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El estrés juega un papel acelerador en el desarrollo del cáncer de páncreas

No obstante, puede frenarse mediante el uso de fármacos betabloqueantes que se usan en patologías cardiacas

Los investigadores relacionan el aumento del estrés con las mutaciones de las células.
El estrés juega un papel acelerador en el desarrollo del cáncer de páncreas
Redacción
Lunes, 15 de enero de 2018, a las 18:20
Científicos de la Universidad de Columbia (Estados Unidos) han descubierto que el estrés, tanto emocional como psicológico, puede acelerar el desarrollo del cáncer de páncreas como consecuencia de una liberación hormonal que, no obstante, podría frenarse mediante el uso de fármacos betabloqueantes, que se utilizan habitualmente frente a diversas patologías cardiacas.

De hecho, según los resultados de un trabajo publicado en la revista 'Cancer Cell', los pacientes que están recibiendo esta medicación por otros motivos y desarrollan un cáncer de páncreas avanzado tenían vivían aproximadamente dos tercios más que aquellos que quienes no usaban estos fármacos.

Investigaciones previas han demostrado que el estrés emocional y psicológico juega un papel en el desarrollo del cáncer y se cree que esta relación depende del sistema nervioso simpático, que libera hormonas que le dan al organismo una oleada de energía para que pueda responder a los peligros detectados.

“Algunos biólogos descartaron esta idea porque el estrés es difícil de medir”, según han reconocido los autores del trabajo, que por ello se preguntaron cómo el estrés podría estar relacionado con un proceso biológico que involucra mutaciones en el ADN y el crecimiento de células tumorales dentro de un órgano concreto, como el páncreas.

Vínculos entre el estrés y el desarrollo precoz de la enfermedad

En su investigación, los autores buscaban vínculos entre el estrés y el desarrollo precoz del cáncer de páncreas, para lo que utilizaron ratones genéticamente predispuestos a desarrollar crecimientos anormales en el páncreas.
Los roedores fueron criados en condiciones de vida estresantes, confinados a un espacio pequeño, mientras que los utilizados como grupo control se criaron en una vivienda normal. Después de 14 semanas, se descubrió que el 38 por ciento de los ratones estresados tenían lesiones pancreáticas neoplásicas, un precursor del cáncer de páncreas, que sin embargo no se observaron en el otro grupo.

“Sabemos que es necesaria una mutación de ADN para comenzar el camino hacia el cáncer, pero nuestros hallazgos sugieren que el estrés está haciendo algo para que las cosas avancen”, ha reconocido Timothy C. Wang, uno de los autores del estudio.

Ese “algo” fue el tema de un experimento posterior, después de que los estudios en ratones revelaran que el estrés aumenta los niveles en sangre de catecolaminas, unas hormonas necesarias para preparar la respuesta del organismo a la lucha o la huida.

Un ciclo que se retroalimenta

Dentro del páncreas, las catecolaminas impulsan la producción de moléculas que estimulan el crecimiento nervioso alrededor de los tumores. Y esos nervios nuevos, a su vez, promueven el desarrollo de tumores y producen más catecolaminas, perpetuando el ciclo. “En otras palabras, el estrés establece lo que llamamos un ciclo de retroalimentación entre los nervios y las células tumorales que promueve el desarrollo del tumor”, según Wang.

Ante esta situación, los autores utilizaron otro modelo diferente de ratón con cáncer de páncreas y vieron que el tratamiento con quimioterapia y betabloqueantes, fármacos que inhiben la hormona del estrés, vivían mucho más tiempo que los ratones tratados solo con quimioterapia.

Los investigadores también analizaron la supervivencia de 631 pacientes que se sometieron a una cirugía para operar un cáncer de páncreas avanzado entre 2002 y 2013. Y los que tomaban estos fármacos después de la cirugía tuvieron una mediana de supervivencia de 40 meses, aproximadamente dos tercios más que los pacientes que tomaron betabloqueantes selectivos o no los tomaron.

“Sería prematuro recomendar el uso de betabloqueantes para estos pacientes, hasta que realicemos estudios clínicos prospectivos”, según Wang, que confía en que en un futuro formen parte del tratamiento estándar de este tumor tan agresivo.