Óscar Sans, jefe de la Unidad de Trastorno del Sueño del Sant Joan de Déu, analiza esta tendencia en alza

El riesgo de apps como Napper para dormir bebés: sin evidencia y forzando malos hábitos; lo explica Óscar Sans, Jefe de la Unidad de Trastorno del Sueño
Óscar Sans, jefe de la Unidad de Trastorno del Sueño del hospital Sant Joan de Déu de Barcelona.


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Las aplicaciones móviles que prometen mejorar el sueño de los bebés se han popularizado entre las familias, pero su respaldo científico sigue siendo limitado. El especialista en sueño Óscar Sans,  jefe de la Unidad de Trastorno del Sueño del hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, advierte de que, aunque pueden ayudar a estructurar rutinas, también pueden generar expectativas irreales, favorecer hábitos inadecuados y pasar por alto factores clave como la maduración neurológica o la variabilidad individual de cada lactante.

¿Qué evidencia científica existe actualmente sobre la eficacia de las aplicaciones móviles que prometen mejorar el sueño en bebés?

El tema está en que hay diferentes aplicaciones que sugieren hacer distintas cosas. Por lo tanto, no todas las aplicaciones de sueño son iguales. Hay un tipo de aplicaciones que lo que hacen es intentar mantener una especie de terapia de rutinas y hábitos de sueño, en la que se le facilita a los padres la hora de iniciar el sueño del bebé, si hay despertares, cómo actuar ante ellos, a qué hora se levanta el niño por la mañana, el tema de las siestas… Por lo tanto, todo lo que tenga que ver con mejorar las rutinas y hábitos de sueño del bebé y ayudar a la familia a mejorar esas rutinas, en principio no es negativo para mejorar el tipo de sueño.

Hay otras aplicaciones, por ejemplo, que introducen sonidos binaurales. Consisten en hacer que el niño se pueda dormir con sonidos que tienen diferentes frecuencias en un oído y otro. Ahí sí que hay menos evidencia científica con estudios bien hechos. No digo que no haya estudios, pero no hay evidencia científica a día de hoy, bien establecida con estudios comparativos, que nos diga que esas frecuencias a diferentes intensidades o en diferentes oídos ayudan a la relajación y al inicio del sueño en los bebés.

¿Hasta qué punto conceptos como las "ventanas de sueño" en lactantes están respaldados por la evidencia o responden más a tendencias divulgativas sin base sólida?

El tema de las ventanas de sueño es un concepto un poco amplio. En el fondo, lo que están describiendo es el ritmo circadiano. Hay que diferenciar que el ritmo circadiano en el bebé, dependiendo de la edad, va a ser diferente. Por lo tanto, las llamadas ventanas de sueño, es decir, los espacios de oportunidad para dormir, van a ser distintas en un lactante de tres meses que en uno de seis meses.

¿Por qué? Porque el sueño forma parte del cerebro, y el cerebro a esa edad está madurando. Por lo tanto, la maduración del cerebro, que va a provocar cambios en cómo duerme ese lactante, será diferente. Entonces, no puedo tener un esquema fijo de cuándo quiero que duerma el niño o la niña, independientemente de la edad que tenga.

Eso es lo que, mediante una aplicación que me permita ver cuál es la tendencia natural de mi niño o niña para dormir, me puede ayudar a hacerlo. Pero no buscar las ventanas, que es algo más artificial. Todo lo que tenga que ver con esas ventanas de sueño, con poner a todos los lactantes (de tres meses, seis meses u ocho) bajo los mismos patrones y en las mismas circunstancias, es más complicado.

A día de hoy, estas aplicaciones se pueden descargar en los teléfonos móviles y, de momento, nadie ha hecho ningún estudio al respecto de si funcionan o no. Pero sí son una orientación para los padres para ayudar a dormir.
Lo que pasa es que, si yo de manera aleatoria digo que un niño de tres meses se tiene que dormir a las ocho y resulta que su ritmo circadiano es un poco más nocturno y se duerme a las nueve, voy a pasar una hora intentando que se duerma, y la ventana de sueño no aparecerá hasta las nueve.

Si fuerzo que el niño se duerma, lo que voy a conseguir es asociar, sobre todo por parte de los padres, asociaciones de sueño inadecuadas. Voy a empezar a hacer cosas para que se duerma en una hora en la que fisiológicamente quizá no le corresponde: mecerlo, darle el biberón… En definitiva, hacer cosas que quizá no corresponden.

Por lo tanto, no solo hay que fijarse en el ritmo circadiano. Nosotros dormimos porque cada veinticuatro horas tenemos una tendencia natural a dormirnos, eso es el ritmo circadiano. Pero hay otra cosa importante, que es la presión de sueño: cuanto más cansado estoy, más fácil será dormirme. Si, por ejemplo, un niño de tres meses hace una siesta tardía, de seis a siete de la tarde, esa siesta provocará que ya no se pueda dormir a las ocho, que es cuando teóricamente se establece que tiene que haber una ventana de sueño, simplemente porque no está suficientemente cansado.

