, desigualdades y mayor riesgo de brotes

Temor a un 'efecto contagio' del rumbo antivacunas de Trump a otros países
Ángela Domínguez, coordinadora del Grupo de Trabajo de la SEE; y Amós García Rojas, epidemiólogo socio de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Sespas).


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Meses después de que la Administración de Trump modificara las recomendaciones de varias vacunas infantiles y dejara de aconsejarlas de forma universal para todos los menores, la medida sigue provocando las reacciones de la comunidad científica y de salud pública, que advierten de posibles consecuencias en la cobertura vacunal y en la aparición de brotes de enfermedades prevenibles en un contexto marcado por el repunte del sarampión registrado en Estados Unidos. Así, Ángela Domínguez, coordinadora del Grupo de Trabajo de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), ha asegurado en Redacción Médica que este movimiento "perjudica a la salud de la población" y opina que sustituir la recomendación general por decisiones individualizadas introduce barreras, genera dudas en las familias y reduce la cobertura vacunal.

Que las vacunas afectadas -hepatitis A, hepatitis B, rotavirus, meningococo, gripe y Covid-19- pasen de recomendarse de forma universal a quedar en manos de la decisión clínica compartida entre familias y profesionales sanitarios cuando "ya han demostrado ser "eficaces, efectivas y seguras" supone, a su juicio, un retroceso en salud pública y una ruptura con un principio básico de equidad: que todos los menores puedan beneficiarse de la protección vacunal independientemente de su situación socioeconómica o del sistema sanitario al que accedan.

De este modo, afirma que su administración universal es clave tanto para frenar la transmisión de enfermedades infecciosas como para prevenir complicaciones graves a largo plazo y que el paso a la decisión compartida puede traducirse en una disminución de las coberturas vacunales. Además, alerta del posible 'efecto contagio' en otros países: "Esperemos que no ocurra, pero este tipo de decisiones no ayudan a la confianza general en los programas de vacunación". 

Sin base científica: riesgo de brotes y enfermedades prevenibles


En este sentido, Dominguez es tajante al valorar la justificación de la medida: "En absoluto existe evidencia científica que respalde este cambio en estos seis casos". En su opinión, vacunas como la de la hepatitis B han demostrado no solo prevenir infecciones agudas, sino también evitar enfermedades crónicas graves como cirrosis o cáncer hepático.

Además, defiende que el mismo principio se aplica al resto de vacunas retiradas del esquema universal, incluidas las destinadas a la gripe o al meningococo, con evidencias de reducción de complicaciones graves, hospitalizaciones e incluso ingresos en Unidades de Cuidados Intensivos. 

Uno de los principales riesgos del cambio, advierte, es el aumento de enferemdades transmisibles. La reducción de coberturas puede facilitar la aparición de brotes, especialmente en patologías altamente contagiosas como el sarampión, con una tendencia al alza de casos en Estados Unidos, o la gripe. "El hecho de que la población esté menos vacunada implica que el beneficio colectivo también disminuye", señala. En este sentido, recuerda que los patógenos no respetan fronteras: la movilidad internacional hace que cualquier descenso en la protección pueda tener efectos globales. 

Una valoración que comparte Amós García Rojas, epidemiólogo socio de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Sespas): "Si quitas la recomendación, estás quitando el aval que tiene la administración sanitaria del país". Entonces, advierte de una consecuencia directa: "Lo que va a suponer es un incremento en el número de susceptibles y una disminución en el número de inmunizados". 

Para ambos expertos, el resultado es claro. Cuantas menos personas estén vacunadas, menor será la protección frente a enfermedades transmisibles y mayor el riesgo de que vuelvan a ganar terreno patologías que hoy permanecen controladas como el sarampión gracias a las altas coberturas. Por eso, que haya brotes en Estados Unidos de esta enfermedad y que se eliminen recomendaciones universales es, en su opinión, "contradictorio". "Es una enmienda natural al conocimiento, a la ciencia y a la evidencia", resume Rojas.

Dudas de la población e impacto en la cobertura 


Más allá del riesgo epidemiológico, los expertos alertan del efecto que este cambio puede tener sobre la percepción social de las vacunas. Domínguez subraya que la recomendación universal de vacunas no solo tiene "una base científica sólida", sino también un efecto directo sobre la aceptación social.

"Cuando se recomienda para toda la población, se percibe como una medida beneficiosa y respaldada por evidencia; cuando se individualiza, aparecen dudas", explica, matizando que la coexistencia de categorías distintas de recomendación puede generar confusión en la ciudadanía y alimentar la idea de que algunas vacunas son menos necesarias o seguras que otras. En definitiva, en palabras de Rojas, el mensaje que se traslada a la población es de "inconsiencia" y no de "ciencia". 

A mayores, según advierte Domínguez, el paso a la decisión compartida puede traducirse en una disminución de las coberturas vacunales. Además, señala un posible efecto desigual: en el modelo estadounidense, la necesidad de valorar caso a caso -y en algunos supuestos asumir el coste económico- puede generar diferencias de acceso. "Se pone una barrera adicional que dificulta proteger al mayor número posible de niños", afirma.

Confianza pública y equidad


Sobre el argumento de que otros países desarrollados tienen calendarios distintos, Domínguez considera que se trata de una comparación "no válida desde el punto de vista epidemiológico". Explica que "las variaciones entre países son de acuerdo a la epidemiología local, a cuándo es más fácil acceder a los servicios sanitarios y siempre basadas en criterios epidemiológicos", pero eso no justifica "retirar recomendaciones universales".

En su valoración global, Domínguez insiste en que el cambio supone un paso atrás en la protección de la salud colectiva. A su juicio, las políticas de vacunación deben seguir guiándose por la evidencia científica y por el objetivo de garantizar la máxima equidad posible. “Lo que debemos hacer es reforzar las estrategias basadas en la epidemiología y la evidencia, no reducir recomendaciones que han demostrado su beneficio poblacional", concluye.
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