Imagen de análisis de datos sanitarios.
La
digitalización y la transformación tecnológica atraviesan la estructura de las sociedades actuales. Así, en un momento en el que la información y los datos adquieren cada vez mayor relevancia, la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) insta a diseñar una estrategia capaz de coordinar la medición digital entre los principales actores del sistema estadístico internacional.
La
hoja de ruta para 2026 pasa por reconocer que los sistemas estadísticos nacionales deben adaptarse y ampliarse, también en el ámbito sanitario. En este sentido, resulta clave desarrollar nuevas estructuras estadísticas que permitan monitorizar de forma oportuna las actividades y los flujos de
datos en salud. Así, la salud mental se sitúa en el centro de la escena.
Los datos de salud mental, ejes de la sociedad del dato
En plena de la revolución digital y tecnológica, la información sobre la
salud mental es escasa. Y además, esta muy poco estructurada. La OCDE advierte de importantes carencias en la medición de su impacto: existe una evidente falta de datos armonizados que permitan analizar cómo el uso de tecnologías y los
comportamientos en línea afectan a niños y jóvenes. El organismo insiste, además, en la necesidad de identificar a los grupos más vulnerables.
Más allá de los riesgos, el organismo que la tecnología tiene efectos tanto positivos como negativos en el bienestar individual y en el e
nvejecimiento de la población. Por ello, aboga por ampliar los indicadores tradicionales e incorporar métricas que reflejen cómo las personas perciben su calidad de vida y su
satisfacción emocional.
Otro de los puntos críticos es la seguridad en el
entorno digital. La violencia en línea va en aumento y afecta especialmente a mujeres y menores, a través de prácticas como el ciberacoso o la difusión de contenido íntimo sin consentimiento, con graves consecuencias para la salud y la integridad de las víctimas. Asimismo, el informe pone el foco en los riesgos asociados a tecnologías emergentes como la inteligencia artificial generativa, cuya capacidad para crear contenido falso o engañoso amenaza la
confianza pública y la
salud informativa de la sociedad.
Cómo analizar el impacto de la tecnología en la salud
El análisis del impacto de la tecnología en la salud exige adaptar los sistemas de medición tradicionales a la
nueva realidad digital. Ahora, la OCDE ya advierte que los datos sanitarios, por sus características específicas, requieren enfoques propios que permitan captar su valor dentro de un ecosistema cada vez más interconectado.
El organismo propone reforzar las encuestas de hogares con variables más precisas sobre el uso de
tecnologías digitales, con el objetivo de entender mejor su relación con los
resultados en salud. Asimismo, plantea incorporar indicadores de bienestar subjetivo que midan cómo los ciudadanos perciben su calidad de vida, más allá de las métricas económicas tradicionales.
El informe también subraya la necesidad de avanzar hacia modelos más innovadores que combinen estadísticas oficiales con nuevas fuentes de información, como el
big data, para monitorizar en tiempo real los
efectos de la digitalización. Todo ello debe apoyarse en normas claras de privacidad y seguridad que refuercen la confianza de los ciudadanos, así como en infraestructuras capaces de gestionar grandes volúmenes de datos para mejorar la toma de
decisiones en salud.
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