Por lo tanto, esas cosas que no se tienen en consideración es importante tenerlas en cuenta. Esto no va solo de cuándo teóricamente el niño tiene que dormir, sino que hay que considerar todas las variables: el ritmo circadiano, la presión de sueño y cuál es la tendencia natural de cada niño o niña para dormirse.

Entiendo que aquí juega un papel importante la maduración neurológica del bebé en función de la edad. Y comentaba también lo de los padres: ¿este tipo de herramientas al final interfieren en el establecimiento del vínculo entre padres e hijos, porque se están priorizando esas pautas frente a la demanda del bebé?

Claro, el hecho de poner de manera teórica, sin tener en cuenta ni a la familia ni al bebé, cuándo tengo que ponerlo a dormir y cómo hacerlo, puede afectar no solo al vínculo, sino también a la dificultad que puede tener el bebé para dormirse.

Los padres pueden acabar haciendo lo que sea necesario para dormirlo, lo que lleva a malos hábitos y rutinas: mecerlo, pasearlo… hacer lo que haga falta para que se duerma en esa ventana teórica que marca la aplicación.
El apego es un factor importante que tenemos que valorar en el inicio del sueño. Esa relación entre los padres y el lactante va a variar con la edad del niño. No es lo mismo un niño de dos años que un lactante de seis u ocho meses. Por lo tanto, esa relación en el momento de dormir tiene que ser diferente y muy personalizada, no basada en algo genérico.

Yo creo que la utilidad de este tipo de aplicaciones es que ayudan a que los padres tengan unas buenas rutinas y hábitos de sueño. Y esto no es despreciable, porque no solo tiene que ver con cómo pongo a dormir al bebé o a qué hora, sino con todo lo que hago en las 24 horas del día. El sueño también forma parte del día. Cuanto mejor pase el día, mejor será la noche, y viceversa. Por lo tanto, todas las rutinas (comidas, siestas, horarios) deben estar bien estructuradas.

Tener horarios adecuados y lo más repetitivos posibles, sin variabilidad, es lo que ayuda a los padres a ordenar el ritmo circadiano, que en los bebés es inmaduro. En ese sentido, estas aplicaciones pueden ser útiles. En otros aspectos, deberíamos ser más flexibles y atender a las necesidades de cada familia.

¿Puede el uso de estas apps generar expectativas poco realistas o incluso ansiedad en los padres respecto al sueño infantil?

Claro, el hecho de no tener una visión previa de cómo duerme el niño puede llevar a errores. Nosotros, generalmente, evaluamos el sueño con diarios o incluso con actigrafía, pero necesitamos saber de dónde partimos.
Primero dejamos un diario lo más libre posible para que las familias expliquen cómo duerme el lactante. A partir de ahí damos recomendaciones.

Si no hacemos esto, podemos caer en el error de indicar de manera aleatoria que todos los lactantes de tres meses deben dormirse a las ocho. Y puede que eso no sea correcto.

Esto puede generar expectativas: el niño no se duerme, parece que tiene un problema de sueño, los padres empiezan a hacer cosas para que se duerma… y aparece ansiedad o desesperación. Por lo tanto, es importante tener un punto de partida y, a partir de ahí, aplicar las medidas.

¿Ha observado un aumento de consultas relacionadas con el sueño infantil vinculadas a este tipo de aplicaciones?

De momento no vemos muchas, pero sí puede pasar en niños más mayores o adolescentes. Este fenómeno se llama ortosomnia. La ortosomnia ocurre cuando tenemos aplicaciones o relojes inteligentes que miden el sueño y nos dicen si tenemos más o menos sueño profundo. Puede generar consultas de personas que creen tener un problema de sueño basándose en esos datos, aunque no exista realmente. Estas herramientas no están validadas desde el punto de vista médico como lo está la actigrafía. Pueden ser útiles, pero también pueden generar expectativas erróneas.

¿Qué riesgos potenciales identifican los especialistas en sueño en la utilización de herramientas digitales que pautan horarios o rutinas en bebés y cómo los debe enfrentar el profesional sanitario?

Lo primero es que los padres recurren a estas herramientas porque hay un problema de sueño y, en ocasiones, no pueden consultar rápidamente con el pediatra. Por lo tanto, la recomendación es utilizarlas con cautela.
No se pueden aplicar normas generales sin saber cómo duerme el niño. Es necesario un registro previo, un diario de sueño, para entender la situación.

Las aplicaciones pueden ayudar a organizar rutinas (horarios de sueño, siestas, comidas), pero no deben seguirse al pie de la letra. Hay que tener en cuenta la individualidad del niño. También hay factores importantes como las comidas: cenar muy tarde puede dificultar el inicio del sueño. En ese sentido, las rutinas ayudan, pero siempre deben adaptarse.

Existen guías, como la guía Faros de Sueño del Hospital Sant Joan de Déu, dirigidas tanto a profesionales como a familias. Quizá no tienen tanta difusión como otras fuentes, pero están disponibles. No se trata de enfrentarse a las aplicaciones, sino de tener criterio: saber quién las ha desarrollado, cómo interpretarlas y cuándo pedir ayuda profesional si no funcionan.
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